Hasta los peores años pueden acabar bien: los dos extremos del Tenerife en 2025
Desde enero hasta junio, el representativo atravesó un calvario que acabó en el drama del descenso
En Primera Federación, ha despedido el año arrasando y apunta a regresar a Segunda por la vía rápida

Maikel Mesa celebra junto a sus compañeros su tanto de penalti frente al Ourense. / Andrés Gutiérrez

Impotente de enero a junio y exultante de septiembre a diciembre. Las dos caras de un CD Tenerife que ha pasado de un extremo a otro en una montaña rusa, la de 2025, que ha tenido de todo: el regreso de Cervera (presentado en diciembre del 24 pero que debutó a principios de año), el desembarco de Felipe Miñambres (primero como director general y ahora como presidente), una reestructuración profunda en la Dirección Deportiva, cambios en el Consejo de Administración, tres juntas de accionistas y dos plantillas radicalmente distintas. En el campo, de un equipo comprometido pero incapaz que perdió la categoría en la 24/25 a otro colosal: el de la 25/26 que arrasa en la categoría. De uno más en Segunda a gigante en Primera Federación.
En el bruto de partidos, para empezar, el Tenerife de la segunda mitad de la 24/25 disputó 23 partidos de Liga. Cervera dirigió todas las jornadas desde la 22 hasta la 42 (ambas incluidas) a la vez que las 14 y 19, duelos contra Levante y Deportivo que habían sido aplazados meses atrás. A las órdenes del todavía técnico blanquiazul, que heredó de Óscar Cano y Pepe Mel a un equipo en las catacumbas de la Segunda, el representativo mejoró notablemente en imagen. Los resultados, sin embargo, no alcanzaron para obrar el milagro de la salvación. Apenas seis triunfos (26%) por siete empates (30%) y diez tropiezos (44%).

La plantilla de la 24/25 pide disculpas a la afición tras consumarse el descenso. / Andrés Gutiérrez
La montaña rusa
Con Cervera, de hecho, el equipo llegó a estar más lejos que nunca de la salvación. A 17 puntos tras perder a domicilio contra el Mirandés a finales de febrero, mientras que la reacción que llegó justo después (cuatro victorias en cinco partidos en un parcial solo empeorado por una nefasta actuación arbitral que costó a los insulares la derrota en su visita al Racing de Santander) solo bastó para dejar la permanencia a nueve puntos de distancia. La racha se rompió en el empate en el Heliodoro Rodríguez López contra el Burgos. Un partido de 0-0, el del famoso gol anulado por fuera de juego de Ángel Rodríguez, quien estando adelantado hizo por rematar de cabeza. Un salvavidas para cantero, que se había tragado el centro-chut de Luismi Cruz.
Fue el principio del fin. El de 12 temporadas seguidas del cuadro capitalino en la segunda categoría nacional. La racha no se rompió con el soñado ascenso, sino en el desastre de un descenso con final traumático y agónico a partes iguales. Ninguna victoria en las últimas ocho citas del campeonato y tres derrotas en los últimos tres partidos. ¿El trago más amargo? Bajar por televisión viendo cómo Dani Gómez marcaba para el Zaragoza en el minuto 97 de un partido que culminó a las diez de la noche de un sábado y tener que jugar al día siguiente en la Isla contra el Ferrol. Ese partido, entre dos descendidos, fue un funeral.
Pese a la esperanza de la tarde del 2 de enero, en un entrenamiento a puertas abiertas al que acudieron cerca de 2.000 aficionados, la dirección técnica de Cervera y la ilusión del tinerfeñismo, la tozudez de los números desbarató el milagro. Solo 21 goles a favor por 26 en contra y 25 puntos de los 69 en juego. No solo no se produjo el vuelco necesario en la conversión de puntos, sino que en la segunda mitad del curso apenas se sumó un 36% del total en juego, cuatro puntos porcentuales menos que el 40% que se necesita en agosto para llegar a los famosos 50.

