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CD Tenerife

Aitor Sanz y su confesión sobre la retirada: "Está muy cerca, pero antes me agobiaba pensarlo y ahora no"

El capitán deja en el aire su continuidad más allá de esta temporada, pero subraya que el tinerfeñismo «se merece un gran alegrón» en este recién iniciado 2026

Aitor Sanz, en la puerta de Herradura, en los aledaños del Heliodoro.

Aitor Sanz, en la puerta de Herradura, en los aledaños del Heliodoro. / CDT

Manoj Daswani

Manoj Daswani

Santa Cruz de Tenerife

Aitor Sanz Martín (San Agustín de Guadalix, 1984)comienza el año que puede brindarle un sitio de oro y brillantes en la historia del CD Tenerife, equipo al que habrá defendido más veces que nadie en cuanto supere los 413 partidos oficiales que marcó Alberto Molina. Palabras mayores. Pero el gran capitán no piensa en los récords, ni en los hitos personales;solo en «disfrutar del camino» y en hacer realidad el gran anhelo de todo el tinerfeñismo, que se merece «un gran alegrón» en el 2026 recién comenzado. Sanz prefiere «no visualizar nada, y sí centrarse en cada momento»de los pocos que le quedan a su exitosa trayectoria profesional, en la que superó una lesión grave y se granjeó la admiración unánime de compañeros y rivales. «¿El día de la retirada? Está muy cerca», responde, aunque prefiere no verbalizar si será al término de esta campaña o al final de la siguiente.

«Sí tengo más o menos claro que quiero seguir ligado al fútbol, porque me gusta mucho y creo que se me da bien. ¿El día de la retirada? Está muy cerca. Si no es al final de esta temporada, será el que viene. Los últimos años he vivido convencido de que esto ya se acaba, de forma inmediata pero luego, por lo que sea, he decidido seguir jugando y renovar año por año. Me siento un privilegiado. Si me veo con fuerzas y si el club lo ve necesario, puede que siga; y si no, pues a disfrutar lo que queda, que espero que sea bueno», sugiere.

«Antes sí me agobiaba pensar en la retirada. Lo he pensado mucho siendo más joven, y me ha generado un momento de ansiedad bastante grande, pero en los últimos años no. He interiorizado tanto que se acerca el final, que ya lo tengo asimilado. Busco solo disfrutar, y que la vida venga por donde quiera. ¿Para qué vamos a ocuparnos del futuro? Mejor hacerlo del presente», indica Sanz en su primera aparición pública del nuevo año, que empieza para el madrileño con la sensación de que el club sí está ahora en buenas manos. Después de una etapa de mucho desgaste personal, la que trajo consigo el descenso, Aitor ha empezado a percibir que los nuevos dirigentes han traído nuevos bríos y también una forma distinta de hacer las cosas. «Parece que no van a hipotecar las cuentas del club, ni van a vender a los jugadores de la base que sean potencialmente interesantes para armar un proyecto bonito de futuro», afirma.

Un deseo, el ascenso a Segunda por la vía rápida

Respecto a sus deseos para el recién descorchado 2026, el emblemático jugador madrileño pide salud, momentos felices «dentro y fuera del terreno de juego»y, por supuesto, el gran éxito colectivo que sería volver a Segunda División por la vía rápida. «Esperamos que sea el año que el tinerfeñismo se lleve el gran alegrón que merece;en los dos últimos años de posible ascenso sí los visualicé mucho, y ahora prefiero no hacerlo», confiesa. «El objetivo es muy bonito, pero el proceso lo es todavía más;vamos a centrarnos en eso. Ponerte a imaginar de antemano lo que puede pasar hace que te pierdas lo que está ocurriendo en el momento presente, que es muy bonito. Es ver que vamos fuera de casa y hay un montón de gente a nuestro lado;disfrutemos de eso, que la gente se lo merece», receta el centrocampista, que registró antes del parón invernal su partido oficial número 395 con esta camiseta.

El Heliodoro

El año que comenzó ayer será también especial para el gran santuario del tinerfeñismo, que cumple mañana 100 años de la disputa de su primer partido oficial (acabó con un 2-0 del CD Tenerife al Puerto Cruz). «Difícil definir qué significa para mí», apunta Aitor. «Jugar aquí es un regalo, es un estadio que tiene un aura especial. No es el primer o segundo entrenador que lo dice, que el Heliodoro tiene algo diferente; y cuando ya se convierte en tu casa, es un lujo trabajar aquí y disfrutar de este maravilloso escenario», explica Aitor. «Llega a ser adictivo», cuenta sobre una costumbre -la de jugar de blanquiazul- que ha vivido más veces que casi ningún otro futbolista. En partidos oficiales, Sanz ya ha superado a Toño y Suso; por delante, ya solo avista a Molina.

