Entrevista | Alejandro Alfaro Exfutbolista del CD Tenerife

Alejandro Alfaro: «Fue un año precioso: sacamos todos nuestra mejor versión»

«Se me pusieron los pelos de punta cuando toda la afición cantó el ‘¡Alfaro, quédate!’ en la plaza de España»

Alejandro Alfaro celebra uno de sus goles en la temporada del ascenso.

Alejandro Alfaro celebra uno de sus goles en la temporada del ascenso. / E. D.

Manoj Daswani

Manoj Daswani

Fueron 22 goles y un papel crucial en un ascenso «irrepetible». Así recuerda Alfaro la gesta de Montilivi, si bien el partido que mayor impacto le dejó fue el anterior contra el Xerez. Desde entonces, ya es chicharrero de adopción.

¿Recuerda cómo se fraguó su fichaje por el Tenerife?

Recuerdo que hablé con Santiago Llorente y con Oltra. Me llamaron los dos, y quien me convenció del proyecto fue José Luis. Hablamos de la intención deportiva, de la ambición futbolística, un poco de todo... Dentro de las tres o cuatro ofertas que tenía, fue la que más me gustó. Económicamente no era la mejor, pero era un momento de mi carrera en el que quise que primara lo deportivo. Era la primera vez que iba a salir de Sevilla y era importante elegir bien.

¿Qué le convenció?

En parte la propuesta de juego. Fue fácil convencerme. Me vendieron un equipo que le daría buen trato al balón y que quería ser protagonista desde la presencia de futbolistas de calidad. Ya entonces me dijo Oltra que quería que jugase de mediapunta, por detrás del delantero. Salió todo como se habló antes de firmar.

¿Fue la época que más disfrutó del fútbol?

Correcto. Al final dentro de mi carrera fue indudablemente cuando más disfruté y mejor rendimiento di. Los números hablan por sí solos. Fueron 22 goles. El año que hicimos fue irrepetible, como así se confirmó después porque el Tenerife no ha vuelto a subir. Era muy difícil subir como lo hicimos. Lo que disfrutamos aquel año desde todos los estamentos del tinerfeñismo fue maravilloso. Fue un año precioso. Todos sacamos nuestra mejor versión.

¿Cuándo percibió que podría ser el año del ascenso?

Al final todo el mundo aspira, y es verdad que en verano se había hablado de la opción de subir y estar ahí con los mejores. Pero no nos lo creímos hasta mucho después. Fue al comenzar la segunda vuelta espectacular que hicimos.

Cuando entramos en dinámica positiva y ganábamos hasta cuando no teníamos el día, ahí fue cuando creímos. Se forjó una comunión con la grada en la que todos tuvimos fe, incluso en los días más torcidos sabíamos que al final ganaríamos.

¿El gol más especial fue el del Gran Canaria contra la Unión Deportiva?

Sí. Por muchos motivos. Era la primera victoria en ese estadio, era un derbi que me lo habían vendido como algo superimportante desde el primer día, y jugar mi primer partido con Las Palmas y hacer el gol..., fue una pasada. Es un orgullo que tengo a gala. Además, siempre que se acercan esos partidos me llaman de las radios de allí y es mucha la satisfacción de haber hecho feliz a tanta gente al mismo tiempo.

Sin embargo, posiblemente el partido más especial de la temporada no fuese el de Butarque, sino el anterior.

Contra el Xerez. Sabíamos que era a vida o muerte. Se nos podía complicar todo si no ganábamos. Llegamos al Heliodoro dos horas antes y no cabía un alfiler. La afición nos transmitía que era el partido de nuestras vidas. Todo se torció con la expulsión de Ricardo y aún así conseguimos que no se notara. Tuve la suerte de hacer el primer gol y el estadio rugió como un león. Parecía que se movían los cimientos del Heliodoro. Es una sensación que me cuentan que no se vivía desde los años de la UEFA.

¿Cómo recuerda el momento en que Ricardo vio la roja?

Recuerdo que se quedó hecho polvo. Fue una acción que pasó muy rápidamente, y a la velocidad que todo ocurre parece más de lo que fue. Él se fue al vestuario hundido y con la preocupación lógica de que podía haber estropeado el partido, pero el resultado hizo que se olvidara todo. Él aportó otras veces y además de forma esencial, porque estuvo a un nivel altísimo aquel año. Ese día nos conjuramos para jugar con diez como si fuésemos once; y, efectivamente, el que vea el partido repetido comprobará que apenas se notó que éramos uno menos.

Y a la semana siguiente, Montilivi. ¿Cómo lo recuerda?

Fue la culminación. Un partido de esos que sabíamos que íbamos a ganarlo. Estábamos tranquilos y mentalizados; además, arropados por nuestros familiares y por la afición. Creo que llevamos el partido bien, incluso pudimos ganar por más de un gol. Cuando marcó Kome, supimos que estábamos en Primera.

Si tuviese que rescatar solo una imagen de aquel viaje de ida y vuelta a Girona, ¿cuál sería?

Son muchos recuerdos bonitos, pero la imagen de la autopista cuando vuelves. Aquello fue increíble. Llegamos a la plaza, subimos al escenario y enfrente del Cabildo la armamos bien gorda. Fueron imágenes para guardar siempre y, de hecho, de vez en cuando me pongo la película.

¿Fue en aquella celebración cuando comenzó a fraguarse su continuidad por un segundo año?

Se me pusieron los pelos de punta cuando la afición cantó: «¡Alfaro, quédate!». Sonó al unísono o eso me pareció [risas]. El orgullo fue enorme y ahí de algún modo empezó a fraguarse. En cuanto pude volver, firmé. No tuve ni que pensármelo. Ni miré otras opciones.