El Tenerife pasa de dar un recital en Lugo a sufrir y sumar un empate
Los blanquiazules se marchan al descanso con una ventaja de dos goles, ambos anotados por Fabricio. Pero el equipo local reacciona y logra igualar. En un final frenético, el triunfo pudo ser para cualquiera (2-2).

CD Lugo - CD Tenerife / Carlos Castro/LOF

Empatar en el campo de un rival que no había perdido esta temporada, no está mal. Pudieron ser siete puntos de separación con el segundo clasificado, pero ahora son cinco. Otra cosa es que ese resultado llegue después de ir ganando 0-2. En el Anxo Carro, el Tenerife pasó de dar un recital y marcharse al intermedio con dos goles de renta, anotados por Fabricio, a quedarse en el intento de amarrar el triunfo y permitir un partido abierto que aprovechó el Lugo –que también jugaba– para mantener su condición de invicto como local. En un intercambio de golpes final que solo detuvo el cronómetro, el triunfo pudo caer para cualquiera. Justo o no, un 2-2 que pareció lejano a mitad de camino.
En poco más de media hora, el Tenerife marcó dos goles. Lo hizo dando con un repaso al Lugo. No solo por su funcionamiento ofensivo. También por su solidez. En una primera parte de una superioridad que rozó la humillación, logró que su oponente no inquietara en ningún momento a Dani Martín. No permitió contragolpes, ni una progresión elaborada, tampoco rupturas por las bandas. Cero. Los lucenses se tuvieron que conformar con un par de faltas lejanas colgadas al área y reducidas a nada por la contundencia de jugadores como Landázuri. También León.
Repaso y dos goles de Fabricio
Dos centrales implicados como los demás en la decidida búsqueda del gol, lanzando al equipo desde la retaguardia. Porque el Tenerife salió al campo dispuesto a llevar el control a su manera, a intentar recuperar el balón en el campo contrario y desplegar ahí su repertorio, con Nacho y Alassan en los costados, con De Miguel y Enric arriba –Cervera repitió la alineación de las tres jornadas anteriores–. Y con Fabricio. Quién lo iba a decir. De fichaje sin minutos en el inicio del curso, a titular diferencial. Después de decantar el duelo con el Arenteiro, en Lugo exprimió su faceta anotadora por partida doble. Abrió la cuenta con el mismo recurso de su debut, un golpeo de cabeza casi sin saltar, llegando desde atrás y enriqueciendo un córner lanzado por Nacho (12’).
Y por si eso no había sido suficiente, repitió en el minuto 34 con una aparición en el área propia de los mejores cazagoles. Estuvo donde debía para empujar el balón a la red tras pillar una pelota rechazada por Marc Martínez, que se había lucido unos segundos antes para desviar en corto un cabezazo de Gallego. El pase, cómo no, de Gil, esta vez con la bola en movimiento y desde la banda izquierda.
A esas alturas, cuando se había cumplido el minuto 34, el partido ya parecía resuelto. Gestos de resignación de la afición local, desconcierto e impotencia de los jugadores del Lugo. Y el Tenerife se divertía, como se suele decir en estos casos, volando en velocidad de crucero, mereciendo incluso más.
De hecho, la primera parte se completó con un marcador que pudo ser más amplio. Nacho estuvo a punto de estrenarlo (4’) con un chut a la escuadra que salió desviado. Enric, marcando territorio, le había quitado el balón a Gayá. Un Tenerife intenso y vertical dentro de una apertura con ritmo.
Poco después, el portero local tuvo que intervenir para atrapar un remate raso de David, que había cruzado el campo para finalizar una jugada de ataque iniciada por León y mejorada por Nacho Gil.
A la tercera ya no hubo salvación para el Lugo. Fabricio condensó el dominio tinerfeño con su preciso toque con la frente a la red.
Un líder ambicioso
Y los blanquiazules no se conformaron con el 0-1. Lejos de protegerse y ceder terreno al rival, siguieron en la misma dinámica, con la misma voluntad de marcar, sabiendo que era el momento de terminar de desestabilizar a un Lugo que no sabía cómo salir de su apuro. Subidos a la ola, Gallego, De Miguel y Alassan activaron una transición con más sensación de peligro que acierto (16’). Sin respiro para los gallegos, Brull Acerete anuló un gol a Gil por fuera de juego previo del asistente, Gallego. Y el mismo jugador valenciano se encargó, a renglón seguido, de ejecutar una falta lateral sin la puntería necesaria. La frecuencia era tan alta, que hasta hubo margen para que Cervera pidiera la revisión de un posible penalti sobre Gallego por un leve agarrón de Gayá. El árbitro se acercó al monitor y ordenó que siguiera el juego (31’).
El monólogo continúo con el segundo tanto de Fabricio y, justo antes del descanso, con una ocasión clara de Gallego, tras recibir un pase filtrado de Jesús de Miguel, que desvió como pudo Martínez. Lo dicho, un 0-2 corto en la pausa.
El Lugo volvió a escena con dos cambios –otro par más en el minuto 58–, sin nada que perder y con el propósito de no firmar la rendición tan pronto. Lo demostró apretando, siendo más agresivo en la presión... Al Tenerife le iba a tocar aplicarse a fondo para evitar un salida fría de los vestuarios. De entrada, los primeros remates a puerta fueron suyos, de David, Gallego y Nacho Gil. Ninguno estuvo cerca de ampliar la diferencia en el marcador, pero sí confirmó que los blanquiazules seguían activados.
La reacción del Lugo
Pero también el Lugo. Y mucho. Nada que ver con su respuesta en el primer tiempo. Circulando más y mejor el balón fue capaz de meter al Tenerife en un bloque bajo, y pisó el acelerador. Esa reacción tuvo recompensa para los locales. Al Tenerife se le empezó a acumular el trabajo en defensa. Por ejemplo, a David, que logró sacar sobre la línea de gol un remate de Unzueta, que se había anticipado a Dani tras recibir un pase de Alba (61’). Pero ni el lateral ni ningún compañero pudieron impedir el 1-2 en el 65’. Lo anotó Samanes adelantándose a la línea defensiva, que lo había fiado todo a un posible fuera de juego inexistente. El partido había cambiado y Cervera no tardó en realizar las primeras sustituciones: Calavera, Juanjo y Balde por Fabricio, Alassan y Enric (70’).
Pero esa maniobra no le puso freno a un tramo final frenético que se revolucionó todavía más a partir de un penalti cometido por César al tocar el balón con la mano. Un rebote, mala suerte. Cervera se aferró al FVS, pero nada. Y Unzueta no dejó pasar la ocasión. 2-2 con margen por delante, ocho minutos y siete de alargue. Una fase en la que el duelo se rompió definitivamente con ataques de unos y de otros, sin control y también sin la pegada pretendida. Calavera rozó el 2-3 con un remate de cabeza en plancha, pero Celorio respondió con un chut al palo. Al final, un 2-2 que dejó mejor al Lugo que al Tenerife. Un empate que, en cualquier caso, refuerza su liderato.
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