Alegrón prenavideño en el Heliodoro
El Tenerife derrota con claridad a la Ponferradina con dos goles de Enric Gallego, el primero en el minuto 62 y el segundo en el alargue, de penalti. Un resultado corto para un equipo blanquiazul pletórico.

Partido CD Tenerife - SD Ponferradina / Andrés Gutiérrez

Andaba Álvaro Cervera algo preocupado por el partido ante la Ponferradina. La semana no había sido cómoda por los contagios de gripe en la plantilla. Tampoco se fiaba de un adversario que llevaba seis jornadas seguidas sin ganar. Pero se ve que este Tenerife no es un equipo tan permeable a este tipo de factores añadidos. Una vez en el campo, saca su madera de líder. Esta vez le dio para vencer con dos goles anotados por Gallego, el de la ruptura en el minuto 62 y el de la tranquildad, en el 95 y de penalti. Un 2-0 corto, dado el desarrollo de un partido con el que los tinerfeños cerraron 2025 y dieron otro paso firme hacia el ascenso directo.
Tenerife y Ponferradina se dieron prisa por intentar decantar pronto el duelo. Nada de tanteos. Como si el partido fuera a durar un cuarto de hora. El balón iba de un área a otra sin estancarse en el medio. Buena noticia para el público. Los blanquiazules aceptaron ese ida y vuelta inicial sostenidos por su demostrada eficacia defensiva y animados por su pegada. Y también subidos a la ola de uno de sus principales recursos ofensivos, los saques de esquina. En la primera parte, Nacho ejecutó once. Algunos finalizados con remates, dos con la cabeza por parte de Enric Gallego (1' y 3'), otro con Juanjo como protagonista al intentar conectar una volea dentro del área casi sin oposición (18')... En medio, Fabricio había probado suerte con un potente golpeo que se fue elevando sin coger portería (15'). La acción había comenzado con una de las galopadas del participativo César por el carril derecho. El canterano apuró la distancia, colgó la pelota y el brasileño capturó el rebote con la intención de batir a Prieto, sin éxito. El arquero no necesitó intervenir en esa jugada, pero sí cuando se encontró con Jesús de Miguel delante. El madrileño había recibido un pase raso de Nacho y buscó el 1-0 con un toque a media altura que logró desviar el guardameta alargando el brazo derecho. En definitiva, el Tenerife había ido asumiendo el control poco a poco. Tras un comienzo más disputado, encontró la manera de aprovechar los espacio con la movilidad de sus puntas, con Nacho mezclándose y leyendo cada momento a la perfección, y la Ponferradina empezó a sufrir. Con el primer tiempo avanzado, apenas se había estirado en el minuto uno con un chut cruzado de Andoni López después de una pérdida en el centro del campo. Solo eso.
La segunda parte
Para los de Mehdi Nafti fue un alivio llegar al descanso con 0-0. Porque el Tenerife había generado lo suficiente para marcar, no solo con su lluvia de saques de esquina. También con ofensivas elaboradas con dos o tres pases, por un costado y por el otro, difíciles de contener para un rival que terminó fiándolo todo su resistencia. Aguantó como pudo en los últimos arreones locales antes de la pausa, dos de ellos con Fabricio dispuesto a continuar con su inesperada faceta goleadora -uno al Arenteiro y dos al Lugo-. El mediocentro tuvo la más clara en el 43’ después de que César se vaciara para salvar un pase de Landázuri que se iba fuera . Al lateral le quedaron energías para enlazar con Juanjo, que tocó de primeras para servirle al brasileño un remate de cabeza. La bola salió pegada al palo, fuera del alcance de Prieto.
El Tenerife no había logrado adelantarse, pero sí entró en el vestuario con el convencimiento de que le podía valer con insistir en la segunda mitad para imponerse. El problema lo estaba teniendo la Ponferradina. Y Mehd iNafti reaccionó con un cambio. Quitó al exblanquiazul Andoni López, que no podía con César, puso al central Boris y cerró la banda con Nóvoa.
Los goles
La Deportiva retomó el pulso con un amago de tener más decisión. Para hacerse notar, se asomó un par de veces al área, pero sin inquietar a Dani. Un par de tímidos avisos que no alteraron el plan de un Tenerife que recuperó enseguida el mando para llevar el partido al lugar en el que estaba. Solo necesitó volcarse de nuevo hacia el lado diestro para generar peligro. César se asoció con Alassan para que el extremo afinara su puntería con un remate raso que coqueteó con el gol ante la mirada de David y De Miguel, que no llegaron a tiempo para empujar la pelota a la red. Este zarpazo volvió a meter a la Ponferradina en la cueva, y el Tenerife aumentó el caudal. No podía faltar Nacho, que aportó el toque de distinción con un recorte y un toque picado (54’).
La insistencia tenía que acabar dándole su recompensa a los blanquiazules. Y así fue. En una de tantas, Enric Gallego emergió con su oficio de cazagoles para anotar el 1-0 en el minuto 64. El delantero estuvo donde debía para culminar un ataque fabricado por el lado derecho con una triangulación de alta escuela. Estaba siendo la vía de acceso más fértil. La Ponferradina se agarró al FVS, pero el árbitro no detectó ninguna infracción y el público celebró el tanto dos veces.
El Tenerife había hecho lo más difícil. Con media hora por delante -contando el alargue-, su siguiente paso iba a consistir en abrochar el resultado y apagar a un rival que, ya sin nada que perder, iba a verse obligado a arriesgar un poco más.
La Ponferradina quería pero no sabía, y el Tenerife sí que sabía. Cada vez que merodeaba el área, ponía en aprietos a su oponente. Como cuando Nacho pidió penalti por un empujón de Boris en la frontal del área. Ortega no pitó nada y Cervera sacó su tarjeta verde para que el árbitro revisara lo sucedido en el monitor. El valenciano no cambió su decisión inicial.
Entretanto, el cronómetro avanzaba con la única pega para el Tenerife de que la ventaja era mínima. El desenlace podía estar sujeto a un golpe de suerte del rival, que le había dado trabajo a Dani con un remate de cabeza de Diego, fácil para el portero gijonés (62’).
En realidad, el Tenerife no tuvo problemas para manejar el tramo final. Cervera fue introduciendo cambios -entró Aitor como suplente- y hasta se permitió el lujo de encender por segunda vez el FVS por un posible penalti por manos. «Pítalo, pítalo», gritaba el Heliodoro. Tras una eterna moviola, Ortega se giró dirigiendo el brazo hacia el punto de los once metros, donde Enric llevaba un rato esperando con el balón en la mano. En el momento de la verdad, engañó a Prieto y subió el 2-0. Doblete del catalán y triunfo merecido de un Tenerife que no baja el ritmo.
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