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Tenerife B

Los ‘fichajes’ del filial vienen del primer equipo

Desde octubre hasta febrero estuvieron exclusivamente en dinámica de primer equipo. Lo que parecía un premio para Ulloa y Sabina era en realidad un caramelo envenenado porque les condenaba a la inactividad.

Alberto Ulloa, durante un entrenamiento.

Alberto Ulloa, durante un entrenamiento. / CDT

Manoj Daswani

Manoj Daswani

Santa Cruz de Tenerife

Pudiera parecer una paradoja, porque lo normal es que sea el filial el que refuerce al primer equipo, pero en este caso es al revés. Los mejores fichajes invernales para el Tenerife B vienen de la mano del equipo grande por una decisión de la dirección deportiva que está resultando acertada. Tras un largo tiempo en que Fran Sabina y Alberto Ulloa (ambos de 22 años) se dedicaban en exclusiva a entrenar con el primer equipo y luego apenas tenían protagonismo a las órdenes de Álvaro Cervera, la dinámica ha cambiado desde hace solo tres semanas. Delantero y centrocampista siguen bajo la batuta del conjunto de Primera RFEF, pero todas las veces que sea posible hallarán protagonismo y minutos de calidad bajo batuta de Mazinho con el equipo B.

Hasta la fecha, los resultados de esta determinación no pueden ser más productivos. Para ellos, que alimentan su confianza y evitan quedarse parados en una edad crucial para su crecimiento; y para el filial, que se está viendo impulsado por el estímulo positivo que suponen ambos refuerzos. El mejor ejemplo de que el club piensa exprimir al máximo el talento y nivel de ambos futbolistas es que el pasado domingo jugaron casi nada más bajarse del avión. Aterrizados casi al filo de la medianoche del sábado tras el partido de Lezama con el primer equipo, con el que ninguno de los dos jugó, a la mañana siguiente ya estaban preparados y alistados por Mazinho para ser titulares con el B.

Fran Sabina, en un partido con el Tenerife B. | CDT

Fran Sabina, en un partido con el Tenerife B. | CDT

El rendimiento del ariete y el pivote es tan notable que no hay margen para que otros jugadores que entrenan durante toda la semana con el filial puedan sentirse agraviados. Sabina recibía recientemente una llamada de la propiedad (Rayco García) y del vicepresidente del club, Ayoze García, para invitarle a seguir trabajando y mostrarle la plena confianza del club en un momento importante de la temporada. Tras desoír a los muchos pretendientes que le salieron en el mercado de invierno y apostar por quedarse, Sabina aspira a disfrutar del ascenso de los grandes en primera persona y dejar su sello (y goles) con el Tenerife B.

Sus dígitos hablan por sí solos. Si bien con los mayores no ha tenido el protagonismo deseado y ha jugado solo a cuentagotas (siete participaciones ligueras y todas como suplente), en otros escaparates que le ha abierto la temporada sí ha podido exhibir su facilidad para el gol. A su primera titularidad en la Copa del Rey ya marcó –lo hizo frente al Alcalá en El Val– y luego tuvo también la oportunidad de jugar de inicio en el partido más mediático y estelar contra el Granada en el Heliodoro. Entretanto, el B permanece invicto cuando juega Sabina. Lo ha hecho en tres oportunidades, todas ellas consecutivas: ante el Rayo B (victoria por 2-1), Intercity (triunfo por 2-0) y Navalcarnero (3-3). En el primer y tercero de estos partidos firmó un doblete. Dicho de otro modo, ha convertido cuatro dianas en 266’ con el filial. «Todo lo que toca va para dentro», apuntaba Cervera en pretemporada, donde Sabina fue el gran goleador del representativo.

Ulloa ha sido otro gran descubrimiento. Con el primer equipo le han bastado 50’ para convertir dos goles, pero su cuota de participación no le alcanzaba para sentirse plenamente realizado. Ahora que juega con el B, ya es otra cosa. Tras firmar ocho titularidades consecutivas con el filial en el tramo inicial de la competición, en octubre se decidió su incorporación definitiva a la rutina diaria del equipo de Primera RFEF. En teoría, un paso adelante en un momento de gran dificultad por la lesión de Javi Pérez. Pero el hispano chileno Ulloa –proveniente del Granada, ex del Xerez– no tuvo la continuidad deseada. Hasta que le dejaron compatibilizar sus entrenamientos con el primer equipo y los partidos con el B, con el que no jugaba desde hacía cuatro meses. Ahora, vuelve a brillar. Y a sonreír.

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