Los orígenes de Dani Martín, el vuelo de un portero
El gijonés empezó a entrenar como portero, siendo un niño, cuando Marino Bacallado le propuso que probara hace 20 años, en los tiempos en los que era compañero de su padre, Miguel Ángel, en un Lanzarote que jugaba en Segunda B. "Desde el primer día vi que tenía algo", recuerda el exblanquiazul.

Dani Martín, en un entrenamiento. / CD Tenerife

"Fue verlo y decir: El niño es bueno, se le da la portería". Marino Bacallado, guardameta canterano del CD Tenerife de mediados de la década de los 90 e histórico de la UDLanzarote –14 temporadas–, debió pronunciar esa frase hace ya unos 20 años, en 2005, cuando animó al hijo de su compañero de equipo Miguel Ángel Martín a que probara en uno de los entrenamientos de la base del club lanzaroteño que él mismo supervisaba, los específicos de su puesto. Ese chico juega ahora en el Tenerife. Se llama Dani y se apellida Martín. Su vocación, en aquellos momentos desconocida, fue aflorando poco a poco, de manera natural, gracias a casualidades del destino como la complicidad de Marino. Como recuerda quien fue su primer maestro, "tenía algo innato; instinto".
Las vidas de Bacallado y Miguel Ángel confluyeron a partir del verano de 2004. El arquero ya llevaba unos años protegiendo la meta del Lanzarote en Segunda B y el defensa se había unido al equipo como fichaje procedente del desaparecido Pájara Playas de Jandía. Martín ya un futbolista veterano, de 32 años, y había encontrado en Canarias un destino para alargar una carrera desarrollada, principalmente, en equipos de su Asturias natal, como el Sporting B, el Avilés Industrial o el Caudal. En el plano personal, Miguel Ángel se diferenciaba de la mayoría de integrantes de la plantilla del Lanzarote porque ya era padre. "Conocí a Dani de pequeñito, tendría seis o siete años", rememora Marino. "Mi relación con Miguel siempre fue muy buena, desde el primer momento. Aparte de que fue un buen futbolista, es un tipo espectacular. Cuando él regresó a Gijón con su familia, seguimos en contacto. De hecho, nos hemos visitado. Ycuando me escribió en verano para decirme que Dani iba a fichar por el Tenerife, me llevé una gran alegría", continúa Bacallado.
"Papi, déjame ir con Marino"
Al ser aquel Lanzarote un grupo tan unido, ya era algo habitual que el hijo de Miguel Ángel asistiera a los entrenamientos o a los almuerzos que organizaban los futbolistas. Casi era uno más. Por eso, Bacallado le propuso al niño que se integrara todavía más. Sabía que, de mayor, deseaba ser jugador y una tarde le preguntó si quería participar en uno de los entrenamientos que estaba dirigiendo en el club lanzaroteño, destinados a jóvenes porteros. "A Dani le pareció buena idea. Papi, déjame ir con Marino, le dijo a su padre. Y Miguel Ángel bromeaba conmigo y también con su hijo. Nos respondía: De eso nada, lo que tú quieras, menos portero. E insistía: Mari, no te lo vas a llevar. Pero un día fui a buscar al chico y lo llevé a entrenar. Y en esa primera vez, siendo él menudo, le vi gestos innatos, hacía cosas que no le tenía que enseñar. Pensaba: Mira el fisco este... Y al día siguiente se lo comenté a Miguel:Chacho, el pibe me gustó, tiene cositas de portero. Pero él seguía con su idea: Olvídate, Mari, que no te lo vas a llevar, que no va a ser portero..." . Así resume Marino el origen de la vida de Dani Martín como guardameta.
Era una función en el campo que no convencía del todo a Miguel Ángel. "A él le parecía que los porteros sufren mucho, entre otras cosas porque solo juega uno. Es lo típico, muy pocos padres quieren que sus hijos sean porteros, porque es un puesto ingrato. Y Miguel me lo decía en broma, pero dio la casualidad que el primer día ya le vi cositas. Luego volvieron a Asturias, Dani empezó en la cantera del Sporting y llegó a debutar con el primer equipo", destaca.
