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Señales de recuperación y victoria imprescindible del Tenerife

Un Tenerife más práctico que virtuoso logra una necesaria victoria ante el Mirandés gracias a un gol de Rubén Alves en el primer tiempo. Mel da continuidad al sistema de juego con tres centrales: 5 puntos de los últimos 9 y solo un gol en contra.

Julio Ruiz

Julio Ruiz

Santa Cruz de Tenerife

Dos empates y un triunfo en Liga, dos goles a favor y uno en contra, y lo que es más relevante, cinco puntos de nueve. Dadas las circunstancias, por el deficiente comienzo de temporada del Tenerife, el balance de las tres últimas jornadas es un indicio de que Pepe Mel y sus jugadores han encontrado un camino que les podría llevar a la salida del problema en el que se habían metido. Costará, claro, pero al menos ya hay una pauta que va funcionando, una carretera secundaria elegida con toda la intención para alcanzar algún día la salvadora cifra de 50 puntos. De momento, los blanquiazules ya tienen la quinta parte.

Pase lo que pase, el momento actual confirma el giro dado por el técnico. La experiencia es un grado y Mel supo coger un atajo antes de que la crisis se llevar por delante todas sus intenciones. Su fórmula inicial, con el atenuante de las bajas por lesión —existente también ahora–, no terminó de cuajar. Así lo indicaron los resultados. El 4-0 en Los Cármenes marcó un antes y un después. Había que sellar la fuga como fuera, evitar que el Tenerife siguiera siendo tan vulnerable. De lo contrario, solo cabía esperar una lenta autodestrucción. El primer paso fue dar prioridad al funcionamiento defensivo: cambio de sistema para tapar con cinco atrás en La Malata. Esa elección fue convincente de puertas adentro y tuvo continuidad en la eliminatoria de Copa –es lo de menos– y en un partido ante el Mirandés que había que ganar a toda costa. Y se consiguió. Siendo más práctico que virtuoso, el Tenerife lo sacó adelante. Era indispensable. Será más llevadero progresar desde la victoria.

Había contado Mel el sábado que no tenía claro si jugar con el sistema habitual o con el de los partidos en La Malata y La Molineta, con tres centrales. Que iba a tomar la decisión el mismo domingo en función de la propuesta del rival. Al final se decantó por la versión más defensiva. Cerró con Gayá, Alves y León y con los laterales –carrileros–Mellot y Medrano. El planteamiento inicial fue como el del Mirandés, con la diferencia de que el equipo castellano tiene mucho más asimilado ese modelo, tal como demostró en el arranque de un encuentro en el que se invirtieron los papeles: los rojinegros parecían locales y los blanquiazules visitantes. Porque eran los de Alessio Lisci los que mandaban en la posesión ante un rival pendiente de no desordenarse. El balón rodaba de un lado a otro en el campo tinerfeño sin que ese dominio se tradujera en ocasiones de gol; solo cuando Reina metió un centro desde el costado derecho que sacó Mellot con apuros.

La aparente actitud conservadora del Tenerife no tuvo consecuencias, aunque se echaba en falta algo más en el otro campo, donde Enric Gallego, la referencia para el fútbol directo y el desahogo, estaba aislado y apenas intervenía. En una de esas, la presión del ariete barcelonés a la adelantada línea de centrales del Mirandés enseñó una de las vías para hacer daño. Recuperó la pelota y la soltó rápido para que Luismi condujera en carrera directo a Raúl Fernández, pero su golpeo rebotó en un central. Simplificando procedimientos, el equipo de Pepe Mel mostró otra parte de su plan, la de esperar el momento para romper la línea de presión y sorprender en velocidad, como si estuviera jugando fuera de casa; una fórmula básica pero tan válida como cualquier otra si se lleva a cabo con acierto. Ese impulso animó al Tenerife a salir de la cueva y a llevar la iniciativa. Pero tampoco le dio para mucho más, únicamente para que Gallego rematara fuera, por alto, un centro procedente de la banda izquierda (11'). Fue entonces cuando el Mirandés dejó claro que también tenía algo que decir con un fútbol menos elaborado. A la primera que tuvo para salir al contragolpe, el goleador Panichelli estuvo a punto de plantarse solo delante de Salvi Carrasco. Lo evitó Rubén Alves a golpe de oficio (19').

