Fútbol canario
Pablo Sánchez Valerón: del CD Tenerife a la academia de Cristiano Ronaldo en Portugal
Un doblete a la Juventus cuando jugaba para la UD Las Palmas desató un sinfín de llamadas y pretendientes por el mediocentro de Ingenio, ahora bajo tutela del Sporting de Lisboa

Pablo, en Lisboa. / El Día

Aún no ha cumplido la mayoría de edad y ya ha lucido en el pecho los escudos de los dos grandes representativos canarios, ha jugado con la selección canaria en diversas categorías y ha tomado tal vez la decisión más importante de su vida, convertirse en un emigrante del balón para cumplir todos sus años. De Pablo Sánchez Valerón (Ingenio, 2009) no llama la atención solo su precocidad, también su determinación a la hora de ir reprogramando su ruta para acercarse a sus sueños, a los que no pone límites. «Por pedir, me gustaría jugar y ganar un Mundial», aduce desde Portugal, donde acaba de integrarse –proveniente del Tenerife– en la academia que lleva el nombre de un ídolo nacional en aquel país, Cristiano Ronaldo, a quien catapultó a la élite el Sporting de Lisboa. Pablo busca lo propio. Otro Valerón busca llegar tan lejos como ya imagina, solo que por un camino largo y que incluye la adaptación a un nuevo idioma, una nueva cultura y un nuevo estilo de fútbol. «Aquí, todo es diferente», apunta.
Las referencias sobre Pablo –siempre cerca de un balón, siempre cerca de la portería contraria– son inmejorables por parte de los técnicos que le pusieron la blanquiazul. Jony Vega y Manu Gámez creían que sería uno de los grandes nombres propios del Tenerife del futuro, pero si triunfa ya no parece que vaya a ser de blanquiazul. Por lo pronto, aspira a hacerlo en Lisboa, una nueva estación en una carrera de fondo, que empezó en casa. «Mi primer equipo fue el CD Ingenio, donde di mis primeros pasos primero en la escuelita y en prebenjamines», dice.
Su familia respira fútbol. «Mi tío era el presidente del Carrizal y estaba loco por que me fuera con él y que me vistiese de blanco; y como estaban todos mis amigos no me lo pensé dos veces. Ese fue mi siguiente equipo. Allí pasé dos años inolvidables porque fue donde me formé, y siempre diré que fue el equipo de mi vida, el que me lo dio todo», apunta. Yde ahí, a Las Palmas. «Cuando yo estaba en benjamines me llama la Unión Deportiva y pasé allí cinco años muy buenos, esa es la verdad. Recuerdo que jugué LaLiga Promises e hice dos goles contra la Juventus». El impacto mediático de aquel torneo ya le puso el escaparate. Y empezaron las llamadas, el interés de clubes potentes y la certidumbre de que debía estar preparado para todo. También para cambiar de orilla. «En cadetes las cosas no se dieron como yo planeaba y recibí la llamada de Manu Gámez, que estaba en el Tenerife. Tampoco ahí dudé y me fui con toda la ilusión», completa.
De blanquiazul, su trayectoria alcanza una nueva dimensión. Sentirse protagonista y con confianza sacó de Pablo su mejor versión. «Gracias a esa temporada fui a la selección, a todas las fases y campeonatos. Por eso le estoy muy agradecido al Tenerife; por cómo me acogió y porque, gracias a la apuesta que hizo por mí, pude ir con la selección. Y así también fue como salió la opción del Sporting».
Ya en Portugal, relata Valerón que todo «va genial». Su rutina en el Sporting es la de un equipo grande. Vive en una residencia, recibe clases telemáticas durante todas las mañanas y su día a día incluye «tres horas y media dedicadas exclusivamente al fútbol». Desde las 17:00 a las 20:30, todo gira en torno a un balón: entrenamiento en grupo, trabajo en gimnasio y reuniones con los técnicos para hablar de sí mismo, de su aportación al grupo y del proyecto colectivo.

Sánchez Valerón, en la academia del Sporting. / El Día
«El entrenador (Pedro) es muy cercano conmigo, muy estricto pero muy buen entrenador, con las cosas muy claras. El estilo de juego es una cosa completamente distinta a la que tal vez tuve en Tenerife o Las Palmas, pero con paciencia y con ganas todo está saliendo bien;no tengo quejas, al revés. Sí me cuesta el idioma, porque es más difícil de lo que parece, pero ahí vamos, aprendiendo», subraya desde una experiencia que le está cambiando la vida. Lejos de sus padres pero cerca de su gran sueño de fútbol, Sánchez Valerón está en una escuela que ya pulió a otros talentos. A sus 16 –hará 17 años en octubre– ha llamado la atención de los más grandes porque, cuando está inspirado, todo sale. Ya hubo cola de pretendientes tras su exhibición ante la Juve en el televisivo torneo de alevines que antes se celebra en Arona y ahora en Gran Canaria; e idéntica secuencia se repitió después cuando logró brillar «en un partido especial», el que el Tenerife jugó en el Anexo contra su exequipo. «Nos valía el empate y quedamos 1-1».
Lo que no cuenta es que su templanza con el cuero, su verticalidad y su facilidad para entender el juego le situaron entonces otra vez en el centro del foco. «Es verdad que hubo también otras opciones. Llamaron varios clubes importantes, pero me decanté por venirme a Portugal. Cuando me dijeron el nombre del Sporting, se me iluminó la mirada y no hubo mucho más que discutir. Yo quería formarme aquí», responde, aunque desde un absoluto respeto y gratitud al Tenerife. De sus días de blanquiazul recuerda las vistas que hallaba desde las ventanas de la residencia. «Es un sitio increíble, una ciudad deportiva que no tiene nada que envidiar a ninguna otra. Me acuerdo que, desde el cuarto, veíamos entrenar a los del primer equipo». Entre ellos a Aitor Sanz, con quien comparte agencia de representación y la pasión por este deporte.
«De pequeñito era extremo y en Las Palmas me colocaron ya en punta. En el Tenerife tiré más de 10, y creo que es donde me veo más seguro. Si bien en la selección me han probado muchas veces de nueve». Desde la polivalencia y la facilidad proverbial para el gol, dice Pablo que su gran referente es su padre y que disfruta viendo a otros canarios triunfar. «Ysobre todo a Pedri, que es increíble cómo juega». El de Tegueste demostró que se puede llegar a lo más alto sin perder el afecto por las raíces y la ilusión por un sueño, el que ahora tiene a Pablo en Portugal. «Me gustaría llegar a la élite y no me pongo límites». Por lo pronto, su sacrificio de emigrante ya tiene premio en el disfrute diario y la sensación de que pueda trazar el mismo camino de Cristiano, pero con acento canario y el apellido de Valerón.
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