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Antecedentes

Crisis en el CD Tenerife: el caso Maikel Mesa recuerda otros procesos judiciales del club

Una redada en plena pandemia, un positivo en alcoholemia en vísperas de un derbi, líos accionariales, juntas tumultuosas... El Tenerife creía haber aparcado su propensión al desvarío.

Imagen de la redada en que fue detectados Javi Alonso y Albert Jiménez.

Imagen de la redada en que fue detectados Javi Alonso y Albert Jiménez. / E. D.

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Manoj Daswani

Manoj Daswani

Santa Cruz de Tenerife

Se las prometían muy felices en el CD Tenerife después del año más apacible que se recuerda en el representativo. Ni líos accionariales, ni inestabilidad institucional, tampoco jaleos extradeportivos que alterasen la paz de un club y un vestuario en calma. Hasta que ha estallado el caso Maikel Mesa. La doble condena (ocho meses de prisión por un atentado y otros dos por lesiones) al futbolista lagunero, uno de los hombres más queridos por la afición, trae de nuevo al recuerdo lo acontecido años atrás cuando otros jugadores blanquiazules también tuvieron que pasar por situaciones semejantes.

El caso más turbulento fue el protagonizado por Alberto Jiménez (ahora en el Castellón) y Javi Alonso, que sigue en el club con ficha del filial, ambos denunciados tras una redada en un club de alterne en plena pandemia. Entonces, el club fue tajante y abogó por abrir un expediente interno para así depurar las responsabilidades correspondientes.

La Policía Local levantó acta «por no llevar mascarilla» en la noche del pasado viernes a ambos jugadores. Fueron las imágenes publicadas por la Policía en las redes sociales las que permitieron detectar la presencia de Alberto. Más que la infracción en sí, lo que más molestó a la opinión pública fue el lugar donde fue visto. En el vestuario, de puertas adentro, le afearon que pusiera en riesgo a todo el colectivo en un momento tan sensible, cuando las competiciones aún se disputaban bajo estrictas restriccioens por el covid.

También LaLiga tomó cartas en el asunto e indicó al Tenerife la conveniencia de que Alberto fuese apartado cautelarmente de la dinámica grupal. El futbolista isleño se había presentado con normalidad en el entrenamiento matinal del día siguiente, sin avisar al club de lo acontecido la noche antes, lo cual provocó estupor y decepción en el cuadro técnico, así como en la directiva de la entidad entonces presidida por Miguel Concepción.

Shashoua, quien dio positivo en alcoholemia.

Shashoua, quien dio positivo en alcoholemia. / E. D.

El futbolista confesó a sus compañeros que sí había estado en el club nocturno, en el cual intervino la Policía Local ante una denuncia vecinal. En su comunicado, el club evitó mencionar los nombres de los jugadores implicados. «Alberto y Javi Alonso están suspendidos. Han pedido disculpas, saben que se equivocaron. Mi opinión es que no hay que crucificarlos. Se ha abierto un expediente porque esto no se puede dejar pasar, han puesto en peligro al club», manifestó en nombre de la institución el director deportivo, Juan Carlos Cordero. Pocos meses después, fue Sam Shashoua –ya desvinculado del club isleño– el que fue condenado en los juzgados de la capital tinerfeña a ocho meses sin derecho a conducir vehículos a motor y a una multa de 10 euros diarios durante cuatro meses tras dar positivo en un control de alcoholemia con una tasa de 0,71 miligramos.

En los medios oficiales del club, Shashoua calificó el asunto como «un lío» y aseguró que la experiencia le haría madurar. Sin que haya ninguna causa que explique esta tendencia al infortunio, el Tenerife se ha convertido en los últimos decenios en un equipo deportivo muy propenso a los conflictos. Por muchos meses fue noticia más veces por el desarrollo de sus juntas de accionistas que por sus resultados sobre el terreno de juego. La entidad parecía haber recuperado la paz. Pero de repente, otro estruendo.

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