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Un sueño que duró ocho años

En un emotivo y sencillo acto celebrado en el Rodríguez López, el portero se despide del club blanquiazul después de siete temporadas y media y 216 partidos disputados

La emotiva despedida de Dani Hernández del CD Tenerife

La emotiva despedida de Dani Hernández del CD Tenerife María Pisaca

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La emotiva despedida de Dani Hernández del CD Tenerife J. Ruiz

Se había propuesto emocionarse lo justo en el instante de tomar la palabra para condensar todas sus sensaciones en una carta de despedida como jugador del Tenerife, pero su voz se quebró a la decimocuarta palabra. «Hola a todos, este es un día que recordaré siempre, ha llegado el momento...». Breve pausa y respiración profunda, ya con alguna lágrima brotando de sus ojos. No era para menos. Atrás quedaban siete temporadas y media como integrante de la primera plantilla blanquiazul y 216 partidos disputados –el tercer guardameta con más participaciones por detrás de Aragoneses, con 267, y Aguirreoa, con 220–. La punta del iceberg de un sinfín de vivencias y de anécdotas, el sueño cumplido con creces de aquel niño nacido en Caracas, pero muy tinerfeño.

Ayer, a sus 36 años y sin la intención de colgar los guantes, Dani centró por última vez la atención del tinerfeñismo en un cálido y sencillo acto en el que prefirió un «hasta luego», más que un «adiós». Porque ya no estará en los entrenamientos de El Mundialito ni verá su nombre en las convocatorias, pero sí seguirá de cerca al Tenerife como «un birria más».

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Rueda de prensa del portero del CD Tenerife Dani Hernández María Pisaca

Acompañado por su madre y por su hermano Jonay –conocido como Meji y exfutbolista de la cantera y del primer equipo blanquiazul–, por dos íntimos colegas de vestuario en tiempos no tan lejanos como Suso Santana y Ricardo León –Aitor Sanz y Carlos Ruiz dejaron unos mensajes de vídeo– y por varios amigos, y recibido por el consejero del club Juan Manuel Quintero, Dani se dirigió al micrófono instalado para la ocasión en el espacio anexo a la sala de prensa del Heliodoro Rodríguez López con la sonrisa de siempre, pero con un nudo en la garganta. Retomando su discurso admitió que, después de que el club no le ofreciera renovar su contrato, había llegado «el momento» de que los caminos se separaran. Una senda en la que entró con 12 años, cuando empezó a formarse en la cadena de filiales del Tenerife, y de la que salió por un tiempo después de su ciclo juvenil para poder iniciar sus estudios universitarios en la Península y coger rodaje en equipos como el Jaén, Murcia o Valladolid. Tras esta etapa volvió a casa en el mercado de enero de 2015. Antes y después, fue creciendo «como futbolista y persona» dentro de un Tenerife que le transmitió «muchos de los valores» que ha ido sumando a su vida.

Por todo esto, quiso dar las gracias «a todos por lo bien» que se «portaron» con él y por haberle hecho «tan fáciles» las cosas. Y al hablar de «todos», se refirió, por este orden, a los empleados de las oficinas, a los encargados del mantenimiento de las instalaciones, a los cocineros, a los responsables de los servicios médicos, a los directores deportivos –Serrano, Moreno y Juan Carlos Cordero–, a los entrenadores –Cervera, Raúl Agné, Martí, Etxeberría, Oltra, Luis César, Garai, Sesé Rivero, Baraja, Fran Fernández y Ramis– y a sus ayudantes, al presidente –solo conoció a Concepción–, a los compañeros de equipo y también a la prensa «por el trato» recibido, a pesar de algunas «diferencias» puntuales, asimiladas con el paso del tiempo como formas distintas de «querer el bien» del Tenerife.

Haciendo balance de su trayectoria, no olvidó que sufrió finales «agónicas» para evitar descensos y que estuvo a punto de «tocar el cielo» dos veces, en los duelos decisivos de los playoff de 2017 y 2021 contra el Getafe y el Girona.

Mención aparte para su familia. A su padre. Otro momento para levantar la mirada y respirar hondo. «Siempre quiso verme jugar en el estadio y no pudo», lamentó el internacional con Venezuela. Y un guiño a una afición que no le dio la espalda. «Me arropó y me hizo sentir su cariño», destacó Dani con el simple objetivo de haber dejado el «bonito recuerdo de un niño que soñó con jugar un partido con el Tenerife y jugó más de 200».

Con una implicación y entrega fuera de toda duda, aseguró que «siempre» intentó dar «lo mejor con compromiso, respeto y dedicación, defendiendo con mucho orgullo los colores del equipo» de su tierra durante ocho campañas.

«Aquí tendrán a un birria más que animará al equipo como un aficionado incondicional, y como no soy partidario de decir adiós, me despido con un hasta luego; y siempre, siempre, adelante sin temor a la meta final», concluyó Dani con aplausos como respuesta.

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