Enric Gallego, un obrero del gol al servicio del Tenerife
El delantero salió del partido cumbre, el 2-0 al Barakaldo, con 17 tantos, tres de una tacada en el triunfo en casa ante el Guadalajara y cinco de penalti. Es su mejor cifra desde que llegó al Tenerife en 2021. Siempre que marcó, el equipo sumó.

Enric Gallego, delantero del CD Tenerife, celebra su gol / Arturo Jiménez
«Vengo de una familia humilde. Mis padres estaban separados. Mi madre trabajaba 12 horas diarias, como mínimo, para poder traer un sueldo. Y pensé que tenía que ayudar. Hacía lo que surgía: fui albañil, ayudando a una persona de confianza que se dedicaba a hacer reformas; también instalé aparatos de aire acondicionado... Aparte de eso, con 16 o 18 años iba con mi hermano a una fábrica, cuando podía. Ahí también me ganaba un dinerillo. Iba tocando todos los palos para intentar llevar dinero a casa. Los estudios tampoco eran mi fuerte. Había que espabilarse». Así describe Enric Gallego (Barcelona, 12/9/1986) una etapa de su adolescencia, cuando trataba de abrirse camino como futbolista sin la obsesión de llegar lejos –«solo recuerdo que me gustaba jugar»– y, al mismo tiempo, cumplía con la obligación de echar una mano en casa, porque era necesario.
Así se explican su carácter y su implicación en el campo; que siendo delantero se sacrifique como el que más en el intento de recuperar un balón, que se comporte como un veterano con el entusiasmo y la energía de un principiante. Y que aporte tanto oficio en su especialidad. Porque si por algo se distinguió desde sus inicios, fue por sabérselas todas en la artesanía del gol, con más o menos acierto, con mejores o peores números, pero con herramientas y manejo en la ejecución.
Gallego pasó de ser un delantero conocido en el ámbito catalán a despegar hacia Primera División gracias a los 18 tantos que marcó en media Liga con el Cornellá en Segunda B. De ahí pasó al Extremadura en enero, en la misma categoría. Siguió viendo portería (11) y participó en el ascenso de los de Almendralejo a Segunda, en la que pudo debutar con 32 años. Y lo hizo haciendo lo que mejor sabía: 15 tantos en 19 encuentros. Con esos números, no sorprendió que en el mercado de invierno de 2019 recibiera la oferta de un club de la máxima categoría, el Huesca. En cuestión de un año había pasado del hábitat dominado de la Segunda B a Primera.
Lo que vino después se conoce mejor. Siguió en la élite con el Getafe y el Osasuna, y en la pretemporada de 2021 se convirtió en una de las principales apuestas de un Tenerife que, sin saberlo, estaba construyendo una plantilla que acabaría quedándose a un paso de ascender a Primera División.
En cinco campañas, Enric ha vivido como blanquiazul casi de todo, la decepción de la final del playoff perdida ante el Girona, el posterior intento fallido de repetir, la caída a Primera RFEF y el regreso a Segunda, un éxito en el que ha puesto de su parte confirmándose como un obrero del gol.
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