El Tenerife empata con el Cacereño en el Heliodoro y da otro paso corto hacia el ascenso
El equipo blanquiazul se adelanta pronto pero no consigue cerrar el triunfo ante un rival al que le anulan el 1-2 en el minuto 79 por un fuera de juego de pantalla. Preocupación por la lesión de Alassan.

CD Tenerife - CP Cacereño / Andrés Gutiérrez

El Tenerife terminará subiendo a Segunda División. Ascenderá porque despegó como líder en la primera vuelta y en el tramo inicial de la segunda. Por haber adelantado tanto su trabajo. Y también porque no ha encontrado una competencia de verdad que haya puesto en peligro la conquista del campeonato del Grupo 1 de Primera RFEF. Pero lo de culminar la obra le está costando. Y no es que eso sea nada malo. Se supone que entra dentro de lo normal por el desgaste acumulado, por el crecimiento de los rivales... Lo que contará al final, cuando sea, será la vuelta a la categoría perdida la campaña pasada.
El viernes, al día siguiente de la goleada sufrida en Valdebebas por su más cercano perseguidor, el Celta Fortuna, el líder no pudo derrotar al antepenúltimo, un Cacereño que se repuso de un tempranero gol en contra y que estuvo a un paso de dar la sorpresa. Lo impidió un fuera de juego de pantalla en el minuto 79. El empate no aleja al Tenerife de su objetivo. En realidad, ahora lo tiene más cerca. Su ventaja se amplía en un punto, a once más el golaverage, con siete jornadas para el cierre del calendario.
Otra cosa es el momento, cómo está avanzando el equipo ahora hacia la meta. Los números en los últimos nueve partidos lo dicen todo. Solo dos victorias (Arenteiro y Osasuna B) y siete goles a favor. Y también una derrota. Luego, el debate futbolístico y los estados de forma dan para mucho. Pero el Tenerife terminará ascendiendo.
Un tempranero 1-0
Para facilitar las cosas, en contra de su voluntad y sin imaginar que el impacto no iba a ser definitivo, el Cacereño le entregó un regalito al Tenerife nada más empezar. Pero los regalos hay que abrirlos. Y eso es lo que hizo Enric Gallego, que habrá esprintado miles de veces para presionar a un portero en tantos y tantos partidos, pero muy pocas, por no decir ninguna, con la oportunidad de quedarse con el balón y marcar a placer. El delantero ejecutó el movimiento de manera instintiva con la idea de apretar al arquero tras una cesión atrás de Iván Martínez. Su acelerón coincidió con la indecisión de Quevedo. El resultado, la zancada ganadora del barcelonés y la frustración de la zaga visitante.
El partido se le había puesto de cara muy pronto a los blanquiazules, pero el trayecto le tenía reservados algunos baches. El primero, la lesión de Alassan en el minuto 21. El extremo salió en camilla después de quedar tumbado en el césped quejándose de la rodilla derecha. Un resbalón, un mal apoyo, la articulación bloqueada... Enseguida pareció que era algo serio. Por los gestos de sus compañeros e incluso de los rivales y del árbitro. Silencio en la grada y relevo no programado. Noel López, al campo.
El empate del Cacereño
El otro sobresalto llegó en forma de gol visitante. Y no de manera injusta. Porque el Cacereño no se había presentado en el Heliodoro con la única intención de encerrarse en su área. Nada de eso. Puso de manifiesto su necesidad de puntuar llevando el partido al terreno contrario, tocando y tocando en esa zona delante de un Tenerife que esperaba desconsolado cualquier despiste para recuperar e invadir espacios. Pero el Cacereño amasaba jugadas sin profundidad. Hasta que supo hallar una fisura por el lado derecho de la defensa tinerfeña y aprovechó su momento. Dani pudo desviar un mano a mano con Gómez, pero el balón quedó suelto y Emi lo recogió a la altura del punto de penalti para estamparlo en la red con la portería semivacía. Premio para un equipo que sufría atrás cada vez que se veía exigido, pero que no se manejaba mal en la fase ofensiva.
El Tenerife asomaba a ratos, con más sensación de peligro cuando podía correr que cuando tenía que pensar demasiado qué camino coger con un barrera de hasta cinco jugadores por delante del portero. Chapela y Noel se intercambiaban buscando el factor sorpresa, pero las bandas no generaban lo suficiente, no eran una fuente de centros de calidad. De una manera o de otra, el Tenerife también tuvo sus opciones para ampliar su tanteador. Con Fabricio, al asumir una falta directa (6’) y luego con un remate raso que sacó Quevedo abajo (22’), o con Iván Chapela en un eslalon antes de irse de boca dentro del área (16’). Pero poco más a lo largo de la primera parte. Le estaba faltando continuidad y algo de precisión.
Cervera no debió verlo muy claro y utilizó la ventana del descanso para introducir dos cambios. Al banquillo Fabricio y Chapela y al césped Juanjo y Dani Fernández, que dejó su sello en su primera intervención, una conducción en diagonal finalizada con un remate que se quitó de encima Quevedo.
La siguiente también fue suya. Pero ya en el minuto 64, poco después de que Gastón supliera a Enric. Con el Cacereño menos fluido en su elaboración –mérito del Tenerife- y con los primeros amagos de arañar segundos con pérdidas de tiempo, el líder pisó el acelerador. En concreto, lo hizo Noel con una ruptura que enriqueció con un pase a Dani, que controló en el área y remató al larguero para levantar a un estadio implicado. Quedaban poco más de 20 minutos para el final. Iba a ser cuestión de insistir.
Con el Cacereño aplicado en un ejercicio de resistencia, agarrado al 1-1 y algún golpe de suerte, que lo tuvo pero con un matiz nada favorable para sus intereses, el Tenerife perseveró agotando los cambios. Cervera apostó por Maikel y prescindió de Jesús de Miguel. El lagunero se hizo notar enseguida con un remate limpio de cabeza a pase de Noel, repelido por Quevedo con paradón (78’), y con una chilena con la que envió el balón al travesaño. Esta última jugada desencadenó un ataque del conjunto verde que acabó con el balón en el fondo de la red. Sanchidrián culminó un contragolpe que dio paso a la polémica, porque el árbitro detectó fuera de juego en la repetición y el técnico Julio Cobos reclamó el FVS solicitando otro vistazo en la pantalla. La decisión fue la misma. Lo raro hubiera sido lo contrario.
Así, entre la irrupción de Dani y Maikel y el gol anulado, el partido siguió disparado hacia el 90’, con una prolongación de cinco minutos para que el Tenerife intentara pasar del susto a la euforia. Pero no hubo arreón final y terminó dando un paso corto hacia el ascenso.
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