Cuando el Tenerife se fijó en Maradona
Este 25 de noviembre se cumple un lustro del fallecimiento del ídolo argentino, un jugador que, con 17 años, fue incluido en un informe elaborado por Olimpio Romero al volver de un viaje a Sudamérica organizado para que buscara posibles fichajes."Piden 80 millones de pesetas por su traspaso", informó. No hubo oferta por Diego.

Fernando Redondo y Diego Maradona. / Efe

Este 25 de noviembre se cumplen cinco años del fallecimiento de Diego Armando Maradona, una estrella eterna del fútbol cuyo nombre llegó a figurar en un informe recibido en las oficinas del Tenerife el 13 de julio de 1978. El autor, Olimpio Romero, técnico de la casa que había viajado a Argentina junto al presidente José López Gómez con el propósito de descubrir jóvenes talentos que pudieran recalar en la plantilla blanquiazul.
El mercado sudamericano ya había nutrido al representativo en las campañas anteriores con los uruguayos Alberto Bergara, Manuel Caamaño, Pedro Kraus, Ángel Ferreira, Hugo Fernández, Julio Montero Castillo, Nilson Bertinat y Juan Carlos Aparicio, los paraguayos Alcides Báez y Crispín Maciel, y el argentino Juan Carlos Perrone. El camino estaba marcado y la idea era continuar en él. Pero en aquellos tiempos, en los que la información no fluía como ahora, era casi imprescindible trasladarse a otros países para conocer de cerca a los jugadores que empezaban a asomar en los diferentes mercados, e incluso a otros que ya estaban consolidados. De ahí que el Tenerife, como hacían muchos clubes europeos, decidiera mandar a un ojeador a un punto estratégico del planeta fútbol, una Argentina que se preparaba para acoger el Mundial de 1978, entre el 1 y el 29 de junio de 1978 –la selección anfitriona derrotó por 3-1 a la holandesa en la final celebrada en el estadio monumental de Buenos Aires–. Maradona, que tenía 17 años, tuvo que vivir ese acontecimiento como un espectador más. Se había quedado a las puertas de entrar en la convocatoria definitiva diseñada por César Luis Menotti después de entrar en una lista previa de 25 integrantes. El Pelusa, que siendo juvenil ya había disputado 60 partidos y marcado 23 goles en Primera con Argentinos Juniors, fue uno de los tres jugadores descartados. Los otros dos, Humberto Bravo y Víctor Bottaniz.

El informe redactado por Olimpio Romero en 1978. / El Día
En esas semanas, Romero tuvo tiempo para visitar estadios, ver partidos, tomar nota y cumplir con su cometido. En un folio manuscrito que el Tenerife todavía conserva como una pieza de museo, Olimpio detalló las cualidades de un pibe llamado Diego que sobresalía del resto. En esos momentos era desconocido en Europa, pero acabaría revolucionando el fútbol unos años más tarde para convertirse en leyenda. Maradona fue, con diferencia, el que más le gustó de un total de 18 candidatos a recibir una oferta de la entidad tinerfeña. Todo un descubrimiento para un sabio del fútbol. Después de hablar de los demás, se detuvo en el futbolista verdaderamente diferencial. "He dejado para última hora al mejor jugador de todos, y solamente tiene 17 años", comenzó. "Se llama Maradona, es interior izquierdo, zurdo, y no tiene mucha talla, pero es un espectáculo verlo jugar. Es valiente y rápido. Tiene una técnica muy depurada, es muy hábil y tiene un fuerte remate. Se mueve por todo el campo y la única manera de pararlo es a base de patadas". Así era en sus inicios, desde la visión de un entrenador del Tenerife y seguramente de la gran mayoría, el gran protagonista del Mundial de México 86 y futbolista de Argentinos Juniors, Boca Juniors, Barcelona –su primer club en Europa–, Nápoles, Sevilla y Newell’s Old Boys.
El precio y el descenso
Romero no se resistió a añadir un apunte, a modo de consejo. "Piden 80 millones de pesetas por su traspaso". Ahora serían 480.000 euros. Convencido de que iba a valer la pena invertir en Maradona, el técnico recordó que el caché de los jugadores argentinos había subido «una barbaridad» a raíz de la conquista del Mundial de 1978. Unos años después, en 1982, el Barcelona lo fichó por 1.200 millones de pesetas –7,2 millones de euros–.
Y claro, Maradona no recibió ninguna oferta del Tenerife. Tampoco habría podido debutar en España como blanquiazul en esa época, dado que el equipo había bajado a Segunda B, una categoría en la que no se permitía la participación de extranjeros. Como mucho, algún oriundo. Para colmo, la situación económica del club no estaba en su mejor momento. El Tenerife tardó cinco temporadas en regresar a la categoría de plata, estuvo tres años seguidos en ese nivel y volvió a caer. En el verano de 1986, López Gómez cedió el testigo a la Alternativa Azul y Blanca. Al frente, Javier Pérez, que se encontró con una deuda de unos 300 millones de pesetas. Aquel Tenerife empezó a crecer y, con el paso de los años, volvió a cruzarse en el camino de Maradona, pero no como posible fichaje, sino como rival, vistiendo el uniforme del Sevilla. El 3 de enero de 1993, el Diez jugó su único partido en el Rodríguez López, un pulso que fue algo más que un encuentro cualquiera de la máxima categoría española. Frente a frente, el Tenerife de Jorge Valdano y el Sevilla de Carlos Salvador Bilardo, dos estilos opuestos que dividían a Argentina, y también dos figuras relevantes de la misma procedencia sobre el césped , el emergente Fernando Redondo y el ídolo Maradona. El desenlace fue favorable a los blanquiazules. Y también a Valdano y a Redondo. El Tenerife se impuso con claridad, por 3-0. Marcaron dos argentinos, Juan Antonio Pizzi, con un par de penaltis, y Oscar Alberto Dertycia. Maradona fue expulsado a la hora de partido.
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