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Punto y seguido del CD Tenerife hacia el ascenso

Empate sin goles en El Prado entre el Talavera de la Reina y el Tenerife, en un partido que pudo caer de cualquier lado por las ocasiones de gol generadas. Los blanquiazules le sacan 13 puntos al Celta Fortuna, que recibe este domingo al Bilbao Athletic.

Julio Ruiz

Julio Ruiz

Santa Cruz de Tenerife

En un tramo de menor ligereza en la marcha, el Tenerife dio un paso corto en El Prado tras un 0-0 que podría calificarse como justo si se tienen en cuenta las ocasiones para marcar que fabricaron los dos equipos, el Talavera y un líder que ya llega a los 64 puntos y que estará pendiente de lo que haga este domingo el Fortuna ante el Bilbao Athletic. La renta es de 13 puntos más el golaverage. Por delante, ocho jornadas.

A falta de un triunfo, el empate sirve, pero también confirma que los dos últimos meses del calendario han sido menos productivos: 11 puntos de 24, seis goles a favor con tres penaltis y dos en propia puerta... Pero nada de eso pone en riesgo la más que probable conquista del objetivo. Terminará llegando.

De entrada, sin tiempo que perder, unos y otros aplicaron un ritmo alto al juego. El Tenerife entró en escena activado y con iniciativa, dispuesto a compensar la extraña actuación de la jornada anterior frente al Osasuna Promesas (1-0 al fin y al cabo), dándole un sentido ofensivo a sus posesiones. Como queriendo marcar territorio y encarrilar lo antes posible el resultado para competir como más le conviene, con ventaja. No iba a ser tan fácil, pero tenía que intentarlo, o demostrar que esa iba a ser su decidida propuesta. Nada de esperar a que el triunfo terminara cayendo por su propio peso. El Talavera, mientras tanto, evolucionaba armado atrás. Se protegía y se empleaba a fondo en la presión, más para contener que para generar, pero sin renunciar a frotar la lámpara con cualquier combinación en el campo rival, como cuando Marcos cazó por alto un centro lateral (8’), ganándole el salto a Landázuri, para picar y dirigir la pelota cerca del palo derecho de Dani. Por poco. Con dos toques, los locales habían puesto sobre el césped la ocasión más clara. Fútbol directo, sin rodeos. Un aviso de que no iban a necesitar gran cosa para inquietar al portero blanquiazul.

Mientras tanto, el Tenerife insistía. Pero sin la profundidad necesaria. Como mucho, ese funcionamiento a medio cocinar le dio en el primer cuarto de hora para llamar la atención con un par de caídas dentro del área, una de Gallego, abrazado por Molina, y otra de César en carrera incorporado al ataque. En ninguna se pidió la revisión desde el banquillo comandado por Álvaro Cervera. El juego continuó con la pantalla apagada.

Ocasión de Gastón

Así, con esa dinámica, sin caer en la desesperación por las dificultades para hallar algún resquicio en el armazón del Talavera, se desató al fin la primera llegada de verdad del Tenerife. Venía intentándolo Noel López, el más incisivo de los dos extremos hasta ese momento –debutó como titular Iván Chapela–. El pontevedrés abrió una vía por el carril izquierdo, puso el balón en el área y entre Chapela y Gastón le entregaron a César una opción clara de remate. Sin oposición, el lateral armó un golpeo cruzado a media altura que voló hacia la línea de fondo sin coger el camino deseado (36’). Fue el anticipo de otra llamada al gol por parte del líder. De nuevo, con un pase desde un costado como origen. Esta vez, procedente del otro lado, el derecho, con Iván Chapela como asistente. Su centro fue a parar a Gastón a la altura de la frontal del área pequeña. El uruguayo respondió con una volea y Javier Belman, con un paradón (39’).

También lo fue el que se apuntó Dani poco ante del intermedio. Reflejos del asturiano para lanzarse a su derecha y desviar un trallazo de Doncel desde el borde del área para finalizar una segunda jugada propiciada a partir del fútbol simplificado, el recurso más utilizado de un Talavera nada conformista.

Y así se acabó un primer tiempo entretenido, a la altura de lo esperado, con un Tenerife dominante pero sin filo y un Talavera aplicado en la destrucción y con sus argumentos para poner a prueba a una defensa en la que había sido novedad el central argentino Agüero.

Esos argumentos salieron a flote en el arranque de la segunda parte, con un conjunto cerámico lanzado a por el 1-0, sin complejos. Percutiendo por el lado de César y Agüero, los locales asomaron con un disparo cruzado de Marcos Moreno que tuvo continuidad con un córner y un posterior intento de Ferni con un ensayo que salió demasiado alto. Una triple sacudida para hacer pensar a un Tenerife que siguió con lo suyo, como si nada. O mejor dicho, con dos cambios, porque Cervera no esperó para retocar la alineación:Balde y Jeremy por Chapela y Enric (59’).

El primero se hizo notar enseguida. En un esprint por la izquierda, Acosta le quitó el balón en el área y el extremo aterrizó. Cervera probó suerte con el FVS. Pero el árbitro mantuvo su decisión de no castigar al Talavera con penalti.

La recta final

La gráfica del partido dibujó luego una recta descendente, con una constante pugna en una zona de baja influencia sin trabajo para los arqueros. El cronómetro corría con un 0-0 acomodado en el marcador, y puede que válido para los dos equipos, que tampoco iban a resolver sus objetivos –permanencia y ascenso– con el empate.

Pero, precisamente, el peso de las aspiraciones y las dinámicas tuvieron su influencia. Porque fue el Tenerife el que quiso terminar mejor, echando el resto para intentar ganar el pulso. Balde tuvo el 0-1 en el 77’ con un remate desencadenado tras un pase atrás de Noel, que había recibido de Fabri. El balón salió a la grada por encima del larguero para alivio de Belman.

Para el Talavera empezaba a ser un triunfo no perder ante el líder. Rascaba cada segundo con menos intenciones de arriesgar que antes, daba señales de agotamiento... Y al Tenerife aún le quedaban energías para apurar lo poco que le quedaba, quizá con el triunfo de la primera vuelta en el recuerdo, aquel con un gol de César en el alargue.

Pero en estas situaciones también entra en la cabeza aquella ley no escrita del fútbol de no perder cuando no se puede ganar. O sea, tener ambición pero no fiarlo todo a un golpe de fortuna en ataque. Con la mirada en el retrovisor, por si acaso –David sacó de la línea un remate de Nordin en el minuto 96–, el Tenerife apretó y encerró a su rival. Pero le faltó finalizar, tener la pegada de otras tardes... Y no hubo manera. Al final, un punto y seguido para llegar a la meta.

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