Tenerife-Burgos, una derrota en la transición
Pepe Mel se despide como entrenador blanquiazul con un 1-0 en contra en El Plantío. El local Curro marca el único gol en el minuto 84. El Tenerife acaba la primera vuelta con 11 puntos, a falta de la disputa de dos partidos aplazados.

Pepe Mel, en El Plantío. / LaLiga

El Tenerife del último partido de Pepe Mel, cuya destitución fue avanzada por el club el pasado viernes pasara lo que pasara en El Plantío, no fue un equipo abandonado ni irresponsable. Aunque el listón tampoco estaba muy alto, fue un Tenerife aceptable, teniendo en cuenta los antecedentes de esta temporada. Hizo uno de esos encuentros que se suelen calificar como serios, que no es poco, pero ni siquiera así le dio para sumar, por lo que deja en 11 puntos su producción en una primera vuelta en la que tiene dos jornadas pendientes, a la espera de que la plantilla pase a manos de un nuevo entrenador, que debutará en Copa ante el Osasuna el sábado 4 de enero.
En un contexto extraño, por la insólita situación de Mel, el Tenerife no jugó su peor partido fuera de casa –todavía no ha vencido lejos del Heliodoro Rodríguez López en Liga–. Pero quedó expuesto a lo de siempre, al mínimo esfuerzo del adversario para imponerse y a su deficiente caudal ofensivo:ni un remate entre los tres palos.
Con la lección bien aprendida, el Burgos se volcó enseguida en la vía de acceso elegida para desestabilizar a su rival, el costado defendido esta vez por Rubén Alves, el izquierdo. Ni Medrano ni Guerrero, ni Mellot o David a pierna cambiada. Mel optó por el hispano-brasileño para proteger el lateral izquierdo. Fue una de las novedades de la alineación junto a Marlos Moreno y Maikel Mesa. Por ahí, por esa banda, lo intentó el conjunto de Ramis en su primera aproximación. Borja no alcanzó el balón centrado por Álex Sancris.
Fue un anticipo de nada, porque el encuentro entró a continuación en un eterno bloqueo. El Tenerife presionaba pero no lograba elaborar ni transitar con rapidez, y el Burgos no hallaba la manera de desmontar el bloque defensivo de su oponente. Tenía el balón, que es algo que no obsesiona a Ramis, pero lo movía en horizontal, sin profundidad para tranquilidad de los blanquiazules, que, al menos, estaban consiguiendo crecer lentamente desde el empate a cero. Era una evolución carente de llegadas al área. No es que renunciaran a tener la pelota, sino que no lograban conectar con los extremos, Waldo y Marlos, y los del medio intervenían poco. Hasta el minuto 19 no se registró una jugada ofensiva más o menos elaborada del Tenerife. De repente entraron en escena Waldo, Maikel Mesa y Marlos. El balón salió a córner.
Poco después (22’), Gallego trató de rematar a la media vuelta, tras recibir un centro de Waldo, pero el balón no cogió camino. Fueron solo dos zarpazos, pero suficientes para que los visitantes cogieran algo de confianza y a los locales les entraran las dudas. El mando pasó al Tenerife, que aprovechó ese giro y perseveró dando paso a sus mejores minutos con Pepe Mel como entrenador en sus encuentros a domicilio. Los blanquiazules, esta vez de rosa, se movían con frecuencia por el terreno burgalés y lo hacían con cierto criterio. En una de esas, Enric Gallego pidió penalti por un agarrón de Florian (27’). El árbitro abrió las manos dando a entender que no había visto ninguna falta. Subido a esa ola, Diarra protagonizó el primer disparo, en el minuto 35. La pelota salió a la grada de El Plantío. A renglón seguido fue Marlos, con una volea, el que tocó a la puerta de gol. También le faltó puntería.
Sin avisar, el equipo de Mel se soltó para sorpresa de un Burgos al que se le empezó a acumular el trabajo y que quedó pendiente de una recuperación para poder coger aire y llevar el partido al otro campo. Una vez superado el chaparrón, con más oficio que dificultades, los de Ramis se salieron con la suya y golpearon con un contragolpe que resolvió Badia con un paradón repleto de reflejos, ganándole el pulso a Curro Sánchez. Fue una acción que alteró el rumbo de un encuentro que, de camino al descanso, volvió a ser para los castellanos. El 1-0 estuvo a punto de caer en el minuto 41 después de que Álex Sancris aprovechara un balón que Sergio quiso proteger para que saliera por la línea de fondo. En lugar de eso, la pelota corrió caprichosa por el área pequeña sin que lo golpeara ningún rematador.
El momento cumbre antes del intermedio se produjo en el 44’ a raíz de una pérdida de Maikel en campo contrario. El Burgos armó una fugaz contra, entre Sancris y Curro, que terminó con el certero remate de Fer Niño a la red a pocos metros de un impotente Edgar Badia. El equipo anfitrión celebró el gol sin saber que se iba a tener que quedar con las ganas. Porque Gálvez Rascón (VAR) avisó a Pérez Hernández de una posible falta a Mesa en el origen de la jugada. El árbitro principal revisó la acción y comprobó que, efectivamente, Sancris había golpeado al tinerfeño antes de quitarle el balón. Alivio para un Tenerife que pudo llegar al intermedio con el empate a cero.
Tras la pausa, la dinámica fue parecida. Los visitantes, cada vez más cómodos y seguros, retomaron el duelo convencidos de querer llevar la iniciativa, algo que no inquietó a un Burgos al que tampoco le iba a venir mal el manejo de más espacios. Pero ni una cosa ni la otra. El cronómetro siguió corriendo sin que ocurriera nada relevante y al partido se le fue poniendo cara de 0-0. La sensación de control de los tinerfeños no se traducía en ocasiones ni remates. Y el Burgos, con los atacantes grancanarios Edu Espiau y Daniel Ojeda ya en el campo, seguía esperando su oportunidad como si tuviera claro que acabaría venciendo sí o sí de cualquier manera.
En realidad, eso fue lo que ocurrió. Pasado el minuto 70, los locales pasaron a la acción. Se cansaron de su aparente actitud conservadora y dieron un paso al frente. El primer aviso fue un ataque neutralizado por un salvador Diarra y, en la misma jugada, por Badia, parando un cabezazo flojo de Ojeda.
De ahí en adelante, el Burgos siguió madurando su victoria. Curro chutó desde la frontal del área con un córner como resultado, luego intentó coger desprevenido a Badia con una falta lateral. Y a la tercera, no perdonó. Iñigo Córdoba dejó atrás a David en el lado izquierdo del ataque local y metió un centro que remató a gol Curro, libre de marca, sin la atención de Aarón. 1-0 en el 85’. Ahí se acabó todo. El Burgos no necesitó más y el Tenerife encajó la decimosegunda derrota de esta Liga. Mel se despidió con el mismo vacío, dejando un casi imposible para otro.
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