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Antecedente

La noche que no quedó nadie al volante del CD Tenerife

Vuelve al Heliodoro el Racing Club de Ferrol, el equipo que propició –sin quererlo– un cisma institucional casi sin precedentes en 2005. Su victoria al representativo hizo saltar por los aires el puesto del entrenador, el del asesor deportivo y el del consejo de administración al completo.

Víctor Pérez Ascanio, a su salida del Heliodoro junto al exdirectivo Frank Tolle.

Víctor Pérez Ascanio, a su salida del Heliodoro junto al exdirectivo Frank Tolle. / ED

Manoj Daswani

Manoj Daswani

Santa Cruz de Tenerife

Los aficionados más jóvenes tal vez lo desconozcan y algunos de los más veteranos quizá lo hayan olvidado, pero el rival que este sábado visita el Heliodoro Rodríguez López (17:30 horas) propició con su victoria en diciembre de 2005 un cisma institucional casi sin precedentes en la historia del CD Tenerife y dejó al representativo sin nadie al volante. Fue la noche que todo cambió. A la derrota ante el conjunto gallego, con remontada incluida, la acompañó una inesperada catarata de dimisiones. Se fueron todos, desde el entrenador al asesor deportivo, pasando por cada uno de los consejeros. Dos meses después, aterrizaría en el club Miguel Concepción.

El entonces presidente, Víctor Pérez Ascanio, había empeñado su palabra. El día que el Heliodoro pidiera mayoritariamente su cabeza, él se iría. El caso es que fueron los cánticos de un estadio casi huérfano de público (unos 2.600 espectadores) los que bastaron para tumbar a un régimen ya caduco, al que se le habían caído por el camino varios directivos que habían dimitido meses atrás. La situación financiera era caótica y la deportiva, también. Y eso que el equipo había empezado con fuerza y se había ubicado en las primeras jornadas en las plazas de privilegio. El Tenerife que llegó a ser líder acabó hundido y con una presidencia interrumpida.

Sin que nadie lo presagiara dentro ni fuera de la institución, el aluvión de dimisiones –el club quedó descabezado por completo– llegó de repente y al filo de la medianoche. El triunfo inesperado del Racing de Ferrol hizo del 20 de diciembre de 2005 una fecha, clave porque todo cambió. Aquel volantazo del ingeniero lagunero Pérez Ascanio dio paso a la presidencia más larga de la historia de la institución, la de Miguel Concepción. El mandato del palmero, con comienzo en 2006, tiene su origen en la derrota entre semana contra el Ferrol, en vísperas del parón navideño.

«¿Te refieres a la noche que había cuatro gatos en el estadio?», ironiza uno de los protagonistas del partido. Fue una derrota tan fatídica que casi nadie se atrevió a hacer declaraciones después. Ocurrió todo a solo cuatro días de la Nochebuena, de modo que todos se fueron de vacaciones «con la incertidumbre de saber qué pasaría», revela Aarón Darias, quien admite que llegó a sentirse superado por la situación y optó por encerrarse en el baño. «Hasta que todos se fueron», matiza.

Hubo por aquel entonces un sepulcral silencio entre los futbolistas pero también entre los consejeros que aquel día dimitieron todos a la vez, golpeados por una impulsiva determinación de su líder y presidente, Víctor Pérez de Ascanio. «Me acuerdo más de los compañeros que del partido en sí», responde desde Fuerteventura el exfutbolista Héctor Sánchez Cabrera. «Yo tengo más presentes los momentos felices. En aquella etapa estaba yo recién llegado al primer equipo y sí puedo decirte que la plantilla tenía buenos mimbres», describe tras enunciar algunos nombres de aquel equipo como Toni Moral, Edu Moya o César Belli. «Pero no sé qué decirte, aquella temporada acabamos los quintos por la cola y aquel Tenerife-Ferrol fue posiblemente uno de nuestros peores partidos», acierta a recordar.

Cuando el árbitro Teixeira Vitienes pitó el final y se consumó la derrota, el representativo sumó su undécima jornada consecutiva sin vencer. No ganaba desde la séptima fecha liguera y la situación era crítica. La prensa y el entorno ponían el foco en un consejo que había aterrizado para regenerar al representativo y se había visto desbordado por una deuda gigante (48 millones de euros), pero también por sus propias desavenencias, las dificultades de convivir los dirigentes provenientes de dos planchas diferentes –la de Pérez Ascanio y la del fallecido Quico Cabrera, que había probado las mieles de la gloria con el Tenerife Marichal– y la errática serie de resultados sobre el verde.

Tras fracasar con diferentes apuestas para la secretaría técnica o el banquillo, aquel grupo de consejeros se había encomendado a un agente de futbolistas como asesor deportivo (Olaf Bonales, ahora representante de Ayoze Pérez o Alberto Moleiro) y el puesto de entrenador se convirtió aquel año en una especie de silla eléctrica. Visto con perspectiva, el gran error de aquel consejo fue la dolorosa destitución de José Antonio Barrios, que llegó a poder líder al equipo blanquiazul. A su cese se puso al mando de las operaciones de forma provisional Quique Medina (un partido) y a renglón seguido vino Antonio López tras un rápido proceso selectivo donde se manejaron nombres de lo más rocambolescos, incluido el de un entonces ilustre técnico argentino.

«Como solución de emergencia se trajo a este hombre, con tan mala suerte de que con él no ganamos ni un solo partido», precisa con una memoria prodigiosa la única mujer de aquel consejo de administración, María del Carmen Saavedra. «El día del Ferrol volvimos a perder y se confirmaron los augurios y la mala dinámica en la que estábamos», aduce. Es llamativo que todos los protagonistas de aquella noche recuerdan mucho más la floja afluencia de espectadores (por la lluvia, el pésimo momento deportivo, el efecto de las fechas navideñas y el escaso tirón del rival) que el resultado del partido: 1-2, con tanto inicial de Toni Moral (3’), empate con reacción rápida a cargo de Baha para el Racing (10’) y golpe mortal de necesidad en el segmento final de la contienda con Granón (83’) como verdugo del Tenerife. Y de su presidente.

«No me gustó nuestra forma de dimitir», revelaba en EL DÍA el año pasado la consejera Saavedra. «Fue una noche desagradable. Estábamos poniendo todo de nuestra parte y buscando la manera de sacar al club adelante. Lo que yo recuerdo es que nos convocaron de urgencia a toda la junta directiva para decir que nos íbamos. Se estuvo valorando quedarse o no hacerlo, pero Víctor Pérez era el presidente y él dijo no iba a seguir más», agrega.

«Fue todo a bote pronto porque no se había meditado, tampoco se había dicho que nos fuésemos a ir en caso de derrota», enuncia Saavedra. «Ahora, mucho tiempo después, puedo decirte que nos cogió a una parte de la directiva con el pie cambiado», añade. De Ascanio se sabía de su carácter ciclotímico; de hecho, semanas atrás un rotativo local había publicado la errónea información de su intención de dimitir, desmentida tajantemente por el propio club.

En la imagen de la dimisión múltiple aparecieron varios consejeros y también Olaf Bonales, si bien éste último no estaba de acuerdo con irse de aquella manera. Se ubicó en la foto a regañadientes, a un lado, y fue uno de los asuntos que mayor controversia generó después.

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