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CD Tenerife

Carnaval en mayo: ningún ascenso como este en la historia del CD Tenerife

‘Estamos de vuelta’, titula EL DÍA, el periódico que ha contado todos los ascensos. No es solo un hecho empírico, también es un aviso. El tinerfeñismo regresa más fuerte, más unido, más feliz.

Manoj Daswani

Manoj Daswani

Hay ascensos y ascensos. Está el de Almendralejo, tan lejano en el tiempo que hay que fiarse del relato de los libros de historia y los testimonios emocionados de los supervivientes. José Juan Gutiérrez, por ejemplo, que estuvo en el 61 y aún vibra cuando ve espuma y azul en la camiseta de su equipo del alma.

Está también el ascenso del Villamarín, en el 89, el primero en color, con televisión y celebración apoteósica, primero en el hotel de Sevilla (Meliá Los Lebreros) y a la vez estallido de júbilo en la plaza de La Paz, junto al cine Víctor, que ya forma parte de nuestra historia por la frase que dejó Martín Marrero. «Quien quiera espectáculo…», ya se sabe.

Instalados en el nuevo siglo está muy vivo en la memoria colectiva el ascenso de Butarque, del que recordamos la narración en la radio del gol de Huguito Morales, parabólico, inmediatamente posterior a la imagen del brazo de Rafa Benítez sobre el hombro del argentino, señal de premonición: «Vas a ser tú». Y fue él.

Carnaval en mayo: 
ningún ascenso como este

Carnaval en mayo: ningún ascenso como este

El ascenso de Montilivi es más asequible a la memoria de quienes lo vivieron y disfrutaron. Recordamos la secuencia del camerunés Daniel Kome y la celebración en el Cabildo, al presidente Melchior en la charca, empapado; y a la afición empapada también, pero de locura. Sobre el césped no estaba Ricardo León, ausente como Aitor Sanz, al que el destino privó de un sitio en la alineación del gran día. Hay señales que se repiten, símbolos que faltan, imágenes que nos conectan con el pasado pero ningún ascenso como este, registrado en un partido en Balaídos (0-1, marcador que quedará para la posteridad) y con ecos que impactaron en el Heliodoro. Volcán en erupción, escenario de un carnaval en mayo.

El ascenso es a Segunda, pero se celebra igual. O más. Pregunten en Málaga, Santander, Castellón o Gran Canaria. Allí también se embriagaron de orgullo, se bañaron en sus fuentes, llenaron sus plazas. Para Cervera, que estaba pletórico al cumplir su misión (fíjense en el lenguaje no verbal, que dice mucho más que sus palabras). Es su segunda vez. Mucho mérito. La alegría y el alivio del jefe blanquiazul es señal de la importancia capital de esta conquista. «Estamos de vuelta» no es solo el titular con gran riqueza tipográfica en las páginas de EL DÍA, el periódico que ha contado todos los ascensos. Es también un aviso. Tenerife y el tinerfeñismo regresan a lo grande. Lo hacen más felices, más unidos, más fuertes. Ha sido un año de castigo por errores propios y ajenos, pero a la vez ha sido también un purgatorio sanador, del que el representativo vuelve sin máculas con una voracidad sin precedentes. Ascender sin jugar, celebrar sin que el balón bajase al pasto.

Pasarán los años y se recordará este ascenso de forma entrañable por la efusividad en la celebración «¡Bota Heliodoro, bota eh!», la fusión con la grada y por la manera en que se produjo. Ningún ascenso como este, por fascículos. Primero, pendientes del partido del Celta Fortuna, rival honroso hasta el final, pero que se fue perdiendo por el camino. A falta de cuatro jornadas para el epílogo dijo basta ayer en su feudo de Vigo porque las matemáticas ya no le cuadran.

Acabado el partido de Balaídos y confirmado el resultado, el alivio total del camino completado fue un aldabonazo para que salieran envueltos en una atmósfera de total felicidad los jugadores del Tenerife. Se propusieron que fuese con fiesta en casa más de 40 años después y al final lo lograron. Ascenso madrugador, merecido, ganado a golpe de autoridad. Ningún equipo en la competición como el Tenerife, ningún ascenso como este en su historia centenaria.

Carnaval en mayo: 
ningún ascenso como este

Carnaval en mayo: ningún ascenso como este

El ascenso ha sido de todos. También de la gente. De la feligresía. Está bien llamar hoy feligreses a los aficionados porque lo que han tenido ha sido fe. Llenaron el Heliodoro como lo han hecho en casi todos los campos que ha visitado este equipo. Lo hicieron en Guadalajara (jornada uno), Valdebebas, Cáceres, Getxo, Lezama, Avilés o Mérida. Casi 20.000 corazones en las gradas que empezaron a latir a toda velocidad cuando sonó el himno. Momento icónico, majestuoso.

Más latidos. A toda velocidad, como cuando marcó Enric Gallego. Rugido atronador. El gol se marcó en el Heliodoro pero sonó en todo Santa Cruz. El gol intrascendente más celebrado en la historia del club, con toda una isla congregada en torno a un mismo equipo y con una misma voluntad. Resolver el ascenso el primero de mayo –festivo por partida doble– para no diferir la alegría, para no demorar la celebración, para llevar al verde una fiesta gigante.

En la historia de este viernes inolvidable, mágico y feliz, un instante único. Silba el árbitro el final y suena a música celestial. Fue como si se parase el tiempo. Fue un segundo el que tardó el colegiado en pitar. Pero en realidad se nos aparecieron los funestos recuerdos del traumático descenso, el momento de la caída, las lágrimas de aquel pasado que ayer recibió blanquiazul sepultura.

Fue como si quisiera la afición introducir ese momento de orgullo y felicidad como en esos tarros de cristal que venden en las tiendas de souvenirs: «Aquí hay aire del Teide, oxígeno de Cuzco, polvos de los Indianos de La Palma. Lo de este viernes festivo y de locura era felicidad de un ascenso sin igual», o así habría de rotularse el tarrito. Con denominación de origen insular y acento canario. El de Rayco García, que ofrece desde los despachos su rúbrica a esta obra de autor. Y con la necesaria –diríase mejor imprescindible– colaboración de Felipe Miñambres, Manu Guill y Álvaro Cervera. Todos ellos han sido partícipes de una temporada exitosa que vale para poner las cosas en su sitio, para devolver a Tenerife y al Tenerife al mapamundi del balompié español y para reingresar la autoestima perdida a una isla que ha vuelto a vibrar con su equipo de fútbol. Nos han devuelto el orgullo futbolístico y lo hemos aceptado con la misma felicidad que si te devuelve Hacienda. Como un bizum, pero de alegría.

‘Estamos de vuelta’, titula EL DÍA. Guarden esta portada porque no es solo la constatación de un hecho empírico: que matemáticamente ya el ascenso está en la mochila. Es también una advertencia de lo que viene. Porque de nuevo y otra vez en LaLiga, este equipo y este club son capaces de todo. Incluso de abrochar, como ayer, un ascenso a sorbos. No pudo ser en Ponferrada pero sabe mejor en casa. Honores al Tenerife. El fútbol brinda por él y por esta fiesta con tres capítulos. De Balaídos al Heliodoro y del Heliodoro al Cabildo con felicitación por anticipado a quien escribió el maravilloso guion de esta fiesta. Se quedó chica la plaza de España porque la alegría fue gigante. Carnaval en mayo, ningún ascenso como este.

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