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Vuelta a la casilla de salida

El Tenerife reintenta el reto del ascenso con una plantilla corta, la estructura casi inalterada del curso anterior y la ilusión intacta l> El Eibar, otro de los aspirantes, también ha tenido que recomponer el ánimo

Nacho Martínez, Dauda, Javi Díaz y Nacho Martínez

Vuelve el Tenerife a Ipurua solo unos meses después de su última visita (21 de mayo, 2-0). Entonces, tanto los blanquiazules como el Eibar comparecían con la ilusión por las nubes, altos índices de satisfacción con sus propios resultados y la muy feliz expectativa de que esta nueva liga la empezarían en Primera. No fue así porque al representativo se le esfumó su sueño en una aciaga final, que ya parece haber enterrado entre sus recuerdos más funestos; mientras a los armeros se les escapaba el premio gordo del ascenso directo de forma inexplicable en el último suspiro y luego también sus esperanzas en la repesca.

A los dos clubes les une ahora la necesidad de levantar el ánimo y recomponerse. Lo han hecho siguiendo la misma fórmula: estabilidad en el banquillo, un esfuerzo ímprobo por mantener inalterada su columna vertebral y fichajes solo en aquellas demarcaciones donde hacía falta mejorar con urgencia. El Eibar ya lleva siete altas y el Tenerife suma cinco; y aunque ambos planteles estén aún incompletos, van sobrados los de Garitano y Ramis de fe, autoestima y confianzas en sus propias opciones.

«Nos vemos fuertes», ha verbalizado el jefe de los blanquiazules, que comparece en el proyecto como garante de un estilo que ya demostró su validez con resultados incontestables. La importancia del entrenador en el engranaje del Tenerife es proporcional a la de Gaizka Garitano en el ecosistema azulgrana, donde ofrece con insistencia el mismo discurso de humildad y paciencia que se ocupan de tejer en estos días de agosto todos los equipos de la categoría. La temperatura, por cierto, se elevará por encima de los 25 grados a la hora del partido.

En esta vuelta a la casilla de salida después de quedarse a un paso de ganar el juego en junio, ya sabe el representativo que afrontará el desafío de reintentarlo con una plantilla más corta de la que tenía un año atrás. Ahora bien, parten los isleños con la ventaja de saberse de memoria el librillo de Ramis, tener automatizados todos los mecanismos de su sistema –la defensa, primero– y conocerse los unos a los otros como si fueran una familia. Así que no asustan las bajas (Garcés), la orfandad en algunas demarcaciones (banda derecha) ni tampoco la prontitud con la que arranca LaLiga, que cada vez comienza antes y da menos descansos, menos tregua, menos tiempo para desconectar. Apenas ha tenido vacaciones el Tenerife, que ha tenido que rehacerse en tiempo récord tras acabar fatigado y sin fuerzas tras titánico esfuerzo de junio.

Dos meses después, el reto de recomponerse parece conseguido. Y frente a las ausencias y los contratiempos no habrá improvisación. Más bien al contrario, ideas claras y la necesidad de empezar bien como primera premisa fundamental. Verbalizan desde dentro que el triunfo inaugural contra el Fuenlabrada (1-2) fue el primer paso para llegar tan lejos como a la finalísima del playoff; y sin ser concluyente, la prueba de Éibar puede hoy disparar la ilusión y la autoestima a partes iguales. Reto temprano y exigente, pero pilas cargadas y confianza total.

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