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La ausencia del gran capitán

La crueldad de una sanción excesiva

"Estoy muy dolido", admite el emblemático Aitor Sanz. Una sanción inesperada presumiblemente le dejará sin el premio merecido de disfrutar el ascenso a Segunda sobre el terreno de juego.

Aitor Sanz, después de ser expulsado en Mérida.

Aitor Sanz, después de ser expulsado en Mérida. / LOF

Manoj Daswani

Manoj Daswani

Santa Cruz de Tenerife

Toda una vida esperando el momento de ascender con el CD Tenerife –le habría gustado que fuese a Primera– y, de repente, una sanción "exagerada y sorpresiva", como así la define el presidente Felipe Miñambres. Ha sido también una decisión cruel, porque la suspensión que el pasado miércoles dictaba el Juez Único de Competición para Aitor Sanz Martín (San Agustín de Guadalix, Madrid, 1984) probablemente le aparte de vivir en primera persona el gran día de esta temporada.

Al margen de su incuestionable valor futbolístico y de su importancia para el grupo, Sanz iba a ser un actor principal la tarde que el Tenerife rubricase el esperadísimo regreso al fútbol profesional. Su figura icónica se hacía imprescindible en el día D y a la hora H, más todavía porque las opciones de ascensos anteriores (con los dramáticos finales ante Getafe en el Coliseum y Girona en el Heliodoro) se le esfumaron cuando ya empezaba a visualizarlos. "Esta vez he preferido no imaginarme nada", revela el futbolista, quien llegó a padecer una infección corporal en los días después al partido de Getafe, en 2013, producto de toda la tensión acumulada; y que subraya que fue también difícil reponerse al que parecía guion perfecto para subir contra el Girona en casa en el año del Centenario.

A Sanz probablemente le tocará sufrir desde fuera como a Ricardo León en Montilivi. Otro jugador muy simbólico para la afición blanquiazul tuvo que perderse el partido decisivo en el último ascenso de la institución a Primera. En su caso, por una sanción que le dolió el doble. Primero, porque le apartó del choque contra el Xerez que casi significó el pasaporte a la máxima categoría y obligó a sus compañeros a redoblar los esfuerzos para dejar los puntos en casa; y después, porque la fiesta del triunfo con gol de Dani Kome en Montilivi tuvo que vivirla de otra manera, no sobre el césped.

Lo mismo va a tener que hacer Aitor, a estas alturas ya resignado a su mala suerte después de que el Tenerife desestimase la opción de presentar recursos y alegaciones a instancias superiores. El mediocampista blanquiazul cumplió el primero de sus partidos de suspensión el pasado domingo frente al Arenas; y ahora también es seguro que faltará contra la Ponferradina y el próximo 1 de mayo ante el Barakaldo. Solo si el alirón se retrasara podría llegar a tiempo de disfrutarlo en primera persona frente a Unionistas. Sea como fuere, en el club es dolor es indisimulable por lo que este ascenso supone para Aitor, acostumbrado a sufrir. "Se equivocó", lamenta Cervera, quien asegura que la reacción del centrocampista a su injusta expulsión en Mérida le ha costado demasiado caro.

En una carrera llena de obstáculos, una lesión muy grave le impidió alimentar todavía más sus brillantes números como blanquiazul, con 405 partidos oficiales a sus espaldas; y su extraordinario compromiso con la institución le dejó sin cumplir el anhelo de jugar en Primera cuando le llamó el Cádiz. Además, las pasó canutas con el traumático descenso del año pasado y, ahora que todo parecía ponerse en orden, podrá disfrutar pero de otra manera el ya casi seguro regreso blanquiazul a la Liga Hypermotion.

"¿El día de la retirada? Está muy cerca. Si no es al final de esta temporada, será el que viene. Los últimos años he vivido convencido de que esto ya se acaba, de forma inmediata pero luego, por lo que sea, he decidido seguir jugando y renovar año por año. Me siento un privilegiado. Si me veo con fuerzas y si el club lo ve necesario, puede que siga; y si no, pues a disfrutar lo que queda, que espero que sea bueno", sugiere Aitor cuando se le pregunta por el futuro. Será una cuestión que tendrá que resolver a lo largo de las próximas semanas, pero en la que puede tener un peso relevante todo el desgaste físico y mental que ha acompañado este camino hacia el codiciado ascenso.

"Antes sí me agobiaba pensar en la retirada. Lo he pensado mucho siendo más joven, y me ha generado un momento de ansiedad bastante grande, pero en los últimos años no. He interiorizado tanto que se acerca el final, que ya lo tengo asimilado. Busco disfrutar, y luego que la vida venga por donde quiera". Tras la sanción, volverá.

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