Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

CD Tenerife

El whatsapp que le cambió la vida a Aitor Sanz

Si juega este sábado contra el Gualadajara, Aitor Sanz Martín se habrá convertido en el único futbolista de este siglo que llega a 400 partidos oficiales con el Tenerife. Pudieron ser muchos más si no lo evita una grave lesión, la que estuvo a punto de retirarle. Ahora sonríe. Le sobran los motivos.

Aitor Sanz.

Aitor Sanz. / CD Tenerife

Manoj Daswani

Manoj Daswani

Santa Cruz de Tenerife

399 partidos antes de llegar al CD Tenerife, Aitor Sanz Martín (San Agustín de Guadalix, 1984) no podía siquiera imaginar que iba a completar en el representativo una de las más bellas páginas de compromiso, lealtad a unos colores e identificación con un escudo que ha podido escribirse, con tinta blanquiazul, en el club que lleva el nombre de la Isla. De hecho, al principio ni siquiera quería venir. Aitor pensaba quedarse en el Oviedo, donde ya se sentía lo suficientemente arraigado y querido como para hacer carrera en el Tratiere. La insistencia de su mujer y la mediación de Álvaro Cervera le cambiaron el rumbo. Y la vida.

«Yo no quería cambiar de equipo. Esa es la realidad, pero mi mujer me abrió los ojos. Podía ser un salto muy importante en mi carrera, y sabía que venía a un club histórico del fútbol español, que me podía hacer crecer. Ahora bien, también tenía cierto temor y creía que, si no encontraba protagonismo ni peso alguno en el equipo, podía ser un paso atrás. La verdad es que tenía mis dudas y te reconozco que la despedida no estuvo exenta de lágrimas», recuerda el protagonista.

«Me llamó primero Álvaro, que tomó la voz cantante. Esto, incluso antes de acabar la liga anterior. Me transmitió que le gustaría contar conmigo y que era un jugador que le gustaba. Pero ahí quedó la cosa. Luego fue Quique Medina el que se puso en contacto con mi representante y la cosa no estaba clara, ni mucho menos. No terminábamos de llegar a un acuerdo pero mi mujer, otra vez ella, me sugirió mandarle un mensaje al míster. Y eso hice».

Sus palabras

El relato de Sanz Martín revela las dudas iniciales, la incertidumbre del que no sabe dónde va y los nervios de un futbolista que ya estaba muy curtido (San Sebastián de los Reyes, Zamora, Real Unión y Oviedo)pero que tenía mucho por aprender. «Es en Tenerife donde me hago futbolista, donde empiezo a entender el juego de verdad. ¿A qué me refiero con eso? A decidir cuándo puedes arriesgar y cuándo no, los momentos de dosificarte, la manera de interpretar cada partido. Eso solo te lo da el tiempo, y también la coincidencia con entrenadores que me han marcado y me han hecho mejor», añade.

El actual capitán y emblema blanquiazul ha tenido técnicos de casi todas las escuelas, edades y procedencia. Según cuenta, no solo le dieron aprendizaje y reflexiones certeras aquellos con resultados exitosos, como Ramis o Martí; también otros como Agné, al que guarda mucho cariño. Obviamente, el nombre de Cervera es el que está más presente en esta singladura ya próxima a su final, pero todavía sin fecha de caducidad definitiva. «¿Si seguiré? Si me siento bien y el club entiende que puedo seguir ayudando, lo haré; y si no, se habrá acabado y la idea es seguir vinculado al fútbol», responde.

Estreno con derrota

Aitor Sanz aún se acuerda de su primer partido, en el Municipal de Santo Domingo, contra el Alcorcón. Pero apenas tiene alguna vaga noción de los siguientes que trajeron consigo un hito con números redondos. El 100, el 200, el 300... «Es que yo no le daba tanta importancia a ir cumpliendo etapas ni tampoco era consciente de aquello. Me he centrado siempre en el proceso. Obviamente, nunca imaginé llegar a tanto en un mismo sitio y con un mismo club».

Llama la atención que Aitor haya olvidado algunos pasajes teóricamente trascendentes. Por ejemplo, cómo fue el primer día o el primer entrenamiento. «Sí recuerdo que llegué al hotel Escuela y allí coincidí con algunos compañeros: Raúl Cámara, Carlos Ruiz... y también me acuerdo del primer partido, en Alcorcón, con derrota». Justamente el cuadro madrileño ha sido uno de los que más veces tuvo como adversario:16. Sin embargo, el equipo al que se enfrentó en más oportunidades fue el Zaragoza, con 18 cruces. Y no muy lejos entre sus adversarios más repetidos está Las Palmas. Aitor jugó 14 derbis. Ganó seis. Los afrontó como un chicharrero más.

«Ahí donde fueres, haz lo que vieres», subraya. Amante de los paseos por el monte, de perderse por Anaga o por La Orotava, de los Carnavales (cuando se puede)y de disfrutar la ciudad con sus niños, a Sanz solo le falta expresarse con acento canario para pasar por un tinerfeño más.

