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La noche que Cervera enloqueció

En el contexto de un año aciago y marcado por la tristeza, el Tenerife sí firmó el curso pasado alguna actuación digna de mérito. Fue justamente contra el Granada, el rival que vuelve el jueves a la Isla.

Las imágenes de televisión de aquel partido muestran a un Cervera fuera de sí en la celebración de la victoria ante el Granada. Si el resultado se repite este jueves, el Tenerife recibiría a un Primera en el Heliodoro Rodríguez López.

Las imágenes de televisión de aquel partido muestran a un Cervera fuera de sí en la celebración de la victoria ante el Granada. Si el resultado se repite este jueves, el Tenerife recibiría a un Primera en el Heliodoro Rodríguez López. / CDT

Manoj Daswani

Manoj Daswani

Santa Cruz de Tenerife

Aitor Sanz besando la coronilla de Luismi Cruz. Roberto Perera regalando aplausos y sonrisas a la grada. Los futbolistas aplaudiendo a los aficionados hasta casi media hora después de que el partido acabase. Cervera enloquecido como nunca. Son algunas de las estampas que lleva grapadas el último CD Tenerife-Granada en el Heliodoro Rodríguez López, disputado hace apenas nueve meses, en marzo de este mismo año. Ocurre, sin embargo, que han ocurrido tantas cosas desde entonces que pareciera que aquel duelo entre blanquiazules y nazaríes –lo reeditan este jueves en la Copa del Rey– se celebró hace un siglo. No es así.

Los 13.367 espectadores que acudieron aquel viernes al coliseo de la calle San Sebastián seguramente recuerden los momentos tan intensos y emocionantes que dejó aquella noche. Venía el Granada como claro aspirante a jugar la promoción, disparado en la clasificación y con el doble de puntos que el representativo (49 los andaluces, 24 los isleños). Lo que desconocían los de Escribá es que ese día el Heliodoro iba a temblar. Y que iba a creer en los milagros.

La noche que Cervera enloqueció | MOVISTAR+

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Casi cualquier otro club en tales circunstancias se habría dado por desahuciado. Un mundo separaba al Tenerife de la quimera de la permanencia, pero Cervera se propuso creer. Y contagió al resto. Se presentaron los blanquiazules en el Heliodoro con un imposible -12 respecto a los puestos de salvación. Cuando lo fácil era tirar la toalla, el equipo se conjuró en pos de la victoria. Y ganó. Una actuación memorable trajo consigo la remontada, después de que Lucas Boyé adelantara a los visitantes desde el punto de penalti (34’). Un tanto en propia portería anotado por Manu Lama hizo rugir a la grada, que levitó cuando Luismi Cruz rubricó la victoria a doce minutos del final (2.-1).

Jugó ese día el representativo con Edgar Badia bajo palos; Landázuri, Mellot, David y Sergio González en defensa; Diarra, Bodiger y Aitor Sanz en el mediocampo; y arriba, con Luismi Cruz, Waldo y Ángel Rodríguez. En la segunda mitad irrumpieron en escena algunos jugadores ya desvinculados del club como Marlos Moreno, Fabio o Cantero, así como el ahora segundo capitán Enric y el traspasado Aarón Martín, que sigue en la Hypermotion de la mano del Mirandés.

El Tenerife salió de aquel partido creyendo que el milagro de la salvación aún era posible, pero finalmente acabó cediendo a unas semanas del final. «La gente nos respaldó; si no, habría sido todo muchísimo más terrible», recuerda José Léon, aquel día suplente.

Las historias de Tenerife y Granada han cambiado mucho desde entonces, pero se mantienen en el guion y en la convocatoria para el jueves algunos nombres inalterados. Mientras el banquillo andaluz cambió de dueño y llegó Pacheta, en el del representativo continúa Cervera, quien siempre recuerda con afecto aquella noche del Heliodoro. «¿Por qué? Porque no es lo normal en un equipo de esa dinámica. La gente quiso tirar de nosotros, y nosotros creíamos de verdad.

Pienso que si hubiésemos llegado antes, si hubiésemos tenido más margen para cambiar las cosas... Pero eran demasiados puntos de distancia y también influyeron otros factores después», aduce el míster sobre los arbitrajes funestos contra el representativo, que terminaron de sepultar al equipo y sacarlo del fútbol profesional. El destino estaba escrito, pero aquella noche feliz frente al Granada fue como un manantial en medio del desierto.

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