Suscríbete eldia.es

eldia.es

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Pasividad en la brega

El Tenerife firma una de las actuaciones más decepcionantes que se le recuerdan en un derbi canario l> Ni rastro del equipo solvente de la última victoria en Siete Palmas

Enric Gallego, cariacontecido durante el partido de anoche. | | LALIGA

No hubo margen para soñar siquiera con la victoria en uno de los partidos más esperados del año. No se lo tomó el representativo con la intensidad que requiere una contienda de alto voltaje, ahí donde no valen las medias tintas. El comportamiento del equipo dejó mucho que desear y Las Palmas aprovechó para ganar a placer.

Se impuso la ley del más fuerte, la lógica, el peso de los argumentos. Parecía casi ciencia ficción que un equipo con las hechuras de Las Palmas –candidato a todo con letras mayúsculas– fuera a permanecer en sequía de triunfos otra jornada más: cinco pinchazos consecutivos ya habrían sido demasiados. Su crisis (que era de resultados, no de juego) tenía fecha de caducidad y la encontró ayer, cuando más le hacía falta y también cuando más ansiaba el resurgir, que se produjo ante su acérrimo enemigo y en un escenario vestido con sus mejores galas, lleno a rebosar, que pasó de la incertidumbre del empate al frenesí de los golazos.

Del funeral de junio viajó el Gran Canaria al júbilo de anoche, que fue amarillo completo. Negará García Pimienta que tuviese sed de venganza y tal vez así fuera. Sí la tenían los casi 31.000 que llenaron Siete Palmas hasta los topes, aún con la doble pulla del playoff en el recuerdo. Dos estocadas difíciles de olvidar, que ayer estaban muy presentes en el colectivo recuerdo cuando Las Palmas compareció sobre la hierba para despojarse del dolor de aquella afrenta doble.

¿Y el Tenerife? No fue anoche el equipo reconocible, fiable y rotundo de Burgos, aunque el deseo de Ramis fuera el de calcar aquella solvente actuación de El Plantío; tampoco se pareció el representativo al que de forma coral derrotó al Huesca; y no hay rastros (lamentablemente) del equipo que disfrutaba defendiendo, era fiero a domicilio y a estas alturas soñaba con el ascenso el año pasado. Consumada la derrota donde más duele, en Gran Canaria y ante el rival vecino, vuelve a mirar el representativo abajo y no arriba. Ayer, por lo pronto, ni siquiera logró mirar a su rival de igual a igual; y el resultado fue indeseado: un horror. Fue un Tenerife de andar por casa, como si el de anoche fuese el amistoso del Centenario y no el derbi grande contra Las Palmas.

Lo doloroso no es tanto el marcador, que también, sino las formas. Difícil empeorar la puesta en escena de los blanquiazules anoche, impropia de un clásico que precisa energías en grado superlativo y no admite medias tintas. No era el clásico más importante del mundo, tampoco el que había levantado más pasiones, ni mucho menos un cruce decisivo como los de junio. Pero sí escuece la derrota porque devuelve al Tenerife a su cruda realidad. Es como si no se hubiese despertado aún de la pesadilla del verano; como si este año le saliera cruz todas las veces; como si estuviese condenado de antemano al fiasco (el de ayer mayúsculo y estrepitoso) cuando en realidad sus nombres propios no difieren mucho de los que empuñaba sobre el verde hace ahora seis meses en busca del paraíso al que no llegó. Valga un dato llamativo: solo fueron titulares dos de los nuevos, Waldo y Buñuel; el mejor fichaje está siendo Teto (de la cantera) y los tres refuerzos estelares –Nacho, Dauda y Appiah– fueron suplentes y alguno ni jugó.

Un solo color

El análisis futbolístico se reduce a un monólogo de Las Palmas. Nada que ver con la vez que el Tenerife intimidó, generó peligro, dio miedo y salió vencedor. Fue el de Ramis un equipo chato, demasiado blanco, sin arañar casi. Inaceptable imagen para un derbi que requiere siempre de alto voltaje; y preocupante la endeblez porque retrata a un equipo empequeñecido, que se salió de la versión aseada de las últimas dos jornadas para volver sangrar en Gran Canaria, ahí donde la herida más duele. Fue decepcionante y preocupante. A partes iguales.

Tres tinerfeños en los dos onces

Teto y Javi Alonso quebraron la tendencia a la exigua y en algunos casos nula presencia de jugadores tinerfeños en las alineaciones del representativo en los derbis canarios contra Las Palmas. De hecho, en alguna ocasión se había dado la paradójica circunstancia de que hubiera más chicharreros en el rival que en el propio equipo blanquiazul. Teto, por cierto, lleva disputados todos los compromisos oficiales de la temporada a las órdenes de Ramis; mientras Javi Alonso fue novedad en detrimento de José Ángel. El otro tinerfeño en los dos onces fue Moleiro, que ingresó en la formación amarilla tras ser suplente ante el Levante.

Compartir el artículo

stats