El partido del centenario no quedará como el acto más brillante de todos los que organizó el Tenerife para recordar que el club se fundó el 8 de agosto de 1922. Fue concebido con la mejor intención para que la celebración reuniera al mayor número de tinerfeñistas posible, dentro de la capacidad del Heliodoro Rodríguez López, para que la fiesta pasara de foros más reducidos a un lugar con más espacio, a la verdadera casa blanquiazul, para redondear el cumpleaños número 100 pensando en la afición. Se supone que esa era la idea. Pero no salió bien.

Puede que fuera por la fecha, por la hora, por el momento en el que está el equipo de Luis Miguel Ramis, porque el rival, el Brondby danés, no despertó mucho interés –fue elegido por haberse enfrentado al representativo en los cuartos de final de la Copa de la UEFA de la temporada 1996/97... Quién sabe. Quizás, un poco de todo. Lo cierto es que solo asistieron 4.184 espectadores, y eso que los abonados no tuvieron que pagar –las entradas, a 10 y 5 euros–. Y lo que seguramente se planeó en su día con la idea de que fuera una de las fechas centrales del centenario, un acontecimiento a la altura de tantos años de historia, se convirtió en una fiesta deslucida de la que, para colmo, el Tenerife salió goleado ante un adversario de la Superliga danesa que se sigue preparando para la reanudación de su competición, tras la pausa del Mundial.

Dentro de la variada oferta de festejos del centenario, el Tenerife dio en la diana con casi todo, con la camiseta, con el himno, con el libro, con las exposiciones, con los foros, con la actualización de su base de datos histórica, con la valiosa recopilación de material inédito... Pero no le salió tan bien el partido. De entrada, la cita encajó en el calendario con calzador, provocando incomodidad. De hecho, su celebración obligó al equipo a adelantar el encuentro de la decimoctava jornada de Liga contra el Real Oviedo, a jugar solo tres días después del derbi. Si, al menos, los blanquiazules hubieran ganado... Pero tampoco ayudó ayer que se enfriara tanto el ambiente con las dos derrotas consecutivas.

En un amistoso de este tipo, se entiende que el resultado es lo de menos. Lo que cuenta es no fallar en Liga, vencer al Alavés dentro de dos días. Pero un 0-4, duele. Además, un 0-4 sin discusión, con mayores diferencias de las esperadas entre los dos equipos. El Brondby fue mejor de principio a fin, y sin tener que emplearse a fondo. Con lo justo, siendo ordenado en defensa y más contundente que su rival en la presión, y tirando de toque, precisión y velocidad en los metros finales, acabó goleando. Y pudo ser incluso peor. Al final, el 0-4 no fue, precisamente, el mejor regalo de los blanquiazules a los poco más de 4 mil fieles que entraron en el estadio, tratando de buscar algo de sombra en la grada a falta de espectáculo. La mañana llegó a ser tan extraña, que incluso se escucharon gritos en contra del entrenador, de Luis Miguel Ramis. Qué necesidad.

Lo de ayer sonó más a estorbo que a premio para el equipo tinerfeño, y no es que no se lo tomara tan en serio como el Brondby, sino que los momentos de cada uno eran diferentes. Mientras que los blanquiazules llegaron a la fiesta con toda su atención puesta en la competición, ocupados en encontrar la manera de mejorar el rumbo tras dos jornadas sin puntuar y con la prioridad de ganar el miércoles al Alavés, los amarillos –visten como la UD Las Palmas– lo asumieron como una oportunidad para refrescar sensaciones en medio de la pausa mundialista.

Con todo esto, no fue ninguna sorpresa que Ramis formara la alineación con una mezcla de profesionales con menos minutos en la Liga y varios canteranos. Lo más destacado estuvo en la presencia de Alexandre Corredera, ya recuperado de la lesión que le obligó a pasar por el quirófano a finales de septiembre. El gerundense completó el primer tiempo y dejó buenas sensaciones, como si no hubiera estado tantas semanas parado. Se supone que le falta ritmo de competición, pero no está tan lejos. Igualmente llamó la atención la coincidencia de tres canteranos en la defensa, los debutantes Matías y Gonzalo con David Rodríguez como central. Junto a ellos, en el lateral izquierdo, Andoni López. De ahí en adelante, Larrea y Corredera en el centro y un cuarteto de atacantes compuesto por Dauda, Shashoua, Appiah y Elady.

El juego

Como en el partido de ida de los cuartos de final de la Copa de la UEFA de 1997, disputado en el Heliodoro Rodríguez López, el Brondby se adelantó. Lo hizo pronto, en el minuto 6, tras un centro desde la banda izquierda de Hedlund y un remate imparable de Omoijuanfo. A diferencia del precedente de hace 25 años (0-1), la cosa no quedó ahí. Porque el Brondby se adueñó del balón y encerró en su campo al Tenerife. Bajo esa tendencia se produjo el 0-2 en el minuto 20. Esta vez, una pérdida de Elady cercana al área fue aprovechada por Hedlund para batir al guardameta Javi Díaz.

A raíz del segundo tanto visitante, los blanquiazules se estiraron un poco más y enlazaron varios remates, de Mo Dauda (22’), Shashoua (23’), Gonzalo (29’), Corredera (32’) y Andoni López (34’). De todas estas ocasiones, la que estuvo cerca de transformarse en gol fue la de Gonzalo, que dio continuidad con la cabeza a un saque de falta de Corredera que despejó el meta del Brondby con apuros.En los mejores minutos del Tenerife, sin ser gran cosa, faltó acierto.

El descanso trajo consigo las primeras sustituciones. Nuevo motor en el centro con Jurado y Javi Alonso por Corredera y Larrea. Pero los blanquiazules no tuvieron mucho margen para ajustar las piezas. Enseguida, el Brondby volvió a golpear demostrando que lo suyo no era solo practicar un fútbol físico. Gesto de calidad, con un taconazo de Omoijuanfo para dejar solo a Divkovic . Javi Díaz, en su estreno en el Rodríguez López, quedó expuesto una y otra vez, en desventaja para, al menos, intentar protagonizar alguna parada de mérito. El 0-3 en el 51’ generó los primeros pitos procedentes de la grada.

La amplia renta no relajó a la escuadra danesa. Continuó en su línea, con un rigor táctico más que suficiente, contundencia en la retaguardia y claridad de ideas para combinar ante un Tenerife permeable. Así llegó el cuarto, en el 59’, anotado por Vallys tras una acción individual de Sebulonsen.

A renglón seguido, a la hora de juego, una tanda de cambios en el Tenerife para dosificar esfuerzos. Entraron los profesionales Aitor Buñuel, Nacho, Garcés y Teto, pero también los canteranos Alassán, Otero y Selma. Un poco más tarde tuvo su oportunidad el portero Víctor, y Sergio González relevó a un acalambrado Gonzalo. Mientras, el cronómetro avanzaba lento hacia el minuto 90 con cada equipo pensando más en la ducha que en alargar un enfrentamiento que no iba a dar más de sí, solo alguna que otra arrancada de los blanquiazules para poder anotar, voluntad sin la puntería necesaria.

Y no hubo más. El partido de los cien años de historia, sin historia, casi para ir encendiendo las luces de la sala de fiesta de una celebración que está resultando larga.