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Felipe Miñambres, el blanquiazul total: de futbolista a presidente del CD Tenerife

El nuevo presidente del CD Tenerife es el cuarto futbolista con más partidos disputados en la historia del club. Después de colgar las botas en 1999 ocupó otros cargos: fue técnico interino y secretario técnico. Regresó 23 años después para ser consejero y director general.

Felipe Miñambres, en su presentación como presidente del CD Tenerife.

Felipe Miñambres, en su presentación como presidente del CD Tenerife. / Andrés Gutiérrez

Julio Ruiz

Julio Ruiz

Santa Cruz de Tenerife

El de Felipe Miñambres Fernández (Astorga, 29/4/1965) es un caso sin precedentes. En realidad, ya fue único antes de ser nombrado presidente del Tenerife el pasado martes. El caso de alguien que, dentro del mismo club, había sido futbolista, técnico interino y director deportivo antes de volver, 23 años después, para formar parte del consejo de administración y ejercer de director general. O sea, un blanquiazul total.

La relación de Miñambres con el Tenerife empezó en el verano de 1989, justo en el punto de partida de la década prodigiosa del representativo en Primera División. Felipe ya sabía lo que era competir en la máxima categoría. Había tenido un acercamiento en la Liga 87/88 con el Sporting –debutó en marzo de 1988 como suplente en un encuentro con el Atlético en El Molinón– antes de consolidarse en la campaña posterior con el mismo equipo y con unos números llamativos: 36 partidos disputados y 12 goles entre Primera División y Copa del Rey. A sus 23 años, más que una promesa procedente de la cantera de Mareo, captada del Zamora en Segunda, ya era toda una realidad. ¿Cómo consiguió un recién ascendido a Primera hacerse con los servicios de un jugador de esas características que tenía contrato con el Sporting? La clave estuvo en la novedosa aplicación del Real Decreto 1006/1985, una palanca que permite desbloquear traspasos de futbolistas con el pago del dinero correspondiente a las cláusulas de rescisión. En aquellos tiempos, era algo casi desconocido. El Real Madrid había sido pionero llevándose a Paco Llorente del Atlético en 1987. Dos años más tarde, 60 millones de pesetas (360.000 euros) condujeron a Miñambres de Gijón a la Isla justo cuando iba a comenzar la pretemporada del conjunto asturiano, y unos meses después de que debutara en una convocatoria de la selección absoluta en un partido de clasificación para el Mundial de Italia ante Malta. Ese día, Luis Suárez no le dio minutos. Su estreno con España llegó en 1989, en un amistoso ante Suiza en el Heliodoro –fue mundialista en Estados Unidos 94–.

Del Sporting al Tenerife

A Felipe le habían convencido Javier Pérez y Santiago Llorente, presidente y director deportivo de aquel Tenerife. Le sedujo la idea de mejorar su salario –en el Sporting era de los que menos cobraban–, pero también la de formar parte de un proyecto tan joven como ambicioso, nada conformista con intentar evitar el descenso a Segunda sin más –el tiempo les acabaría dando la razón–. Así se unió a un Tenerife entrenado por Vicente Miera y reforzado con otros jugadores como Javier Zeoli, Manolo López, Salvador Revert, Manolo Hierro, Eduardo Ramos o Quique Estebaranz. Su primera temporada no fue nada satisfactoria en lo individual –el equipo, al menos, logró la permanencia en la histórica promoción ante el Deportivo–. Acostumbrado a otro tipo de fútbol, más elaborado y a ras de suelo, a Felipe le costó encajar en el juego directo que practicaban los blanquiazules para acortar procedimientos y acercarse al gol con el poderío aéreo de Rommel Fernández. En esa Liga, Miñambres intervino en 30 partidos –se estrenó el 3 de septiembre de 1989 en el estadio del Sevilla– y aportó dos tantos –el primero, el 18 de marzo de 1990 a la Real Sociedad en el Heliodoro–. Poco para un fichaje que había despertado expectación en el tinerfeñismo.

Las dudas del entorno provocaron las turbulencias normales en este tipo de situaciones, pero no modificaron la hoja de ruta: plena confianza de Pérez en un Felipe que siguió creyendo en sus posibilidades.

De hecho, las piezas terminaron de encajar con el paso de los meses. Sobre todo, con la llegada al club del entrenador argentino Jorge Solari como sustituto de Xabier Azkargorta en la campaña 1990/91. Con el Indio y partiendo de la condición de suplente, Felipe fue ganando confianza y encontrando su sitio. Sin tanta presión ni todos los focos puestos en sus botas: 31 actuaciones y cinco tantos en esa Liga. El siguiente paso ya fue definitivo. Su despegue. Lo dio de la mano de Jorge Valdano y Ángel Cappa, los entrenadores que relanzaron al Tenerife cuando parecía destinado a bajar a Segunda División. En apenas ocho jornadas de la 91/92, las últimas, el equipo pasó de mirar de reojo el descenso a ser protagonista por su juego y por sus resultados. Entre todos, con Felipe como titular habitual, convirtieron en leyenda a aquel Tenerife. En ese proceso incomparable, sobresalieron el debut en la Copa de la UEFA (93-94) y la segunda experiencia en esa competición, con Jupp Heynckes al frente (96/97), esta vez con las semifinales como techo. Pero todo ciclo tiene su fin. La curva cambió la trayectoria y llegó un declive que terminó en el apagón de 1999, la caída a la categoría de plata.