Ángel Rodríguez se lamenta durante el partido entre Tenerife y Burgos de la temporada pasada. / María Pisaca
Un final inmejorable
Con una apremiante necesidad de ahorro y reducción en el gasto de la plantilla, pero aun así en calidad de equipo rico en el marco de la Primera Federación, Manu Guill y su equipo apostaron por la continuidad de Cervera y construyeron, casi desde cero, una plantilla llamada a campeonar. Si bien el camino sería largo y angosto, la humildad del discurso oficial no tapaba que el Tenerife no solo estaba obligado al ascenso, sino además a «estar siempre arriba», como había reconocido el propio Cervera.
Las prisas no fueron nunca un problema, fundamentalmente porque después de una pretemporada low cost y con solo dos duelos de verdadera exigencia (ambos contra Las Palmas y el segundo de ellos casi improvisado) vino un comienzo liguero fulgurante: seis triunfos consecutivos de salida y sin un solo gol en contra en las primeras cuatro jornadas. El Madrid Castilla, en la quinta solo pudo perforar el marco de Dani Martín bien entrado el segundo tiempo.
El mejor arranque de la historia de la categoría no fue un espejismo. Ni siquiera el bache que llegó después, un uno de nueve que puso a prueba la fiabilidad de la escalada blanquiazul hacia el fútbol profesional, pudo frenar a un representativo desmelenado. Un coloso en la tercera categoría que se ha marchado al parón navideño con cinco puntos más que el segundo, un Celta B al que aplastó en el Rodríguez López a mediados de noviembre (4-0) y 11 más que el quinto, el último de los equipos que juega promoción de ascenso.
Las cifras del gigante
Las cifras totales son casi impecables: 12 victorias (71%), dos empates (12%) y solo tres derrotas (17%) 32 goles a favor y solo diez en contra. El Tenerife es el mejor equipo de los dos grupos en puntos y en tantos a favor y solo el Sabadell ha recibido menos. Las 38 unidades sobre 51 en juego hacen un 74,5% de los puntos en juego sumados. A este ritmo, los insulares alcanzarían las 84 unidades una vez concluidas las 38 jornadas. Dos más que el récord absoluto que comparten el Racing de Santander de la 21/22 y el Castellón de la 23/24.
En el apartado individual, el vuelco es también considerable. Entre los futbolistas que siguen destacan la recuperación de un José León que desapareció la pasada campaña, la consolidación de David como un sólido y polivalente defensa y de César como un lateral profundo e hiperactivo, la eternidad de Aitor Sanz o el rendimiento de un rejuvenecido Enric Gallego. El catalán vuelve a amenazar el área rival. Lo mismo que De Miguel, que sobresale entre los fichajes y es pichichi del equipo con nueve dianas.
De los que han llegado, ilusionan también el incansable Juanjo Sánchez y el talentoso Nacho Gil. Para muchos, el mejor jugador del equipo hasta ahora. Dani Martín se ha adueñado de una portería que la pasada temporada defendieron hasta tres guardametas (Tomeu Nadal y Salvi Carrasco sin éxito hasta diciembre, cuando Badia elevó ostensiblemente el listón). La sorpresa positiva es Fabricio Assis, fichaje de perfil bajo ahora establecido en el once y goleador reciente. En Lugo por partida doble.

Comparación entre los números del Tenerife de enero a junio y de septiembre a diciembre. / El Día
El pequeño grupo de decepciones
En un verano con 15 fichajes, los sinsabores son inevitables. El más extraño es precisamente el más reciente. Álvaro González pasó de incorporación estrella y fijo en las primeras semanas a desaparecer del once tras ver la quinta amarilla en el duelo frente al Barakaldo y desvincularse incluso antes de que se abriera el mercado en enero. Tampoco ha encajado Cris Montes, otra de las llegadas más ilusionantes, pero que no termina de convencer a Cervera. Sí lo hace Calavera, que aunque gusta al míster no ha estado fino en sus apariciones y por el que ya preguntan clubes de Primera Federación. A Javi Pérez y Marc Mateu les han frenado sendas lesiones que se han alargado mucho más de lo previsto y otros, como Noel López, Balde o Zoilo han combinado titularidades con suplencias.
Con todo, numerosos son ahora los argumentos para despedir el año natural con la esperanza y la ilusión de que la 25/26 concluya con final feliz. A lo lejos, Cervera divisa a través de las lentes de sus gafas un ascenso que devuelva al Tenerife a donde merece estar, como ha repetido en infinidad de veces. A ese lugar en el que pretendía dejar al club de su tierra cuando asumió el cargo hace justo un año. Sabía que era difícil, pero de verdad creía que era posible. Ahora, tiempo y trauma después, su equipo ha conseguido recordar al tinerfeñismo que hasta los peores años acaban en diciembre. Algunos de los peores, como este, incluso acaban bien.
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