Un Tenerife con dos caras. El cuadro blanquiazul se firmó firme y convincente en el primer acto, gobernó la contienda y generó peligro como para dejar sentenciado el partido con suficiencia. Y en cambio sesteó en la segunda, en la que salió con los fusibles apagados, dio vía libre al Cartagena para el empate e introdujo el carrusel de permutas que casi siempre deslucen este tipo de amistosos. Con todo, se va el representativo con la inyección de autoestima que le otorgan sus buenas sensaciones ante el segundo rival de su misma categoría al que se ha enfrentado este verano.

Fue una buena prueba a pesar de las ausencias. Con un buen oponente enfrente -aunque disminuido en su potencial porque jugó otro partido el día antes-, el cuadro de Ramis se acercó por muchos minutos a la versión que el entrenador quiere de los suyos.

Ahora bien, no todo fueron señales felices. Al margen del bajón después del intermedio, las más importantes noticias (y focos de preocupación) que dejó el último encuentro veraniego llegaron una hora antes de que el balón empezara a rodar. Se conocieron las alineaciones, la lista de suplentes y faltaban hasta tres nombres relevantes. Rubén Garcés, a quien Ramis había confirmado la intención de alinearlo; Enric Gallego, ausente por segunda vez consecutiva y también Elady Zorrilla se apartaron del once por molestias de distinta índole. No es que los tres estén descartados para la apertura liguera, pero inquieta que el entrenador no haya podido probarles y testar su estado físico a siete días del debut.

Ha sido la del Tenerife una pretemporada exprés y en la que los contratiempos se han cebado de forma acuciante en la parcela ofensiva. Así que en pleno aluvión de malas señales, fue una bendición que Sam Shashoua demostrase que está para algo más que para 45 minutos. De hecho, fue el británico el hilo conductor de las más peligrosas aproximaciones blanquiazules al marco rival. El mejor de largo, ofreció un auténtico recital. Y a toda velocidad, como en él es costumbre.

En cuanto al Cartagena, optó por un once completamente distinto al del día antes con el Almería. La duplicidad de compromisos estivales para el cuadro blanquinegro -dos en 48 horas- obligó a Carrión a disponer planes A y B para cada uno de los partidos, quedándose ayer en el banquillo algunos presuntos titularísimos, entre ellos el isleño Jairo o el goleador Ortuño.

Sin que puedan extraerse conclusiones categóricas, vale como indicio que -ante el alud de bajas- optase Ramis por acostar a Corredera a la derecha; repetir con el dueto Aitor-José Ángel que tan buenas prestaciones ha arrojado durante el estío y dar carrete a la cantera. No es casualidad que fuese elegido para la titularidad Teto, cuyo rendimiento es creciente, lo mismo que la confianza del entrenador en su talento; y que Ethyan, que pidió un penalti clamoroso en los compases iniciales, fuese ayer la referencia ofensiva más adelantada en los esquemas blanquiazules.

Como ya ocurrió en el otro partido del verano contra un Segunda (1-0 ante el Ibiza), el representativo se dejó en las habitaciones del hotel la apatía y la sensación de piernas cansadas que sí se le vio el miércoles contra un muy motivado Murcia. Esta vez el guion fue muy diferente, el encuentro más parejo y la firmeza de los blanquiazules fue denominador común en casi todas las facetas durante una muy buena primera mitad. Atrás, en la seguridad de Soriano, que dio respuesta a un libre directo botado por el ídolo local De Blasis; y arriba, en las múltiples acometidas que generó la capacidad asociativa y la chispa de Shashoua o de Teto. Para el británico fue otra de las más claras opciones para el gol, que se resistía una vez y otra (20'). De hecho, antes del intermedio el Tenerife ya había méritos suficientes para hacer traca varias veces, lo cual evitó Marc Martínez tras un buen testarazo de Aitor Sanz (32').

El gol, como ante el Ibiza, iba a venir con la impronta de un canterano. Entonces la del descollante Teto y esta vez con el sello de Ethyan, que desde muy niño anda casado con el gol. Le basta solo serenarse -y no jugar con el cuentakilómetros acelerado- para generar peligro y así lo demostró ayer haciendo de alquimista, convirtiendo en oro un buen servicio de Shashoua, cuya relevancia e influencia en el envite crecía a pasos agigantados. 

Fue una primera parte muy de las que gustan a Ramis, con el rival sin generar caudal ofensivo y bien maniatado de principio a fin. En cambio sí fue incisivo, peligroso y hasta efectivo el Tenerife, que tuvo margen y ocasiones para irse al descanso con un marcador más abultado. Una acrobacia de Shashoua, otra vez él, casi le otorga el premio del 2-0 antes de ganarse el descanso bajo el intenso calor en Pinatar (36º).

El guion cambió mucho en la reanudación, cuando el primero de los cambios de Luis Carrión (Valle por Neskes) ocupó de emparejar el duelo con un buen gol. Fue el tanto del empate el preludio de un largo rato de mayor dominio del Cartagena, que fue de menos a más. Cuando ya dominaban los locales se produjo la irrupción en escena de Dauda, a quien Ramis escoró a la izquierda. Además, probó al canterano David -hasta la fecha siempre en las funciones de lateral- por delante de Mellot en un experimento por lo que pudiera pasar ante la asifixiante ausencia de efectivos por la derecha.

El choque siguió idéntica senda hasta el final, con un Cartagena mejor y el cuadro blanquiazul afanado en defenderse. Pareció como si al Tenerife le bastara la primera mitad para convencerse a sí mismo de que está listo y preparado. En seis días, a Ipurua. Entonces sí, no valdrá solo con 45 minutos.