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La fuerza de la necesidad del Amorebieta puede con un Tenerife desesperante

El equipo blanquiazul pierde su penúltimo partido en casa ante un Amorebieta obligado a ganar para seguir vivo en la lucha por la permanencia (0-1)

El único gol, de penalti en el arranque de la segunda parte

Julio Ruiz

Julio Ruiz

Santa Cruz de Tenerife

En las jornadas finales de una temporada, cuando un equipo ya no se juega nada y se enfrenta a otro que se lo juega todo, se suele notar quién necesita verdaderamente los puntos. No es una cuestión de falta de interés en ganar, sino de tener más o menos afilado el espíritu competitivo. En el duelo de la antepenúltima fecha, el Tenerife fue el equipo descomprimido y el Amorebieta, el activado. No hay ninguna motivación en quedar undécimo en lugar de duodécimo. Pero sí en intentar eludir el descenso después de haber pasado casi toda la Liga en la cola de la clasificación. En esas está el Amorebieta, que aprovechó un gol de penalti en el inicio de la segunda parte para cumplir con su obligación y seguir con opciones de permanecer en Segunda.

El partido arrancó con fútbol de área a área. Juego directo de unos y de otros para simplificar procedimientos y contrarrestar las sospechas de que podía ser un duelo de difícil digestión. En su primera aproximación al área, el Tenerife dejó claras sus intenciones. Balonazo lejano y finalización de Aitor, sin pensarlo dos veces. Chut raso, fuera, con apenas unos segundos en el crono. El Amorebieta respondió con un disparo de Lasure al larguero. Susto para Tomeu Nadal en su primera actuación como titular en Liga. Fue una de las cinco novedades del once, junto a las de Amo, León, Bodiger y Teto.

Tras este trepidante e inesperado inicio, los blanquiazules fueron tomando el control poco a poco. Con ello, a base de una circulación rápida del balón y un funcionamiento coral, se fueron escalonando las ocasiones: un remate taponado de Ángel después de un pase genial de Luismi, una volea cruzada de Teto despejada por Magunagoitia a base de reflejos... Todo, antes del minuto 10. Una más que aceptable tarjeta de presentación dadas las circunstancias, las de un Tenerife sin alicientes clasificatorios y las de un Amorebieta exigido por la amenaza del descenso. Precisamente, esa necesidad hizo que el conjunto entrenado por Jandro fuera algo más que un muro defensivo aferrado al valor del 0-0. Tenía que ganar en el Heliodoro y no se quedó a medias en el intento. La voluntad de agradar de los locales y el riesgo de los visitantes, animaron la noche. En ese pulso fue emergiendo un Amorebieta al que no le quemaba el balón en las botas. Por momentos, poniéndole un punto más de intensidad y dominando en el medio, consiguió acorralar a los tinerfeños, que ya no pisaban tanto el campo contrario. Eso sí, los vizcaínos mandaban a su manera, sin poner en verdaderos aprietos al portero mallorquín.

La escasa pegada que mostraba el Amorebieta apareció de pronto en el Tenerife. Le bastaron dos toques para rozar el gol. Lo hizo con una transición rápida enriquecida por Luismi Cruz y por Teto, que amagó y se quedó solo ante Magunagoitia en la ocasión más clara hasta ese momento. El portero se hizo grande y ganó el mano a mano (25'). El extremo cedido por el Sevilla, fino y ligero, con la chispa de sus mejores actuaciones, volvió a intervenir a continuación para conectar con Ángel, cuya maniobra de equilibrista al borde de la línea de fondo terminó rebotando en las piernas de los centrales. El Amorebieta sufría atrás cada vez que el Tenerife se estiraba.

La marea bajó sin avisar. El aceptable tramo inicial dio paso a una fase más trabada de camino al descanso. Una tregua sin señales claras del rumbo que acabaría tomando el encuentro. Menos precisión, menos continuidad. Pero el Amorebieta, siempre activado, no renunciaba al ataque. Lo demostró con un centro lateral que cazó Jauregui por alto para que Tomeu probara sus guantes (38'). Los de Jandro aprovecharon ese aviso para insistir con jugadas similares:aperturas a las bandas y pases al corazón del área, pero sin receptores liberados. El juego a ráfagas del Tenerife estaba siendo insuficiente ante un rival más constante.

En la segunda mitad no hubo ni margen para calibrar si los de Asier Garitano habían regresado tan fríos como otras veces. O sí. Porque el Amorebieta siguió a lo suyo y no tardó en provocar que uno de sus centros al área terminara en penalti. Enric Gallego levantó demasiado el brazo y desvió el balón en la zona de máximo castigo. De la Fuente Ramos no pitó nada inicialmente, pero fue avisado por Gálvez Rascón. Se acercó al monitor y ordenó el lanzamiento desde los once metros. Unzueta asumió la responsabilidad y no falló. Tomeu se lazó al lado contrario. 0-1 en el minuto 49, vida para un Amorebieta convencido en su propósito de evitar el regreso a la Primera RFEF un año después.

El Tenerife reaccionó de manera atropellada, con desorden. Quedó a manos de un Amorebieta que fue creciendo en el césped, que llegaba antes a cada duelo, que tocaba con más acierto. Un rondo del equipo flourescente que impacientó al público. Los silbidos procedentes de la grada sonaron a ruego de que ocurriera algo, que irrumpiera el amor propio, que Garitano introdujera algún cambio... Cualquier cosa para alterar la tendencia de un encuentro que se había torcido por méritos del rival. El técnico decidió intervenir en el minuto 64. Quitó a Teto y a Enric Gallego y puso a Cacho –extremo del filial– y a Roberto López. El equipo se organizó con el sistema habitual: dos centrocampistas, un mediapunta, dos extremos y un único delantero. Pero el tiempo avanzaba a toda prisa y el Amorebieta seguía mostrándose firme, lo suficiente para mantener a raya a su rival. La duda estaba en si se le podía hacer muy largo el partido. Con otro Tenerife, a lo mejor sí.

Porque los relevos no agitaron el frente de ataque de los blanquiazules. Visto lo visto, Asier optó por mover más piezas, aunque no para seguir refrescando el bloque ofensivo. Salieron Amo y Bodiger y entraron Sergio González y Javi Alonso en el minuto 72'. El centrocampista adejero, debutante en la presente campaña, no jugaba un partido oficial desde abril de 2023. Tampoco hubo una mejora notable. Seguían pasando pocas cosas cerca del área de un Amorebieta muy centrado y ordenado, y más competitivo. Como mucho, un remate alto de Luismi en el minuto 79, un disparo raso de Roberto López en el 80... El último giro fue apostar por Ethyan. El canterano relevó a un agotado Luismi. Pero la sensación de que el 0-1 iba a ser el resultado final, no desaparecía de ninguna manera. Hasta la suerte quiso premiar el esfuerzo de los visitantes. Si no, el potente remate de Roberto López en el tiempo añadido no se habría estrellado en el poste. Ni efecto Heliodoro, ni arreón final... Nada de nada. El Tenerife se marchó despedido con gritos de fuera, fuera en el penúltimo partido en casa de la temporada. El fuerza de la necesidad había podido con todo.

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