Ascenso, triunfo y fiesta: el CD Tenerife vuelve a Segunda División
La derrota del Celta Fortuna ante el Osasuna Promesas certifica el salto de categoría de los blanquiazules antes del comienzo de su partido ante el Barakaldo. El Heliodoro celebra el éxito y el 2-0 al Barakaldo (Gallego y Maikel)

Arturo Jiménez

El gol del ascenso del CD Tenerife lo marcó Martín Pedroarena, un futbolista navarro que juega en el Osasuna Promesas. ¿Quién lo iba a decir? Ya se habían cumplido las cinco de la tarde y en el Heliodoro, con más de la mitad de las butacas desocupadas en ese momento, se extendió la noticia de que el Celta Fortuna iba perdiendo en Balaídos. Ese resultado aseguraba la conquista del objetivo de los blanquiazules con cuatro partidos por delante, incluyendo el del Barakaldo. La confirmación del 0-1 en Balaídos, con Álvaro Cervera y sus jugadores todavía en el vestuario, llevó a la meta a los tinerfeños sin la necesidad de sumar más puntos –al final añadió tres con un 2-o al rival vizcaíno–. Era una de las combinaciones que se podían dar. Nunca había pasado algo igual: ascenso, victoria y fiesta. En ese orden.
Los equipos que bajen a Primera RFEF querrán ser como el Tenerife. Y se darán cuenta de que no es tan fácil subir en el primer intento como campeón y siendo un recién descendido -solo lo había conseguido el Amorebieta en 2023-. Y mucho menos con tanta antelación. El 10 de mayo de 2025 se consumó la caída del representativo al tercer nivel. De repente, dudas, muchas dudas, y el temor de que el viaje durara demasiado, que costara más de lo deseado volver. Pero no. En menos de un año, este viernes 1 de mayo de 2026, el Tenerife se ganó el derecho de recuperar su plaza en su hábitat natural, la Segunda División. Quizás se podría aplicar aquello de que no hay mal que por bien no venga. Porque este club es otro -ya nos entendemos-, porque un ascenso reactiva y también es una oportunidad, porque había una generación carente de alegrías deportivas que ahora se unirá a la familia para siempre... Por muchos motivos.
La despedida de Primera RFEF no será nada traumática –y el camino tampoco estuvo tan mal, visto lo visto–, con tres compromisos más para cerrar esta etapa, en el campo del Unionistas, en casa frente al Pontevedra y, por último, en Orense. Un dulce carpetazo con el reto más que cumplido.
El Tenerife, a lo suyo
Ayer había que jugar, por mucho que la Segunda División fuera una realidad. El Barakaldo, enchufado a la competición por la posibilidad de coger sitio en la zona de promoción, debió alegrarse también del ascenso previo de su rival, suponiendo que el Tenerife iba a salir al campo pensando más en la celebración que en el resultado. Lo cierto es que esa descompresión tampoco le sentó mal a un equipo que quiso llevar la iniciativa y estar a la altura de un campeón de Liga.
Con Dani y Noel en las bandas y Chapela por detrás de Gallego, las primeras ocasiones fueron locales, un remate de Noel, un toque de cabeza de León y una volea de Fabricio. Un arranque entretenido. Una tarde para disfrutar por parte de los blanquiazules y para aprovechar por la de los aurinegros.
Fue Dani el animador en una etapa del encuentro de mayor dispersión. El canterano puso en el área una inquietante falta lateral y más tarde dispuso de un mano a mano con Gaizka del que salió ganador el portero. Un par de chispazos de un Tenerife que fue aterrizando poco a poco en el césped después de empezar la tarde en las nubes por el subidón del ascenso. Normal. Y el Barakaldo avisaba cada vez que podía. Pedregal tuvo la ocasión más clara a la media hora, pero definió mal delante de Dani Martín. Y los locales respondieron con un chut raso de un participativo Fabricio. El balón fue a parar a la publicidad rozando el palo. Y poco más en un primer tiempo raro pero satisfactorio a la vez. Raro porque la euforia había explotado sin que el balón empezara a rodar y los estímulos procedentes del campo no estaban siendo tan potentes, y satisfactorio porque lo que contaba era subir a Segunda de la manera que fuera, antes, durante o después. Dadas las circunstancias, el Tenerife ya estaba haciendo suficiente con estar centrado en lo que debía dentro de su burbuja de un partido más, aunque no lo fuera.
Seguramente por eso, porque era un día especial, el primer cambio que realizó Cervera sonó a premio para uno de sus jugadores. En el descanso quitó al guardameta Dani Martín y puso a Gabri, que solo había participado en las dos eliminatorias de Copa y en la visita liguera al Bilbao Athletic. Luego se supo que el gijonés había notado unas molestias musculares.
La segunda parte
Con el majorero sin probar todavía sus guantes, el Tenerife se puso en ventaja. Juanjo Sánchez recuperó, abrió para Noel y Gallego recibió en el área, donde mejor se maneja, para batir a Gaizka con el Barakaldo demasiado abierto. Fiesta sobre fiesta. Ya que el ascenso estaba amarrado, ¿qué mejor que recibirlo con una victoria?
Fue lo último que hizo el goleador de la temporada (17) antes de ser sustituido. Álvaro ordenó dos relevos con más carga emotiva que futbolística. Yaakobishvili y De Miguel por Landázuri y Gallego. Y el estadio empezó a temblar. Literal.
Lanzado, el Tenerife fue a por más. César tuvo el 2-0 en el minuto 60. Recorte del lateral a la altura del punto de penalti y golpeo a las manos de Gaizka. A esas alturas, el partido ya había dado su permiso para que los equipos se montaran en una especie de ida y vuelta. Por el Barakaldo contestó Sabin Merino, pero se encontró con los reflejos de Gabri. Acto seguido, Noel probó suerte con un remate cruzado, demasiado alto. Y el público se tomó la licencia de pedir que entrara Maikel. Cervera no tardó en complacer la solicitud. El lagunero tuvo su rato, igual que Balde.
Las novedades mantuvieron la tensión del Tenerife sobre el césped en una fase final en la que el Barakaldo echó el resto con el propósito de puntuar, y tanteó el empate con una ocasión de Sabin Merino que dejó en nada Gabri (72'), con el Tenerife desconsolado por invadir el campo contrario, cada vez menos protegido por aquello de que había que arriesgar. Y así llegó el 2-0, con un contragolpe finalizado por Maikel, magistral en la ejecución. Pocos como él (82´). Casi a petición de la grada. Un final redondo para un ascenso ejemplar.
Inalcanzable para el resto –una competencia más baja de lo previsto– con sus 73 puntos después de 21 triunfos y 10 empates. Y con margen para mejorar los registros en las tres últimas jornadas.
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