Y ahora que ya han pasado los años (más de diez) y las temporadas (una en blanco por la lesión, pero el resto con altas dosis de protagonismo), el gran capitán hace un balance eminentemente positivo. Y feliz. «Sabía que Tenerife iba a ser para mí un cambio en todos los aspectos, pero no un cambio que me cambiase tanto la vida. En la Isla se vive muy bien. Muchas veces ya he dicho que yo soy muy de implicarme en los sitis; de hecho, era capitán y por eso me daba cosa salir de Oviedo, y también porque intuía que ese club iba a ir hacia arriba. Ahora sí creo, sin ningún género de duda, que venir a la Isla fue tomar la decisión correcta», sentencia.

Evolución

En este tiempo, dice, ha evolucionado mucho como futbolista. «Dicen por ahí que hacen falta 10.000 horas de entrenamiento para entender completamente este juego. No sé si llevo tantas, o si lo comprendo por completo, pero claro que he cambiado respecto al del inicio. Todos lo hemos hecho alguna medida», aduce. Y pone como ejemplo al míster Cervera. «Ahora le veo más tranquilo, menos visceral. Y por supuesto mucho mejor entrenador; creo que también ha cambiado su estilo, lo reconoce también él».

Aitor Sanz.

Aitor Sanz. / María Pisaca

Fue Álvaro precisamente el hombre que quiso llevárselo a Primera División, al Cádiz, pero Aitor tenía contrato en vigor con el Tenerife y no se dieron las circunstancias para una salida. Con perspectiva, parece que entonces la oportunidad se le esfumó para siempre. «Es la gran espinita que todos tenemos clavada con Aitor; merece haber jugado en la máxima categoría. Le hemos disfrutado nosotros, se le reconoce ahí donde ha ido, pero obviamente su trayectoria habría tenido mayor impacto si llega a jugar en la élite. Yes algo que obviamente merecía», anota el míster.

Opina de igual manera su hombre de confianza, su agente de toda la vida, Iñaki Espizua. Asegura el representante que Aitor «está sorprendiendo a todos» con su rendimiento y su carrera longeva. Que mejore con los años, como el buen vino, es algo que asombra incluso a quienes más le conocen. «Este año está destacando en la faceta anotadora, algo que no esperábamos», sugiere. Pero de la leyenda blanquiazul destaca sobre todo su carácter competitivo –«es el que más en todo el vestuario», respondía hace unos días el canterano César– y haber dejado atrás una lesión que casi le entierra. «A todos nos sorprendió que saliera adelante como lo hizo, volviendo a dar incluso un nivel superior al que ya tenía;es cierto que llegamos a pensar que no volvería», reconoce uno de los fisioterapeutas que le trató, Luis Plasencia.

Aitor rememora aquellos episodios de tristeza por no poder ayudar, lleno de dudas respecto al que sería su futuro más inmediato. Muchos llegaron a visualizar una retirada definitiva que se habría producido de la peor manera, sin poder decir adiós sobre el césped. Pero una visita al doctor Mikel Sánchez, en Vitoria, lo cambió todo. «Tuve la suerte de encontrarle», explica el mediocampista, quien halló la receta que buscaba. Eso sí, de nada habría valido sin su capacidad para el sacrificio, exigencia y trabajo a toneladas. «Recuerdo que hacía hasta tres sesiones al día;la intención era fortalecer al máximo la rodilla, y eso hicimos».

El regreso tras la lesión

Así que Aitor volvió. Lo hizo cuando ya nadie daba un duro por su regreso. Y volvió a ser importante. Nunca quiso estar de adorno, ni de relleno. De hecho, fue este uno de los argumentos que puso sobre la mesa cada vez que tuvo que renovar, en las últimas ocasiones ya no por dos o tres años, sino «de temporada en temporada». Cuando se aproximaba el invierno, empezaba a asumir que el final ya era inminente, e incluso llegó a ser un pensamiento que le atormentó por momentos. Pero pasaban los partidos, iba sumando sensaciones, se acumulaban las titularidades, crecía su grado de responsabilidad... Y llegado junio, volvía a renovar.

Ahora ya no se atreve a decir con claridad meridiana y seguridad absoluta que éste vaya a ser su último año. No piensa en los récords, ni en el partido 400 que cumplirá este sábado, tampoco en superar la cifra que parecía inalcanzable, la de Molina. Hombre de objetivos colectivos, persigue un ascenso que parece a la vuelta de la esquina. «Estamos disfrutando», dice. «De las sensaciones del equipo, de la evolución del proyecto, de la felicidad de la gente, de llegar a cualquier campo en la Península y verlo lleno de aficionados del Tenerife».

El 16 blanquiazul nunca imaginó que venir a la Isla le daría la oportunidad de visitar La Zarzuela y estrecharle la mano al Rey;de jugar eliminatorias increíbles como la del doble triunfo contra Las Palmas; de sentirse tan querido que le llaman de los colegios y escuelas de toda la Isla para dar clases de valores;de haberse hecho convertido en un icono para siempre.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents