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El brillo, en el resultado: el Tenerife derrota al colista y avanza hacia el ascenso

El equipo blanquiazul supera al Osasuna Promesas en el Heliodoro Rodríguez López gracias a un autogol (1-0). Dani Martín evita el empate a detener un penalti.

Julio Ruiz

Julio Ruiz

Santa Cruz de Tenerife

Quedará el triunfo, no tanto el partido. El fin por encima de los medios. El brillo estuvo en el 1-0 y no en el césped. Pero eso casi da igual. Había que vencer y se hizo. A falta de nueve jornadas para el cierre del curso, el Tenerife le saca 12 puntos al segundo, un Celta Fortuna al que, además, le gana el golaverage. En una fase tan avanzada de la temporada, lo que cuenta es culminar la obra. Y el Tenerife cumplió con más sombras que luces en un duelo que se desbloqueó con un tanto en propia puerta de un Osasuna B que, a continuación, falló un penalti. O lo paró Dani Martín.

Líder contra último y una puesta en escena a esa altura. De esos partidos en los que el equipo peor clasificado, aparentemente, da por bueno el 0-0 desde el principio y el otro insiste con la seguridad de que lo más difícil, lo único, es marcar el primer gol. Las cartas quedaron boca arriba enseguida. El Osasuna Promesas, dándole prioridad a su protección, cerrando incluso con cinco y seis jugadores, vigilando el peligro procedente por los costados, tapando vías de acceso y, en general, reduciendo su propuesta ofensiva a tímidos contragolpes, poco intimidantes para una línea defensiva acomodada. Lo dicho, el empate era casi un triunfo para un filial navarro con solo una victoria en las quince últimas jornadas.

Y el Tenerife, que llevaba tres encuentros seguidos como local sin vencer -0-1 con el Racing de Ferrol y empates con el Avilés y el Lugo-, se vio en la situación de tener que generar fútbol en estático, sin poder sorprender en velocidad -fue una de las obsesiones del Promesas-. Toda la posesión a su favor, pero un muro delante. O sea, insistencia y paciencia como combinación para abrir la caja fuerte.

Tres palos

En eso no fallaron los blanquiazules, seguramente conscientes de lo que se iban a encontrar. Con Noel y Cris Montes en las bandas y una pareja de delanteros formada por Gastón Valles y Enric Gallego, el balón circulaba de un lado a otro en la mitad del campo visitante. Con poca claridad de ideas por momentos, pero con argumentos para crear algo de peligro. A veces bastaba con un centro más o menos medido para que se notara la presencia en el área de los delanteros. Como el que puso Fabricio en el minuto 18.

El receptor, Gastón, tocó el balón con la frente y lo dirigió al larguero, un aliado del Osasuna que le volvió a echar una ayuda en el 42’, primero para separar de la portería un remate aéreo de Enric Gallego y, en la continuación de esa misma jugada, para aliviar al arquero tras un golpeo de Valles desviado por un defensa. En resumen, una carambola tras otra frustrantes para un Tenerife que venía de tropezar con la madera en el partido contra el Lugo. Fue lo más relevante de una primera parte que debió terminar con ventaja tinerfeña pero que reflejó un 0-0 que aconsejaba hacer algo distinto para poder ganar.

Porque sí, el Tenerife había rematado tres veces al travesaño, pero le estaba faltando profundidad, un punto de velocidad en la circulación, ser menos previsible... Aplicar algún recurso no utilizado para erosionar el armazón de un rival que había logrado estirarse un par de veces con la posibilidad de finalizar jugadas, pero poco más para tranquilidad de Dani.

Pero esa paz se alteró en la primera acción de la segunda mitad. Sin verlo venir, tuvo que intervenir para tapar con la cara un mano a mano con Mauro, que había cogido dormida a la zaga tinerfeña.

El autogol y el penalti

Tras este susto, el pulso siguió tal como estaba, con un Tenerife dominante y aparentemente reactivado, y un Osasuna Promesas armado atrás, jugando con fuego, tal como se demostró en el minuto 49. Porque el 1-0, que tenía que llegar y llegó, fue un regalo doble por parte del filial pamplonica, que está donde está por algo. Un arriesgado pase del portero en la salida provocó una recuperación de Gastón y una secuencia desgraciada para los visitantes. Valles entró en el área y quiso asistir a Gallego para que marcara, pero Arrasate interceptó la trayectoria con la mala suerte de dirigir el balón hacia el fondo de su portería. Autogol, autocondena. Una ayudita después de tres palos para compensar.

En teoría, el partido ya iba a ser cuesta abajo. Pero el fútbol es juguetón y se guardó un giro inesperado. Porque el filial, con todo perdido, se despojó de precauciones y se lanzó a por el empate. Ya la primera, se le presentó una ocasión ideal para marcar, ni más ni menos que un penalti -Cervera pidió el FVSal entender que César no había cometido falta, pero el árbitro la vio en el monitor-. Lo lanzó Ander Yoldi y lo paró Dani. El gijonés se lanzó a su derecha y acertó. Júbilo en la grada con decibelios equivalentes a un gol a favor (57’). Para el Osasuna B, lo del perro flaco, las penas de un colista:un gol en propia meta, un penalti fallado.

Para evitar un constante ida y vuelta, que podía ser beneficioso pero que también tenía su carga de riesgo -o para recuperar el control absoluto-, Cervera introdujo tres cambios. Con uno de ellos, la salida de Enric y la entrada de Ulloa, adelantó a Fabricio para que ejerciera de mediapunta. Los otros sirvieron para refrescar las bandas: Chapela y Balde por Noel y Cris.

El gaditano fue el siguiente en hacerse notar, pero su disparo en el minuto 69 fue a parar a Rafa Fernández. Puntual. En contra de lo que podía parecer, ni los cambios ni la ventaja ayudaron al Tenerife a recobrar el mando. Más bien fue al contrario. Raro. El partido quedó abierto por la voluntad de un Osasuna que llevaba un rato fuera de la cueva y que empezó a demostrar que también sabía desenvolverse en el campo contrario.

Desplome sin consecuencias

En esta dinámica, con David lesionado y pidiendo el cambio, una mala entrega de León desencadenó una transición que el Osasuna desperdició de forma incomprensible. Pedroarena trató de conectar con Lumbreras para que anotara placer, pero su pase se quedó a medias gracias a la milagrosa irrupción del renqueante David -León acabó cubriendo el lateral, con Yaakobishvili como central-.

En una eterna recta final, el Promesas siguió apretando a un Tenerife extrañamente desesperado, fallón, vulnerable... Y tuvo la igualada en un cabezazo de Yoldi a un palmo de la línea de gol que no supo dirigir. Y luego, ya en el alargue, con otra clarísima de Lumbreras. Un filial sin gol. Negado. Visto lo visto y con pitada incluida del público, nada de lo que pasara iba a modificar el desenlace. El Tenerife volvió a ganar tras una etapa poco productiva (7 puntos de 18) y sigue lanzado hacia el ascenso directo. Ya queda menos.

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