El Tenerife sobrevive en Zamora y pasa de ronda en los penaltis
El portero domina la tanda de penaltis con la que se resuelve la eliminatoria ante el Zamora tras un 0-0. Los blanquiazules estarán el lunes en el sorteo y, seguramente, se enfrentarán a un Primera en casa.

Partido de Copa del Rey Zamora - CD Tenerife / Agencia LOF

El Tenerife se clasificó para los dieciseisavos de final de la Copa del Rey. El lunes sabrá a qué rival se enfrentará el 4 de enero. Seguramente, a uno de Primera y en casa. Selló su pase en el estadio Ruta de la Plata al superar al Zamora en la tanda de penaltis después de 120 minutos sin goles. Se llevó el protagonismo Salvi Carrasco con su particular manera de enfrentarse a este tipo de situaciones límite. Lejos de permanecer fijo esperando el golpeo del lanzador, el guardameta se movía de un lado a otro detrás de la línea, agitaba los brazos... El resultado fue casi perfecto. Solo fue batido una vez, pero estuvo muy cerca de desviar el balón. El portero malagueño detuvo el disparo de Roni y probablemente contribuyó a que Carlos Ramos y Kike Márquez remataran fuera.
En definitiva, un 3-1 en una tanda en la que anotaron los blanquiazules Álvaro Romero, Alassan y Adrián Guerrero, con un único fallo, el de Ethyan, al larguero, en el segundo turno de un Tenerife que no brilló ni dio señales de mejoría respecto a su trayectoria liguera, pero se supone que bien está lo que bien acaba y que, a veces, las alegrías tienen un efecto llamada. Sería necesario en Córdoba.
En una alineación condicionada por la cercanía de dos partidos de Liga, el pasado ante el Elche y el que viene en Córdoba, Pepe Mel tuvo que montar un puzle con alguna pieza colocada a la fuerza. Aprovechamiento de recursos con una convocatoria sin José León, Diarra, Aarón, Luismi Cruz, Waldo, Ángel ni Enric Gallego. En los laterales, un central y un defensa a pierna cambiada, Gayá y Mellot. La elección se notó más en la aportación ofensiva que en la tarea principal. Luego, una pareja de centrocampistas inédita, la formada por Bodiger y Teto. Mejor el tinerfeño que el francés, que dejó pasar otra oportunidad para convencer. Y en el frente de ataque, Cantero y Marlos en los extremos y Dani Fernández por detrás de Yanis. La apuesta no cuajó de entrada, ni individual ni colectivamente. El Tenerife entró en el partido con una actitud correcta, pero sin continuidad en el juego. El dato de que no tiró a puerta en el primer tiempo, es significativo. Se encontró con un Zamora más despierto y eficaz en la anticipación y el corte, y el duelo se enredó en el medio, sin que la pelota rodara cerca de las áreas, con alguna que otra excepción, como cuando Cantero metió un centro que no acertó a cazar Yanis (19’). Fue el único ataque relevante de los blanquiazules en ese tramo. Y tampoco es que el Zamora fuera un rival que estuviera poniendo a prueba a Carrasco cada dos por tres. Pero sí daba una mayor sensación de peligro. A ráfagas, pero la daba. Principalmente con el balón parado, en saques de esquina y un par de faltas cercanas al área. Una la lanzó Carlos Ramos buscando la escuadra, pero se quedó a pocos centímetros (32’).
La eliminatoria estaba siendo igualada por su baja calidad y por los méritos de unos y otros. La diferencia de categoría no se palpaba sobre la hierba del Ruta de la Plata, nada nuevo en una Copa en la que suelen sufrir los favoritos. El Tenerife lo era. Debía serlo por su condición de club de Segunda –ante un Primera RFEF de media tabla–, aunque sus números en esta temporada sean deficientes.
El partido se animó tras el descanso. Empezó a parecerse a una eliminatoria de Copa. Para ello puso mucho de su parte el Zamora, que retomó el duelo con más empuje y decisión. Optó por perderle el respeto a un Tenerife que siguió tan fallón como hasta ese momento. Sostenido en defensa, sin más, e impreciso en la creación, sin balón ni profundidad. Lo aprovechó el conjunto de Juan Sabas para apretar. Speljak avisó en el 50’ con una acción individual y Kike Márquez insistió en el 53’. Esta vez sí, el pulso estaba siendo claramente rojiblanco. Los tinerfeños no tenían respuesta. La intentó poner Pepe Mel desde el banquillo con un triple cambio, especialidad de la casa: Dylan, Alassan y Ethyan por Dani Fernández, Cantero y Yanis. Energía renovada con futbolistas del filial, una solución madurada en la Ciudad Deportiva que hizo un amago de revolucionar el encuentro, que pasó de ser un monólogo a un ida y vuelta en el que Alassan probó suerte con un remate desviado a pase de Teto (56’). El asistente se subió a la ola y también buscó el gol, pero con la misma suerte que su compañero. Al menos, el Tenerife se había agitado para demostrarle al Zamora que no iba a firmar la rendición.
Pero los locales no se sintieron intimidados. En un partido que tendía a la ruptura, Campabadal rozó el 1-0 en el minuto 67, poco antes de que Mel sacara a un discreto Marlos y pusiera a Romero, debutante esta temporada (77’).
Con la sensación de que el tanto del Zamora podía caer en cualquier momento, el Tenerife echó el resto con la intención de evitar la prórroga. Tiró del carro Dylan con un par de lanzamientos desviados. No hubo manera de impedir la media hora añadida:0-0 en el 90’.
Esa fase fue una lucha contra el desgaste. La llevó mejor el Tenerife, que tuvo ratos de dominio que no se tradujeron en ocasiones de gol. Esa dinámica se alteró en el 105’ por la expulsión de Gayá. El central mallorquín ya había recibido una tarjeta amarilla en el 93’ y el árbitro le mostró otra aparentemente por protestar. Con casi toda la segunda mitad de la prórroga por delante, los de Mel tuvieron que jugar en inferioridad, un detalle que activó al Zamora y minimizó aún más a un Tenerife sin filo. Con la tanda de penaltis pidiendo paso, Kike Márquez tuvo dos ocasiones claras. La primera, fabricada por Tresaco, un problema para Mellot. Carrasco despejó a córner. La segunda, a la grada.
Respondió Ethyan con un chut a las manos de Altube. Y poco más. Después de dos horas de juego, el pase se iba a decidir en los lanzamientos desde los once metros. Y ahí, Salvi sacó a relucir una faceta desconocida. Asumió el reto con autoridad y seguridad, unas veces para desviar la puntería de los lanzadores con sus movimientos, otra para detener un penalti. Misión cumplida en Copa. 2025 empezará con un aliciente añadido.
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