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Fiesta en el Heliodoro de camino al ascenso

El Tenerife enlaza su sexto triunfo y ahora le saca 12 puntos al segundo. Partido con seis goles y dos penaltis, uno parado por Dani. Los blanquiaules se ponen con 3-0 en el minuto 22, el Castilla reacciona y el debutante Valles redondea el 4-2 en el alargue.

Julio Ruiz

Julio Ruiz

Santa Cruz de Tenerife

El Tenerife de Álvaro Cervera ya ha demostrado que no falla cuando se pone con ventaja en el marcador. Esta temporada, en Primera RFEF, ha marcado 17 veces antes que el rival y el peor desenlace fue un empate, el de Lugo. Si cumple esa parte del plan con un tanto en el tercer minuto de juego, como pasó en el encuentro con el Castilla, ya tiene mucho terreno conquistado. Casi todo. Y si repite con otra diana en el 18' y amplía la renta con una tercera en el 22', acaba convirtiendo el trámite en diversión. Una diversión que tuvo un tramo largo de incertidumbre. Porque el filial reaccionó y llegó a ponerse con 3-2 en el arranque del segundo tiempo. Pero los más de 17.000 espectadores que asistieron al Heliodoro terminaron disfrutando de un clima de preascenso en enero, con el colofón del cuarto gol de los locales anotado por el debutante Gastón Valles de penalti. Y no es para menos. El líder ya le saca 12 puntos al segundo clasificado.

Pegada demoledora

El partido rompió pronto del lado del Tenerife. No tardó ni tres minutos en marcar. Salió al campo con intensidad, dispuesto a presionar en el centro del campo para recuperar y transitar a toda prisa, y ese método le sirvió para confirmar que el camino elegido era el correcto. Porque la puesta en escena del Castilla había sido la de un equipo valiente, decidido, con toque, empeñado en avanzar con posesión. Pero también la de un rival frágil en defensa. Toda una invitación para un Tenerife especialista en desbloquear este tipo de encuentros. Su primera media hora fue demoledora. En el 22’ ya iba ganando por 3-0. En ese momento, el duelo pareció estar resuelto. Pero el paseo no fue tan cómodo.

La secuencia inicial fue desesperante para el filial del Real Madrid. Caía en la trampa una y otra vez y casi siempre con el balón en el fondo de su portería. Los blanquiazules sabían que cualquier robo iba a abrir una autopista hacia un desprotegido y fallón Fran González. De esa manera cayó el 1-0. Recuperación y pase en profundidad para Enric Gallego, que encaró al portero y apuntó pero no lo suficiente para anotar en el mano a mano. La bola tocó en el poste y fue a parar a Jesús de Miguel, que completó la obra con más acierto que su compañero. Sacudida tempranera celebrada por un Rodríguez López receptivo a la fiesta.

Y como quien no aprende con una primera lección, el Castilla siguió con lo mismo. Era su estilo y no lo iba a cambiar por mucho que se cruzara por su camino un Tenerife voraz, pensado a medida para esa situación. Por eso no sorprendió que al rato volviera a golpear. De nuevo un pase cortado y un centro raso al pasillo, esta vez con Landázuri como atacante. El ecuatoriano se plantó delante de Fran y remató al cuerpo del portero, pero el balón quedó suelto y lo capturó Alassan para firmar el 2-0 (18'). Primer tanto del canterano en el Heliodoro.

Y cuando parecía que la fórmula ya podía estar agotada, o que el Castilla iba a saber contrarrestarla, irrumpió Enric Gallego para ampliar la diferencia: 3-0 en el minuto 22. Estuvo donde debía para cazar un despeje en corto del guardameta después de un tiro cruzado de Jesús de Miguel.

