Empate con un poco de todo del Tenerife ante el Avilés en el Heliodoro
Primera igualada del líder como local. Expulsión de Fabricio en la jugada del 1-0, reacción del rival tras el descanso, penalti anotado por Gallego y golazo de Natalio para el 2-2

El CD Tenerife-Real Avilés Industrial, en imágenes / Arturo Jiménez

Caprichos del destino. Natalio, uno de los integrantes de la plantilla del Tenerife que bajó a Segunda B en 2011, encontró la gloria –la suya– que no tuvo en su día en el Heliodoro al marcar un golazo, con conducción y golpeo directo a la escuadra en el minuto 88, cuando los blanquiazules estaban volcados en intentar liquidar un partido que había tenido casi de todo, la extraña expulsión de Fabricio en la jugada del primer tanto local, marcado por Gastón Valles, la reacción del Avilés a la vuelta del descanso, un penalti anotado por Gallego en plena efervescencia tinerfeña con el inconveniente de la inferioridad, el hiriente latigazo del veterano delantero del conjunto asturiano...
En el origen, el partido empezó a coger camino después de un arranque tan revuelto como el tiempo. El Tenerife quería pero no podía y el Avilés demostraba que no se iba a conformar con proteger el 0-0. En ese tira y afloja, un resbalón de León en una zona de baja influencia agitó la ventosa noche. Santamaría aprovechó el error y enfiló el pasillo hacia la portería, donde esperaba un salvador Dani. Solo ante el peligro. El delantero optó por intentar picar el balón y el guardameta levantó el brazo para desviar la trayectoria.Ovación para el gijonés. Una más. Merecida.
El accidental sobresalto reactivó al Tenerife. Los blanquiazules captaron el mensaje y pisaron el acelerador dispuestos a empezar a mandar de una vez por todas, a generar en el campo contrario. Y no tardaron en acercar el partido al guion esperado, con una mayor exigencia para la zaga del Avilés.
Así, con la paciencia que había pedido Cervera, sin prisas y sin pausa, el Tenerife comenzó a mover el balón en el campo contrario, tratando de establecer conexiones, cruzando pases, ensanchando, probando con la velocidad de Alassan y las ayudas de César como lateral profundo... Y en una de esas, Enric controló en el área pequeña y armó un remate que terminó con el balón estrellándose en el palo. Contundencia sin la suerte necesaria en el primer intento (20’).
Gol y expulsión
El plan siguió madurando a partir de ahí. El Tenerife recuperaba una y otra vez en la mitad del terreno avilesino, con Aitor como imán, con robo y pase, intuyendo siempre dónde colocar su red. La situación ya parecía controlada. El Avilés no se estiraba, se limitaba a conservar el orden y a tapar vías de acceso. Y lo hacía con cierta soltura ante un Tenerife que no terminaba de cerrar una jugada de ataque redonda. Merodeaba, rondaba, rozaba... Pero le faltaba finalizar. Hasta que lo hizo Fabricio en el 35’ para colar el balón en la meta después de un paradón de Álvaro para despejar en corto un cabezazo cercano de Valles, a pase de César desde la banda. La fiesta se enfrió por la señal del árbitro de que el tanto no debía valer. Supuestamente por una falta del brasileño sobre Adri. Pero todavía quedaba la comprobación en la pantalla. Y ahí se lió todo. Una de cal y otra de arena. Porque el colegiado concedió el 1-0 y, además, le mostró a Fabricio la tarjeta roja. Se supone que el remate de Gastón sí había rebasado la línea antes de que interviniera Álvaro y que Fabricio golpeara a Adri con la consecuencia de su expulsión. Raro. Pero así siguió el partido, con la ventaja para los tinerfeños en el resultado pero no en el número de jugadores sobre el campo. La pausa llegó como una oportunidad para ordenar ideas.
El escenario era nuevo para el Tenerife, no por ir venciendo, que ha sido lo habitual (de 19 veces que se pudo adelantar, había ganado 18 y empatado una), sino por tener que jugar con uno menos. Su expediente de rojas estaba limpio.
Cervera no dejó pasar la ocasión para adaptar la alineación a la inferioridad numérica. Quitó a Gastón y puso a Noel. En resumen, dos líneas de cuatro y Enric en punta.
Empate tras el descanso
La segunda parte nació con otra tendencia. Dominio visitante y una actitud más conservadora de los locales. Mala elección. La valentía premió al Avilés enseguida, en el minuto 47. Pérdida de Alassan y fase ofensiva con valor gol. La pelota voló de un costado al otro y la cazó por alto Berto Cayarga para batir a Dani, pillado a contrapié.
Como se suele decir en estos casos, partido nuevo con margen por delante, un diez para once con el Tenerife picado y el Avilés convencido. Un reto inusual para el líder.
La respuesta fue prometedora, dadas las circunstancias, un remate flojo de cabeza de Gallego, uno alto con la pierna de Juanjo, una volea de David tras una jugada individual de César... El Tenerife se puso en su sitio e igualó fuerzas.
Y para que no se apagar la llama, Cervera introdujo otro cambio. Prescindió de Alassan y buscó algo distinto en la banda derecha con un inspirado Dani Fernández.
A todo esto, el Avilés aguardaba su momento. Estaba al acecho dándole valor al 1-1 pero sin renunciar a ejecutar algún contragolpe. Sin llegar a tanto, en una falta, Dani volvió a emerger para sacar un balón que iba para dentro.
Y a renglón seguido, gol de Aitor. Golpeo raso desde la frontal del área y balón al palo y a la red (66’). La euforia del capitán y de todo el estadio se apagó en un segundo. Pol Arenas había visto una falta previa de Enric sobre Babin. 1-1.
El penalti y el tanto de Natalio
Pero el efecto Heliodoro ya había entrado en escena, con lo que eso representa. Llamada a la épica, arreones, la búsqueda del gol por empuje, por insistencia... Y a ese ritmo, el Tenerife es mucho Tenerife, incluso con diez jugadores. Por eso no fue nada injusto que llegara el 2-1. Lo anotó Gallego en el minuto 76 gracias a un penalti cometido por Christian Rivera sobre el propio ariete catalán. El problema había pasado a un Avilés desconcertado por la reacción local.
Lo más difícil ya estaba hecho. Iba a ser cuestión de gestionar la recta final. Pero, sin Aitor ni Enric en el campo, sustituidos por Ulloa y De Miguel, al partido aún le iba a quedar un giro más, y con un componente especial, el golazo del exblanquiazul Natalio Lorenzo. Mano a su oreja en la celebración.
Lejos de resignarse, el Tenerife apretó en el alargue (10 minutos) y tuvo el 3-2. En concreto, David. Pero no hubo más. Primer empate de la temporada en el Heliodoro. Paso adelante, aunque sea corto. Tenía razón Cervera al decir que ahora va a costar más ganar.
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