El CD Tenerife se despide de Primera Federación con una derrota en O Couto
El Ourense remonta el tanto de Enric Gallego en la primera parte tras un error y un autogol de Yaakobishvili (2-1), pero no consigue evitar el descenso a Segunda RFEF.

El Tenerife completó el calendario de liga con una derrota inocua en O Couto ante un Ourense obligado a ganar para tener opciones de esquivar la caída a Segunda Federación, un desenlace que no pudo impedir por su dependencia de otros resultados. El empate del Avilés en el campo de sus vecinos del Pontevedra certificó su descenso, dejando una sensación de victoria amarga en los orensanos.
El Tenerife, alejado de su verdadero nivel por la respuesta natural de un equipo que ya había cumplido con creces con su objetivo, ni más ni menos que el regreso a Segunda División como campeón, llegó a ponerse por delante con un gol de Enric Gallego, el decimonoveno de la temporada. Pero el peso de la necesidad y la colaboración no deseada de Antal Yaakobishvili, hicieron que el Ourense le diera la vuelta. El central cedido por el Girona propició el empate con un pase atrás demasiado corto y empeoró su tarde con un autogol.
Debut del juvenil Jony
En la cuenta atrás, la noticia estuvo en la alineación. En concreto, en la presencia de Jony Hernández, un extremo derecho grancanario de 18 años recién cumplidos que había jugado en este curso en los equipos juvenil, C e incluso B del Tenerife, y que se había estrenado esta semana en una convocatoria de los mayores para ir directo al once. Un reclamo inesperado para el espectador –desde la perspectiva tinerfeña– en un encuentro carente de alicientes clasificatorios después de que los blanquiazules se aseguraran el campeonato el 1 de mayo, tres jornadas atrás.
El partido comenzó con trabajo para el árbitro. Trabajo de pantalla. El motivo, un aparente penalti de Enric Gallego sobre Martín Ochoa. Cándido Gómez, entrenador local, le hizo caso a su jugador y solicitó la revisión. Aimar Velasco no vio la falta por ningún lado. Ochoa había caído delante del goleador, seguramente al notar un leve contacto. Pero exageró en la escenificación y el colegiado no picó. FVS tirado.
Este sobresalto había sido producto de un arranque más intenso del Ourense. No le quedaba otra. El Tenerife, a medio gas, trataba de elaborar y aprovechar los espacios que iba dejando atrás un rival dispuesto a llevar la iniciativa y asumir riesgos. De esta manera, Jony entró en escena con un buen centro al área para ir perdiendo el miedo, si es lo que tenía. Al rato, Juanjo le lanzó un cable a tierra a Jeremy para que el grancanario asistiera a Enric, que finalizó a trompicones ganando un córner.
Los anfitriones seguían interpretando el papel de equipo necesitado:empujaban, eran verticales... pero no remataban. Generaban algo de peligro con más amagos que pegada, con saques de esquina, con un despeje inquietante de José León que rozó el autogol...
Esa siguió siendo la dinámica. Y el Tenerife no la conseguía romper. Mezclaba acciones a la altura de su condición de campeón, como algunas recuperaciones en campo ajeno y la intención de ser vertical, con otras que daban señales de falta de activación: imprecisiones, fallos de entrega... Normal por la intrascendencia del encuentro.
La ofensiva se volcaba, por decir algo, hacia el carril izquierdo, el de Jeremy, que lo intentó en el 26’ con una maniobra individual, sin éxito, poco después de que Yuste enviara una volea a la grada –o al muro de uno de los fondos de O Couto– en una jugada que había nacido tras una pérdida de Juanjo.
El gol de Enric Gallego
En resumen, al Tenerife no le salía nada y al Ourense no le daba, por mucho interés que pusiera. Y en un pulso así, en el que parece que no ocurren cosas relevantes, se suele notar la diferencia de calidad, si un equipo es ganador aunque su rendimiento no sea el de sus mejores partidos. Y el Tenerife ha sido ganador; antes, cuando se lanzó hacia el ascenso, y también después, en plena descompresión. Por eso necesitó poco para marcar. Le bastó con tres toques. Juanjo invadió el campo contrario y abrió para Jeremy, Enric levantó la mano pidiendo el balón y el extremo le puso un preciso pase al segundo palo para que empujara a la red.
El 0-1animó a los tinerfeños, que se subieron a la ola más por inercia que por propia exigencia. Esa efervescencia dejó el efecto opuesto de la ocasión más clara del Ourense, un mano a mano en carrera de Ochoa con Gabri que el delantero resolvió con una vaselina que no cogió el camino pretendido.
La primera parte terminó con los locales un poco más cerca del descenso y el Tenerife a solo 45 minutos de dar carpetazo a su experiencia en Primera Federación.
La segunda parte
Y la segunda comenzó con la misma voluntad del Ourense de rebelarse ante su destino, sujeto a lo suyo y lo de otros campos. Con todo perdido, los de O Couto se fueron a por la remontada. Jerin avisó para marcar el rumbo. Se plantó solo delante de Gabri y definió mal. Acabó desesperado. Casi sin respiro, el majorero se tuvo que emplear a fondo para desviar un remate de David Rodríguez pegado al palo derecho. Y a la tercera cayó el empate. Ya con Maikel y Nacho en el césped por Enric Gallego y Gastón, Ochoa desenvolvió un regalo entregado, sin querer, por Yaakobishvili a modo de pase imprudente a Gabri. El atacante estuvo listo, cortó la trayectoria y anotó a placer para dar alas a un Ourense que, esta vez sí, empezó a creer en la victoria (57’).Su perseverancia tuvo recompensa.
David Rodríguez impidió el 2-1 en el minuto 59 al quitarle de las botas un golpeo limpio al omnipresente Martí Ochoa con todo de cara para anotar. Luego tuvo que volver a intervenir Gabri, esta vez tras un ensayo de Nacho Castillo. Con esta frecuencia no sorprendió que el Ourense volteara el 0-1. Lo que sí llamó la atención fue la manera: un autogol de Yaakobishvili tras un centro raso de Guerrero al área pequeña. El húngaro se encontró con el balón y desvió la trayectoria al peor lugar posible confirmando su desafortunada actuación en dos momentos cruciales.
De ahí en adelante, la extraña sensación de que al Ourense no le iba a valer la victoria y el frío tránsito de los blanquiazules hacia las vacaciones –tampoco se les podía pedir mucho más–, con la mirada puesta en la Hypermotion. Lágrimas por un lado y alivio por el deber cumplido por el otro. Un adiós compartido a Primera RFEF.
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