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De Londres a Valencia pasando por Madrid: los aficionados del CD Tenerife que vuelven a casa para vivir el posible ascenso

La diáspora tinerfeñista –abanderada por Patricia, Jaime, Nacho e Iván– regresa a casa en el día señalado, con el ascenso en la mano y las ganas de «celebrarlo en el Cabildo»

Miembros de la Peña Ibérica posan en Zamora durante uno de sus desplazamientos para acompañar al Tenerife.

Miembros de la Peña Ibérica posan en Zamora durante uno de sus desplazamientos para acompañar al Tenerife. / El Día

Bruno Sánchez

Bruno Sánchez

Santa Cruz de Tenerife

Un vuelo que despega desde Madrid, otro que aterriza desde Londres, un tercero desde Valencia… y todos confluyen en el Heliodoro, escenario este viernes de un partido de tintes históricos para un Tenerife que tiene la posibilidad de amarrar el ascenso directo a Segunda División (contra el Barakaldo, 18:00, TVC). Se espera un lleno hasta la bandera en el coliseo de la calle San Sebastián para una tarde de las grandes, en la que se dará cita una pequeña –pero ruidosa– diáspora blanquiazul que vuelve a casa para empujar al equipo de sus amores.

«Es un partido para quitarnos la espinita», resume Nacho. «Desde Valencia hasta la muerte con ellos», aduce Iván a modo de epitafio. «Es una historia de vida», define Patricia. Y Jaime, desde Londres, condensa el sentido de la final de este viernes como «la primera piedra» de algo mucho más grande. Son las cuatro voces del tinerfeñismo que atienden a la llamada de El Día a pocas horas de subirse a un avión rumbo a la Isla; birrias de bandera –la mayoría, miembros de la Peña Ibérica– que explican lo que significa ser del Tenerife.

Un ascenso por el teletexto

Nacho habla desde Madrid, pero su historia arranca mucho antes, en Barlovento. Su vínculo con el Tenerife se remonta a 2009, con aquel ascenso a Primera que marcó a toda una generación blanquiazul. Evoca cómo seguía al equipo de Oltra «por el teletexto», porque «no sabía dónde ver los partidos». «A partir de ahí se crea un vínculo con el club», dice, un lazo que «toca techo» cuando se muda a Tenerife para estudiar y pisa por primera vez el Heliodoro, en un Tenerife-Mallorca que termina 2-2 después del tanto del empate de Tyronne en el 92.

«A partir de ese día recuerdo enamorarme del club; me aboné y, durante los años que estuve en Tenerife, fui a todos los partidos», cuenta. Desde entonces, solo o acompañado, lo de Nacho iba de no fallar. Ahora, lejos de la Isla, el palmero encuentra en la Peña Ibérica la manera de seguir empujando al equipo de su vida por la Península. Habla de la peña como «una familia», y se declara «superagradecido» por la acogida.

«Todos juntos al Cabildo»

Y tiene ganas de lo de este viernes, claro. Muchas. Quiere sacarse esa espina que arrastra desde el ascenso fallido contra el Girona, aquella «primera vez» en la que pudo celebrar algo así y no se dio. Busca ahora festejar una promoción que «el club se merece» y, si todo sale bien, «ir a celebrar todos juntos al Cabildo».

Y si la historia de Nacho nace en lo vivido, la de Iván lo hace desde lo heredado. Sus padres viajaron a la Isla en su luna de miel y volvieron con una camiseta del Tenerife para su hermano mayor. «Cuando nací la heredé y solo quería ponérmela», cuenta. De ahí a «solo querer ver partidos del Tenerife».

Un valenciano blanquiazul

Desde Valencia –Burjassot, Benimàmet– Iván levanta una relación con el representativo que rompe un poco la lógica. Es la única de las cuatro historias en la que no hay raíces familiares directas con la Isla; lo que hay, y de sobra, es una conexión que se fortalece con los años. «Desde que empecé a verlos he ido con ellos hasta la muerte», afirma.

Su viaje no es precisamente sencillo. Subraya que este es «el único fin de semana» que tiene libre por su trabajo como coordinador de una escuela de fútbol. Pero ha venido. Porque hay momentos que hay que vivir para contarlos y ocasiones que no se pueden dejar escapar. «Poder vivir un ascenso en persona», explica, «es mucho».

La última vez que pisó la Isla fue para ver en directo la fiesta del 4-1 contra Las Palmas. Aquello era un partido; lo de este viernes cincela una historia en construcción. Su deseo es que el conjunto de Álvaro Cervera «lo dé todo como lo van a dar todos los espectadores».

«Una historia de vida»

Patricia personifica otra dimensión dentro del fenómeno. Es la encargada de ponerle orden al sentimiento. Periodista, tinerfeña y presidenta de la Peña Ibérica, su historia mezcla lo personal con lo colectivo. «Es una historia de vida», dice sobre su relación con el representativo. Desde pequeña, el Tenerife forma parte de su día a día.

Vive en Madrid, pero mantiene su abono temporada tras temporada y, cada vez que puede, intenta «estar en la Isla». La Peña Ibérica, que ella preside, se ha convertido en el punto de encuentro de muchos como ella: gente que vive en la Península, pero que siente el Tenerife como propio. «Muchos de nosotros hemos hecho una excepción para estar en la Isla», señala. En lo deportivo, define el ejercicio del cuadro blanquiazul como una «campaña excepcional» y, de cara al choque ante el Barakaldo, espera que el equipo «gane, pero sobre todo compita».

La Peña Ibérica, también presente en Talavera.

La Peña Ibérica, también presente en Talavera. / El Día

«El Tenerife se merece subir de sobra y se merece hacerlo líder. No pudo ser en Ponferrada, puede darse ahora contra el Barakaldo y si no, pues será Salamanca, pero lo que está claro es que el equipo va a subir y con un cien por cien de méritos propios», verbaliza.

Desde Londres al Rodríguez López

La de Jaime, por su parte, es una historia que cruza fronteras. Vive en Londres y se plantará en Tenerife solo para ver el partido; mañana mismo hace las maletas de vuelta. Su vínculo con el club le viene de casa. Su madre ya iba al estadio en los años 70 y 80, y su padre es abonado desde aquel ascenso contra el Betis. Él, nacido en 1992, ha crecido con ese «gen blanquiazul» que, como dice, ha ido «creciendo poquito a poquito».

No esconde que llega con la cuenta pendiente de no haber estado en el playoff contra el Girona. «Me quedé un poquito con la espina», reconoce, y este viaje es, en parte, su manera de saldar esa deuda emocional.

Ve el ascenso como la ocasión de pasar página de una vez por todas a un pasado reciente que define como «muy convulso» y de salir «del barro del fútbol». Lo entiende, además, como «la primera piedra» de algo más grande: «Certificar este ascenso tiene que dar el impulso para llegar a la Primera División, que es lo que todos queremos».

Nacho, Iván, Patricia y Jaime. Cuatro birrias –entre tantos otros que llegan desde fuera– y cuatro deseos distintos que se reducen a uno solo: ascender a Segunda División.

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