"Fue una alegría increíble", añade. "Pude ver las fotos que colgó su madre y me pareció increíble que hubiera jugado con el equipo de su tierra. Es gente que lo merece, humilde, súper buena; y él es igual como portero y deportista".
Ese estreno se produjo el 19 de septiembre de 2017 en una eliminatoria de la Copa del Rey jugada ante el Numancia en el estadio El Molinón. El Sporting, entrenado por Paco Herrera, cayó eliminado en la tanda de penaltis después de un 1-1 en los 120 minutos de juego.
En la temporada siguiente, Dani amplió su experiencia con nueve actuaciones más con la escuadra gijonesa. Convertido a esas alturas de su carrera en una promesa, en 2019 dejó Mareo para intentar abrirse camino en el Real Betis –con una cesión al Málaga incluida–. Después de tres años ligado a la entidad verdiblanca, pasó por el Andorra y el Eldense, y en el verano de 2025 fichó por el Tenerife.
Las cualidades técnicas
"Me alegro de que haya llegado", afirma Marino refiriéndose a la consolidación de Dani como profesional. Echando la vista atrás, asegura que nunca dejó de demostrar que le "gustaba la portería". Y él, como entrenador –labor que compaginaba con la de arquero del Lanzarote–, puso de su parte con la enseñanza de mecanismos básicos. "A esas edades tampoco puedes pedir muchas cosas, pero sí tratas de que aprendan cómo blocar, cómo caer... Tenía algo especial, tenía instinto".
La mirada al presente no hace sino confirmar lo que ya imaginaba Marino. "Dani es un portero que va sobrado en Primera RFEF". Pero no se queda solo con su respuesta en el césped. "Como persona, es un 10. Es humilde, trabajador... Nunca tiene un no para nadie cuando le piden una foto. El Tenerife tuvo ojo y suerte, acertó plenamente", sostiene Bacallado, que no duda de que Dani podrá marcar una época en el representativo. "Estoy convencido de ello", confiesa. "Si no tiene problemas con lesiones, hará una carrera larga en el Tenerife. Tiene la edad ideal–27 años– y, además, algo que es muy positivo, que le encanta la Isla; a él y a su esposa. Los dos se sienten cómodos aquí, están totalmente adaptados... Y eso es fundamental para poder triunfar en cualquier lado", advierte Marino, que también pone de relieve la implicación de un deportista al que no le pesó comprometerse con un Tenerife que había descendido a Primera RFEF. "Eso demuestra las ganas que tenía. No vio como algo negativo dar un paso atrás, aunque, en realidad, estar en el Tenerife no es dar ningún paso atrás porque estamos hablando de un club espectacular", matiza alguien que conoció por dentro la institución deportiva.
"Por todo lo que nos une, es un portero al que siempre he seguido", prosigue Marino para entrar en detalles sobre las características de Martín en un puesto que conoce de sobra. "Lo que más destaco es su regularidad, porque es algo muy difícil de conseguir para un partero. No es la clase de guardameta que te da un diez en un partido y un cero en el siguiente; él te va a dar siempre un siete, un ocho... Y va a parar lo parable, que es de lo más complicado que hay. Aparte de eso, me gusta mucho su sobriedad. Nunca transmite nerviosismo a sus compañeros, y eso lo agradece el equipo", repasa.
Marino introduce otro factor relevante en su análisis, la capacidad que tiene Dani de estar alerta aunque intervenga poco en los partidos, por lo bien protegido que está. "En Primera RFEF, el Tenerife es como un Real Madrid o un Bacelona para los demás, y normalmente, los porteros de los equipos grandes tienen poco trabajo pero muy exigente porque deben reaccionar a ocasiones claras. Y es lo que le sucede a Dani. En esas situaciones necesitas tener un grado muy alto de concentración, pero se nota que también tiene madurez para esos momentos".
No se sabrá qué camino habría seguido si Marino no le hubiera propuesto aquel día en Lanzarote que probara como portero. Cuando Dani Martín alzó el vuelo.
Suscríbete para seguir leyendo