Ambición sin límite en el Rodríguez López tras el ascenso del CD Tenerife: “Lo próximo es subir a Primera”
El ascenso a Segunda no sacia a un vestuario que quiere seguir haciendo historia

Los jugadores del CD Tenerife celebran el ascenso sobre el césped del Rodríguez López. / Arturo Jiménez

El Heliodoro fue una fiesta antes, durante y después. El ascenso del CD Tenerife se celebró como se celebran las grandes gestas: con emoción a flor de piel, con abrazos que se alargan y con lágrimas que lo dicen todo. “Va por todos. Esto es increíble. Esta es mi casa y nos lo merecíamos”, soltó Maikel todavía con el subidón del gol. “El año pasado fue duro. Nos lo merecemos. Ha sido un año difícil, duro, pero al final lo hemos conseguido que era lo que queríamos”, añadía Enric Gallego. Y entre una cosa y otra, los primeros “campeones, campeones” bajando desde la grada. Esta vez, sin invasión. La gente hizo caso a las recomendaciones… pero celebró igual. O más.
Sobre el césped, imágenes que hablaban por sí solas. Fabricio, de rodillas, atravesando medio campo hasta la línea de fondo -”Dios ha cumplido una promesa conmigo y yo tenía que cumplir mi promesa con él”, expuso el centrocampista-. Pura fe, sacrificio… y también un “sentimiento de orgullo y de trabajo bien hecho”, como explicaría después. Luego un Roberto Perera que no podía borrar la sonrisa: “Ha sido más difícil de lo que ha parecido, pero toda esta gente se merece esta alegría. Ya era hora de que nos lleváramos una alegría. Ha sido espectacular”. Y con ambición de cara a lo que viene, claro: “Ojalá conseguir el ascenso a Primera y que yo lo consiga”.
También Juanjo Sánchez se quedó sin palabras… aunque lo intentó: “Llevo muchos años esperando esto y estoy muy contento. El Heliodoro es una maravilla y lo que hemos disfrutado hoy no se puede describir con palabras”. Dani Martín, que ha pasado por mil batallas, se desahogaba: “Llevo temporadas muy complicadas y ya me tocaba disfrutar del fútbol. Son cosas que se viven muy pocas veces. Esto es increíble. Se va a disfrutar mucho”. Y José León, entre la euforia y el pequeño pero de no ascender en el terreno de juego: “Una alegría inmensa. Una pena no poder haberlo hecho con nuestra afición aquí en el campo. Nos hemos quitado un peso de encima con antelación y a disfrutarlo. A disfrutarlo mucho”.
David, al teléfono con su padre
“Lo vamos a celebrar por todo lo alto. La gente se lo merece más que nadie. Estábamos viendo el partido del Celta y montamos una pequeña fiesta antes del partido”, confesaba César Álvarez. Otro canterano, Fran Sabina, trataba de poner en palabras lo que cuesta explicar: “Una ilusión tremenda y un orgullo increíble. Ascender con el club de tu isla, con el que siempre has querido jugar, es más que un sueño. Es indescriptible este día”. Y David Rodríguez, móvil en mano, en una postal para el recuerdo blanquiazul: “No hay palabras para describir lo que siento ahora mismo. Es una alegría inmensa. Estábamos viviendo el partido del Celta como si fuera nuestro, y nos dio ese plus de relajación y de tranquilidad”. Al otro lado, su padre. Los dos emocionados en una escena que retrotrae a la de Rommel y su madre en el ascenso de Sevilla.
Luego llegaron los manteos. Primero Aitor Sanz. Después Cervera. El capitán se soltaba en uno de los días más significativos de su carrera: “Ha sido un día bonito y una temporada maravillosa. Es un día muy especial y le podemos devolver un trocito de cariño a esta gente”. Y sobre su futuro, no hay anuncio todavía: “Vamos a celebrar y después ya veremos”.
"Lo próximo es subir a Primera”, dice Dani
Nacho Gil, en volandas, también habló: “Todos hemos estado increíbles y esto es el colofón a todo ello. Hemos ascendido hoy pero desde el principio se vio que se hicieron las cosas muy bien. Yo quería venir aquí como loco y acertamos. Quiero disfrutarlo como un enano”. Landázuri, más al grano: “Muy feliz. Esto es Tenerife. Esto no se vive todos los días”. Y Dani Fernández, ya con la mirada un poco más allá: “Es un sueño hecho realidad. Jamás voy a olvidar el gol de Ponferrada. Lo próximo es subir a Primera”.
Y así terminó todo, o mejor dicho, empezó otra cosa. Jugadores y grada se fundieron en una sola voz; una unión que escenificó Aitor Sanz ondeando la bandera del Frente Blanquiazul en una imagen que ya forma parte de la historia de una tarde inolvidable en la memoria blanquiazul.
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