Según cuenta el propio Aitor, su forma de tomarse su profesión, sus hábitos y costumbres han ido cambiando conforme han transcurrido los años. También ha cambiado su rol y su manera de ejercer la capitanía. «No suelo tener rutinas para los días de partido. Intento evadirme, estar con los hijos y echar una siesta si se puede. Pero en la caseta sí que hay un poco más de ritual. Ahí me gusta tomar un café tranquilo, hacer mi trabajo de activación, repasar todos los conceptos y también estudiar bien el mensaje que quiero mandar al resto de los compañeros. Cada partido tiene sus cosas específicas que remarcar», sugiere.

Sobre esa conjura que ya se ha convertido en una imagen icónica de cada partido, con Aitor en el centro de la piña junto a sus compañeros, responde que «son momentos bonitos, en los que uno intenta expresar lo que siente en ese momento».

Cuenta Sanz que el propósito es que esas consignas «sean dirigidas a los compañeros en relación a las particularidades que tiene el partido en sí». Es un momento de intimidad que el capitán prepara con cierta antelación. «Intento transmitir lo que pide esa jornada, ese partido, y pedirles [a los demás fubolistas] intensidad, energía y ambición por esta camiseta», resume.

A sus 41 años, Aitor reitera que ha «cambiado muchísimo» la forma de cuidarse. «Cuando era joven, era también más alocado, y hacía cosas de las que luego puedes llegar a arrepentirme. Me he vuelto más sereno y más calculador; ahora sé dónde puedo equivocarme y dónde no», enuncia. En un recorrido a través de su propia carrera, expresa el centrocampista blanquiazul que «el punto de inflexión es en el momento de salir de casa para ir al Zamora», rival al que el representativo visitará en dos semanas, en el cierre de la primera vuelta. «Allí ya intuí que podía llegar a ser profesional. Y al final, he tenido la suerte de vivir de esto», responde.

La extraordinaria madurez del 16 blanquiazul está presente en cada una de sus respuestas. Y también en cada una de las decisiones que ha ido tomando para forjar una carrera perfecta. ¿Qué hizo con su primer salario? Ni excesos, ni excentricidades, sugiere. «Empecé a ahorrar para la compra de una casa, abrí una cuenta vivienda, más allá de poder comprarme las cosas que le gustan a un chaval de esa edad, por ejemplo las zapatillas que estuviesen de moda en aquel tiempo. En casa nunca ha faltado de nada, y tampoco ha sobrado, y hemos mirado siempre a lo lejos y no fundir las cosas rápido».

Ídolos

Sanz vive con naturalidad pero también con mucha satisfacción que se haya convertido en un ídolo para los más pequeños;y relata que sonríe cada vez que se encuentra a un niño o niña blanquiazul «con la camiseta del Tenerife puesta». En sus años en la Isla, donde prevé quedarse y echar raíces, ha ido comprobando «cómo antes era muy difícil superar los 10.000 [espectadores] en cada partido en casa y, de repente, se ha roto la barrera de los 14.000 y los 15.000».

«De pequeño, muy pequeño, mi ídolo era Míchel porque siempre he tirado un poco para el Madrid. Pero también Fernando Redondo, y luego Xavi Hernández y Xabi Alonso», cuenta sobre sus propios referentes. Es entonces cuando surge una anécdota inesperada en las declarciones del capitán. «Recuerdo siendo muy pequeño que un primo mío hizo un viaje a Tenerife y como era muy fanático del fútbol, me trajo una camiseta del Tenerife. Paradoja que, tanto tiempo después, estoy aquí feliz jugando y viviendo».

«Antes jugaba al fútbol, pero es cuando llego aquí que empiezo a comprender el juego. No es lo mismo hacer un control, un remate o un tiro a puerta, que entender dónde tienes que situarte, dónde apretar, cuándo dejarle espacio, cuándo replegar… Eso es lo realmente importante. Dicen que se necesitan 10.000 horas de trabajo para llegar a entender el fútbol, y en mi caso aún hay cosas que seguro se me escapan», completa. Desde su primer día en la Isla, donde coincidió con Raúl Cámara y Carlos Ruiz en el hotel Escuela, ya han pasado 395 partidos. Yaún quedan muchos más.

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