El equipo de Julián López de Lerma parecía desconcertado. Y los blanquiazules se frotaban las manos por la goleada que había empezado a coger forma. El decimosexto triunfo de la temporada no tenía pinta de correr peligro. Menos incluso cuando Gallego superó de nuevo a Fran González tras enriquecer un centro desde la banda izquierda de Alassan (39'). Fue un gol que no valió por la posición de fuera de juego del ariete. Nada que en ese momento generara preocupación en la grada. Casi daba igual un 3-0 o un 4-0 dadas las circunstancias.

La reacción del Castilla

Pero el partido dio un giro a partir de ahí. Mérito de un Castilla que no se descompuso a pesar del resultado, que perseveró en su idea, como si el partido fuera 0-0. En esa dinámica, de camino al descanso, el filial blanco consiguió algo que el Tenerife no le había permitido, maniobrar en el área contraria. Y ahí es un rival peligroso. Con un par de toques y una genial asistencia de Pitarch, Loren Zúñiga puso la primera piedra de una posible remontada (3-1, m. 41). Dani Martín no pudo evitar el gol. Pero sí lo hizo unos minutos más tarde, en el alargue del primer tiempo. Ni más ni menos que desviando un lanzamiento de penalti ejecutado por Palacios. Chut raso a la izquierda del gijonés y mano justo a ese lado. La grada lo celebró como si hubiera marcado su equipo. El penalti había sido señalado por Tárraga Lajara tras la revisión de la jugada en la pantalla, al atender la petición del Castilla ante la insistencia de Zúñiga, que había caído en el área blanquiazul por un contacto con Aitor Sanz. El árbitro pasó de pitar inicialmente una falta en ataque por mano, a castigar al Tenerife con la pena máxima. Al Castilla se le había presentado la oportunidad de terminar la primera parte con un mal menor, pero Dani se encargó de sacar del susto a sus compañeros.

El penalti fallado fue una decepción para el filial, pero también la constatación de que seguía metido en el partido, que iba a poder competir por sumar. Con esa idea regresó al césped tras el intermedio. Y se las arregló para compensar pronto el chasco protagonizado por Palacios. El mismo jugador borró ese mal recuerdo con un gol en el minuto 46, un tanto marca de la casa, de precisión, velocidad y definición. Esta vez sí, con 3-2, ya nadie daba por resuelto el encuentro. Silencio en el estadio.

El Tenerife tardó un poco en volver a aterrizar, en adaptarse al nuevo escenario. Había pasado, de repente, de la fiesta al sufrimiento. Pero también sabe desenvolverse en ese terreno. Y poco a poco fue recuperando el pulso para que el partido se jugara en dos direcciones. Cervera intervino con un primer cambio en el minuto 57: Noel López por Jesús de Miguel. El pontevedrés, canterano del Real Madrid no hace mucho, envió al poste el primer balón que tocó (58'). Y en su siguiente intervención culminó un contragolpe que atenuó con apuros el portero blanco (63'). Un par de avisos que reactivaron al Tenerife en su intento de neutralizar a un creciente Castilla, todavía con margen para que el filial, que ya se estaba tomando las cosas con más calma, teniendo claro que en algún momento iba a disponer de una opción para marcar su tercer gol.

Mientras, con el pulso más trabado, Cervera siguió aportando soluciones sobre la marcha. En el minuto 67 quitó a Alassan para decantarse por el debutante Gastón Valles. Y en el 75, Juanjo y Jeremy por Fabricio y Gallego.

Expulsión y gol de penalti

La recta final allanó el camino para los blanquiazules. Lo hizo en realidad Joan Martínez con la participación del árbitro, que decidió castigar al defensa con una tarjeta roja directa por una entrada sobre Nacho al borde del área (84'). La expulsión tiró definitivamente del Tenerife y del público para terminar de sellar la victoria. Para completar una tarde que tuvo casi de todo, para disfrute de la afición, el Heliodoro pudo botar de verdad, como en los buenos tiempos, con el cuarto tanto blanquiazul, obra del recién llegado Gastón Valles, gracias a un penalti cometido sobre Jeremy Jorge. Nacho, generoso, se lo cedió al uruguayo.

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