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Copa del Rey Juvenil

El sueño del Juvenil del CD Tenerife se estrella entre polémica y orgullo

El Dépor aprovecha el tanto de Regueiro para ganar en un Heliodoro con 4.002 espectadores que reclamó penalti por mano en el área gallega con 0-0

Formación inicial del Juvenil del CD Tenerife.

Formación inicial del Juvenil del CD Tenerife. / CDT

Bruno Sánchez

Bruno Sánchez

Santa Cruz de Tenerife

Se acabó el sueño copero del Juvenil del CD Tenerife. Un tanto del extremo Lucas Regueiro bastó para que el Dépor sellara su billete a la final four –se disputará entre el 11 y el 15 de marzo– ante un filial blanquiazul que vendió muy cara su piel. El Heliodoro Rodríguez López presentó una entrada de 4.002 espectadores con una grada de Tribuna prácticamente llena. Entre el público, ilustres del tinerfeñismo como Aitor Sanz, Felipe Miñambres o Roberto Perera, testigos de un equipo que compitió de tú a tú y dejó claro que hay mimbres.

Arrancó con ganas el Juvenil, con una internada por el costado izquierdo que ganó Mario y que culminó en un remate franco desde la frontal de Yanes; le salió picado y fue sencillo para el guardameta (1’). Respondió el Deportivo con Xabi, que, partiendo desde la izquierda, se coló en el área sin marca y puso un centro venenoso que la zaga blanquiazul acertó a despejar.

Fue un arranque que no concedió respiro –ni una falta en los primeros 10 minutos– en el que nadie se impuso, porque ambos conjuntos pretendían lo mismo. Presiones casi al hombre sobre la salida rival, mordiendo arriba para robar en campo contrario y asfixiar cualquier intento de posesión prolongada. Vamos, que soltabas rápido o te lo quitaban.

Y en medio de ese vendaval, la primera para el Tenerife, cómo no, después un error en la presión visitante. Explotando los huecos que dejaba el Dépor, una contra dirigida por Jose, que condujo con criterio, dividió y soltó para Páez que, desde la frontal dibujó un disparo con rosca que acarició el larguero y se marchó fuera por muy poco (9’). Primer ¡uy! en el Heliodoro.

Superado el primer cuarto de hora, el pulso del encuentro por fin bajó unas cuantas revoluciones. Era lógico en tanto que los diez minutos iniciales se jugaron a un ritmo inasumible. Aun así, los acercamientos –algo menos frecuentes– seguían naciendo del mismo sitio, las transiciones. No había otro camino. O eso parecía, porque el Dépor encontró dos ocasiones clarísimas en jugadas combinativas en las botas de su delantero Iker. En la primera, Yanes estuvo providencial para bloquear un disparo del ariete, que se plantó solo en el punto de penalti; en la segunda, todavía más franca, tuvo que aparecer el guardameta blanquiazul Sosa para evitar el gol tras un remate posterior a un centro lateral que se colaba.

Al filo de la media hora, el Deportivo empezó a inclinar el campo a su favor. Cargaba una y otra vez por el costado izquierdo, donde su lateral Xabi encontraba una autopista. El dominio era gallego pero el guion del partido no cambiaba: presión, robo y a correr. Así, el Tenerife, fiel a esa idea, encadenó dos recuperaciones que le permitieron instalarse en campo rival. En la segunda, forzó su primer saque de esquina, donde el centro de José, cargado de veneno, atravesó el primer palo sin que nadie lo rozara y estuvo a punto de sorprender a Anxo Regueiro, que metió la mano para evitar el susto.

El aspecto de la grada de San Sebastián durante la tarde de ayer.

El aspecto de la grada de San Sebastián durante la tarde de ayer. / CDT

Acto seguido, otro córner terminó en un disparo raso y lejano de Guerra que se topó con la mano –muy despegada– de un zaguero deportivista. Los chicos de Suso Santana y el Heliodoro reclamaron un penalti que el árbitro no señaló.

Antes del descanso, un Tenerife ya más ajustado y con el partido bajo control en ese tramo final había conseguido inclinar el juego a su favor. La última ocasión llevó sello blanquiazul. Páez recogió un balón muerto dentro del área, completamente solo… pero dudó un instante al perfilarse y aquella ventaja inicial se esfumó cuando armó la pierna y su disparo fue taponado sin demasiados apuros por la zaga gallega. Y, así, entre fases de sufrimiento y otras en las que dio la sensación de merecer el gol, se marchaba el filial a vestuarios con el sueño intacto y con un Heliodoro al que le gustaba lo que veía.

Lucas Regueiro rompe el empate en el 70

Salió mandón el Dépor tras el descanso, que insistía por el carril de Xabi. El 3 gallego llegó hasta línea de fondo y puso el pase atrás; la defensa local despejó mal y el balón le cayó a Lucas Regueiro, que obligó a Sosa a emplearse a fondo ante un disparo incómodo. Poco después, una transición vertiginosa terminó con Leandro plantado en un mano a mano que falló y, apenas un minuto más tarde, otra irrupción de Xabi dejó a un atacante solo en el área pequeña, con todo a favor, y su remate se estrelló en el palo.

Sufrían los de Suso Santana ante un Dépor que había empezado la segunda mitad con una marcha más. Tocaba mover el banquillo, y el técnico blanquiazul lo hizo dando entrada a Ordu en lugar de Óliver, buscando frenar el aluvión.

Precisamente Ordu firmó la primera aproximación tinerfeñista del segundo acto, en el 58’, con un disparo lejano que tocó en un defensor y acabó en córner. Fue una señal de vida tras el descanso. Pero solo eso, un amago. Porque el Dépor volvía a la carga decidido a asestar su golpe. Y lo encontró en el 70, en una acción muy en la línea de lo que venía generando, aunque esta vez por el costado derecho. La jugada ganó profundidad hasta la línea de fondo y el centro raso, medido, halló a Lucas completamente libre de marca, que no perdonó, empujó el balón a la red de Herradura, silenció al Heliodoro y obligó a los blanquiazules a remar a contracorriente.

El Tenerife, que dio un paso al frente tras el gol encajado, se hizo con el mando y fue empujando al Dépor hacia su área. El dominio se tradujo en córners, centros laterales… pero sin una ocasión realmente limpia que obligara a intervenir a Anxo. El conjunto gallego, además, supo sufrir. Incluso cuando se quedó con uno menos por la expulsión de su lateral Guille Pastoriza, tras una doble amarilla casi consecutiva, resistió el asedio con orden. Al final, 0-1, punto final al sueño copero, en una tarde que deja poso y que marca un precedente para la historia de la cantera blanquiazul.

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