Por momentos, el pulso se fue igualando. Manejo por turnos y contadas ocasiones para marcar. La pegada podía empezar a decantar el duelo y fue el Tenerife el que logró golpear primero. Como en el anterior encuentro de Liga, el de La Malata, no necesitó generar dos ocasiones para anotar. Rubén Alves acaparó el cien por cien de eficacia al empujar a la red un balón que le había dejado Diarra con la frente, situado en el palo más alejado del asistente Luismi Cruz, el inventor de la jugada con un pase desde el lado izquierdo. Estrategia desde el balón parado. Tres toques para un gol que reforzó al Tenerife en su idea y puso la primera piedra de un triunfo necesario.

El Mirandés, tercer clasificado en el inicio de la duodécima jornada de Liga, no firmó la rendición y retomó el partido tras el descanso con la misma manera de proceder, pero con un poco más de decisión a la hora de finalizar, o de intentarlo. Se encontró con un Tenerife convencido de que estaba avanzando por el camino correcto. Le dio prioridad a la protección de su cero en la portería y dejó para más adelante el zarpazo que pudiera dar. Los rojinegros lo aprovecharon para pisar el acelerador, aunque sus intenciones se quedaron a medio camino, primero porque Reina envió el balón a Herradura en un remate cercano al punto de penalti (50') y luego porque Salvi anuló con una paradón un contragolpe de Izeta, justo antes de que el árbitro señalara fuera de juego.

Después de este tramo de empuje visitante, el Tenerife se soltó un poco, pero sin inquietar a Raúl Fernández. Bastaba con una falta a favor en el campo del Mirandés o un balón en largo a Enric o Luismi para que rugiera el Heliodoro. Y en el otro lado se palpaba el miedo a que el Mirandés diera en la tecla, porque la ventaja era demasiado corta y el partido seguía abierto. El equipo jabato lo intentaba cada vez que podía, no renunciaba a sumar en el Rodríguez López. Quedó claro con un ajustado chut de Panichelli, desde la frontal del área, que sacó a córner Salvi Carrasco (64'). Aunque los avisos eran aislados, Mel optó por oxigenar a su equipo con un doble cambio en el minuto 70. Quitó a Aarón y a Gallego –ovacionado por su esfuerzo– y puso a Teto y Yanis.

El tiempo corría a favor de los blanquiazules, a los que les valía el 1-0, cualquier resultado favorable. Por si acaso, Luismi Cruz buscó ampliar la renta con una acción individual que el portero Raúl Fernández resolvió con seguridad (73’). Mirada al cronómetro y a seguir. El atacante gaditano volvió a concentrar toda la atención en la ejecución de una falta directa al borde del área. El balón se estrelló en la barrera (79'). Poco a poco y con la energías renovadas de Teto y Yanis, el Tenerife logró que se empezara a jugar más en el campo visitante, que es la mejor manera de defender un resultado. Y el Mirandés se iba encogiendo, impotente ante el crecimiento de un rival aferrado al valor del 1-0. Muchas prisas y poca claridad en el equipo del sancionado Lisci.

La emoción quedó en suspenso por la lesión del árbitro Ávalos Barrera. El encuentro se detuvo unos minutos para que cogiera su relevo el cuarto auxiliar. Los dos equipos aprovecharon el momento para repasar la teoría, como si hubieran pedido un tiempo muerto.

Los blanquiazules manejaron como pudieron la recta final, más preocupados por su mínima ventaja que por lo que estaba pasando en el campo, porque el Mirandés siguió falto de ideas y solo rozó el empate con un remate de cabeza de Panichelli que despejó Maikel con un gesto triunfal incluido en el 99’. El 1-0 ya estaba amarrado. Triunfo y señales de recuperación antes de recibir al Levante.

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