Cuando 'fuimos' los mejores: los ascensos del CD Tenerife siendo campeón
Conquistar un ascenso de categoría siendo campeón de Liga no es algo que haya vivido el tinerfeñismo tantas veces. El equipo lo tiene ahora todo a favor para festejar ese doble éxito.

Una alineación del CD Tenerife de la temporada 86/87. / CD Tenerife

Una cosa es ascender de categoría, que es lo que cuenta, y otra es hacerlo como campeón. El Tenerife lo tiene todo a favor para combinar esas dos conquistas. Le bastará con derrotar al Barakaldo este viernes para no dejarlo para más adelante. O con igualar el resultado del partido que disputará un rato antes el Celta Fortuna, incluyendo la derrota.
En definitiva, los blanquiazules están a un paso de levantar un título de Liga, del Grupo 1 de Primera RFEF en este caso; y como una cosa lleva a la otra, de subir por la vía directa, sin pasar por un playoff.
No son tantas las veces en las que el Tenerife ha sido el mejor a lo largo de una temporada. Para poder dar su primer salto al circuito nacional, en 1953, tuvo que liderar antes una liguilla insular. La posterior eliminatoria con el Orihuela fue el paso definitivo para el club.
El número uno de Segunda
Pero aquello no tuvo comparación con lo que consiguió en la campaña 1960/61, sumar más puntos que el resto de participantes en el Grupo 2 de Segunda División –en aquellos tiempos existía esa división–. El Tenerife, entrenado por el paraguayo Heriberto Herrera, comandó la tabla después de 30 jornadas con 40 puntos, dos más que el Atlético Ceuta, y pudo estrenarse en el nivel principal del fútbol nacional. Un 0-0 en Almendralejo le garantizó el campeonato en una Segunda en la que solo subían directamente los primeros.
El Tenerife no volvió a completar un curso así de perfecto hasta la campaña 1970/71, pero no para poder moverse entre la élite sino para salir de Tercera División –como una Primera RFEFde ahora, pero con más grupos–. El equipo había bajado en 1968 como consecuencia de una profunda reestructuración de la Segunda División –cayó siendo noveno en una categoría con 16 clubes–. Y le costó más de lo previsto recuperar el terreno perdido. Lo consiguió al tercer intento como el mejor del Grupo IIde la antigua Tercera, con Francisco Javier García Verdugo como entrenador y con 53 puntos, uno más que el Real Valladolid, que recorrió su mismo camino.
El posterior título liguero, más testimonial que tangible, coincidió con el ascenso del representativo a Segunda División en el ejercicio 1986/87, el dirigido desde el banquillo por Martín Marrero y desde el palco por un recién llegado al club Javier Pérez, al frente de la Alternativa Azul y Blanca. El balance final tuvo mucho mérito, principalmente por la existencia de un único grupo de Segunda B y por la alta competencia que se concentró en él. Pero ni Salamanca ni Burgos ni Granada ni Lleida, por citar a los más potentes, pudieron desbancar a un Tenerife al que le sobraron dos jornadas. Selló su objetivo primordial con un 5-1 al San Sebastián, el 31 de mayo de 1987, y luego completó el trayecto con una derrota en Pasarón y una goleada en casa al Mallorca Atlético (5-1).
La final de campeones contra el Alavés
El Tenerife volvió a escapar de la categoría de bronce 26 años después. Lo hizo bajo la supervisión de Álvaro Cervera y con un formato de competición diferente al actual en Primera RFEF. Porque los campeones de cada grupo no subían de manera directa. Tenían que enfrentarse a otro campeón para cruzar la meta evitando la ruta larga de la promoción. Al Tenerife le tocó medirse con el Hospitalet y logró salirse con la suya gracias a un 3-1 en el Rodríguez López y un 1-0 en La Feixa Llarga.
Los blanquiazules llegaron a ese momento cumbre después de dominar un grupo de los cuatro de aquella Segunda División B. Le siguieron el Leganés, Real Oviedo y Caudal, pero con el premio de consolación de disputar el playoff.
Una vez ascendido, el equipo tinerfeño no pudo iniciar las vacaciones. Le quedó un compromiso más, la final de campeones ascendidos para coronar al mejor de los 80 clubes participantes. El rival, el Deportivo Alavés. La ida tuvo lugar en Mendizorroza y acabó con un 2-0 a favor de los vitorianos. En la vuelta se impuso el Tenerife con un doblete de Aridane, pero el Alavés también anotó –Borja Viguera, igual que en Vitoria– y terminó recibiendo la copa de campeón.
Eso es algo que ya no hace la Real Federación Española. La final de campeones se eliminó a partir de la temporada 2023/2024. Ahora recibe su trofeo cada equipo que asciende a Segunda siendo líder.
Dentro de este contexto, quedó en el recuerdo la oportunidad no aprovechada para ser el mejor de la categoría de plata en la campaña 2008/2009. El Tenerife dependía de sí mismo después de subir a Primera con un 0-1 en Montilivi. En la última jornada perdió contra el Castellón en el Heliodoro (1-2) y terminó ascendiendo como tercer clasificado y no como líder.
Derrota en el Heliodoro en una Liga de ascenso a Segunda
Las siete visitas del Barakaldo al Heliodoro Rodríguez López se concentran en una década, desde la Liga 72/73 a la 82/83. Las cuatro primeras coincidieron con partidos de Segunda –dos victorias locales y un par de igualadas– y las posteriores de la categoría inferiores –un resultado de cada–.
Al Tenerife no le había ido nada mal con este adversario en casa hasta que se vio superado el 16 de enero de 1983. Ese día, la escuadra vizcaína se impuso gracias a un gol de Juan José Uribe (0-1). El equipo blanquiazul, entrenado por José Ramón Fuertes, había llegado a esa jornada en el tercer puesto de la clasificación del Grupo 2 de Segunda B, por detrás del Bilbao Athletic y el Burgos, a cuatro y un punto de distancia, en cada caso –subían los dos mejores–. Ese tropiezo ante el Barakaldo unido a una posterior derrota en San Mamés contra el Bilbao Athletic no fue un obstáculo insuperable. A partir de ahí, el Tenerife solo dejó de sumar en una de las catorce jornadas siguientes –once victorias y dos empates– y ascendió a Segunda en la penúltima fecha tras golear al Compostela en el Heliodoro Rodríguez López, un estadio que no volvió a pisar el Barakaldo.
La relación comenzó en el ejercicio 72/73 con un 0-0 en el recinto de la calle San Sebastián. En la 73/74 cambió el signo. El Tenerife de Dagoberto Moll venció al Barakaldo de Eusebio Ríos. Ferreira y Cantudo anotaron por los isleños.
En la 74/75, de nuevo en Segunda División, se amplió la ventaja. Con José María Negrillo dirigiendo desde la banda, el Tenerife liquidó con relativa comodidad al Barakaldo. Gilberto Rodríguez abrió de penalti una cuenta que agrandó Movilla con un doblete.
En la temporada 77/78, Tenerife y Barakaldo se cruzaron por última vez en la categoría de plata. Lo hicieron con un 0-0 en la Isla.
A partir de ahí convivieron a lo largo de tres campañas en Segunda B. En la 79/80 firmaron tablas. El tanto de Mini no fue suficiente.
En la 81/82 sí hubo más suerte. Los blanquiazules, preparados por José Iglesias, más conocido como Joseíto, ganaron el pulso (1-0). Alberto García fue el autor del único tanto cerca del final, con los locales jugando con un futbolista menos por la expulsión de Juanito. Y en el banquillo visitante, Mané, un técnico que acabaría haciendo carrera con el Alavés en Primera.
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