De principio a fin

Felipe vivió todo esa transformación, desde el origen al cierre –es el único futbolista que puede decirlo–. En todo ese tiempo disputó 357 partidos oficiales con el Tenerife, en Primera, Copa de la UEFAy Copa del Rey –es el cuarto en la historia del club por detrás de Alberto Molina, Toño Hernández y Aitor Sanz, con 413, 387 y 380 actuaciones, respectivamente–. Además, siendo mediapunta y asistente y no tanto un finalizador, el maragato alcanzó la cota de los 40 goles. Entre ellos, tres emblemáticos en la Copa de la UEFA, el de la clasificación a dieciseisavos de final de 1993, un 0-1 al Auxerre a domicilio; el de la eliminatoria posterior en el campo del Olympiakos –4-3, el suyo de falta directa desde casi el centro del campo–; y el último logrado por los blanquiazules en esta competición, en la ida de las semifinales de la temporada 96/97, un 1-0 al Schalke 04 en Santa Cruz.

Fueron momentos inolvidables dentro de una etapa que también tuvo su ocaso. Para Felipe, más que un final fue un punto y seguido. El 21 de marzo de 1999 jugó su último partido como blanquiazul y también de su carrera. La tarde de la despedida coincidió con un empate con el Villarreal en el Heliodoro, con Carlos Aimar en el banquillo local y el equipo situado en el antepenúltimo puesto de la clasificación –bajaban directamente los dos últimos y promocionaban los dos siguientes–. Después de alternar algún que otro descarte técnico con su presencia en un par de convocatorias, pero sin minutos, Felipe tomó la decisión de colgar las botas a sus 34 años. Pero no se separó del equipo. Tras el despido de Carlos Aimar y la apuesta de los dirigentes por el entrenador del filial, Valentín Jorge Robi, Miñambres se integró en el cuadro técnico. Este giro no pudo evitar la caída del Tenerife Segunda División en 1999.

Director deportivo en Primera

Felipe siguió vinculado al Tenerife. Javier Pérez quiso tenerlo cerca, que se desarrollara profesionalmente desempeñando otras funciones. Lo que más le atraía al ya exfutbolista era entrenar, estar a pie de campo junto a los que habían sido compañeros. Yasí fue. De hecho, llegó a debutar como técnico en un partido de la temporada 99/00, como interino, ejerciendo de enlace entre el destituido Mauro Sandreani y Fernando Castro Santos. En medio, Miñambres tuvo su oportunidad en un Tenerife-Eibar jugado el 9 de octubre de 1999 en el Rodríguez López con el resultado de empate a un gol –Sergio Ballesteros–. Él siempre estuvo ahí, como ayudante en una campaña que acabó con Ángel Cappa como preparador principal y el único objetivo de ascender demasiado lejano.

Con el paso de los meses, una vez abierto otro capítulo en el club con la acertada contratación de Rafael Benítez para retomar el intento de volver a Primera en la Liga 2000/01, la carrera de Felipe se canalizó hacia los despachos, en un principio orientada a la coordinación de la base y luego con un cargo de mayor relevancia, el de director deportivo o secretario técnico. Lo hizo, ni más ni menos, para diseñar la plantilla del Tenerife en su regreso a la máxima categoría en 2001. Santiago Llorente, el creador del grupo del ascenso –Rafael Benítez, Sergio Aragoneses, Curro Torres, José Luis Martí, Gerardo Torrado, Mista, Luis García...–, decidió ceder su testigo y la directiva presidida por Javier Pérez pensó en Felipe como sustituto. Para empezar, eligió a un entrenador sin experiencia en Primera División, Pepe Mel, y fue apuntalando la plantilla con futbolistas como Javi Venta, Bino, David Bermudo, Manel, Xisco, Jaime Sánchez... El plan no terminó de cuajar y, con el equipo cerrando la clasificación después de 26 jornadas, Pérez buscó un revulsivo prescindiendo de Mel. El presidente lo fió todo a la experiencia de Javier Clemente –tampoco pudo cruzar la meta de la salvación– sin saber que ese golpe de timón iba a provocar la ruptura con Felipe por una diferencia de criterio futbolístico a la hora de hallar una solución.

A partir de ahí, Miñambres siguió su camino en solitario, inicialmente como técnico –Hércules, Salamanca, Alicante y Lleida– y luego como director deportivo –Rayo Vallecano, Celta, Levante–, incluso compaginando las dos funciones de manera puntual en el Rayo y el Levante.

El cierre del círculo

A finales de febrero de 2025 se precipitó su salida del club valenciano. Se suponía que iba a ampliar la duración de su contrato, con el 30 de junio de ese año como fecha de caducidad, pero las partes no alcanzaron un acuerdo económico y no hubo firma. En ese momento, Rayco García –segundo máximo accionista del Tenerife– se puso en contacto con Miñambres para proponerle el regreso al club en el que había triunfado como futbolista. A Felipe le pareció interesante el reto y dio su visto bueno para ser consejero y asumir luego la responsabilidad de la dirección general. «Ahora puedo elegir dónde puedo estar y lo que más me motiva es estar aquí», aseguró en su presentación como consejero el 9 de abril. «Es una decisión tomada desde el corazón» añadió sin imaginar que 55 días más tarde iba a ser nombrado presidente del Tenerife.

Otros jugadores que fueron presidentes

No es la primera vez que un exfutbolista del Tenerife llega a ser presidente del club. José López Gómez y Julio Santaella, Colo, también vivieron las dos experiencias.

En el organigrama del Tenerife hay más exjugadores blanquiazules. Empezando por el vicepresidente Ayoze García, que regresó al club en diciembre como consejero de la mano de Rayco García, y siguiendo por Quique Medina, Toño Hernández, Julio Durán, Suso Santana, Ricardo León, Cristo Marrero, Carlos Ruiz y Dani Hernández. La mayoría desempeña funciones relacionadas con la secretaría técnica y la formación de jugadores de cantera en la Ciudad Deportiva.

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