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Derrota del Tenerife en Eibar y malas sensaciones

Un desconocido Tenerife cae en el campo de un Eibar superior y no termina de garantizar la cuarta plaza con vistas a la promoción

José León (i) y Calros Pomares tratan de interponerse al disparo de Corpas LaLiga

Al Tenerife no le bastó con ser el mejor visitante. Ganó el que compitió por un premio mayor. El ascenso directo, ni más ni menos. La posibilidad de cruzar esa meta, por parte del Eibar, pudo más que la intención del Tenerife de amarrar el cuarto puesto. No hubo fiesta plena en Ipurua por el triunfo del Valladolid en Ibiza, pero los de Garitano llegarán a la última jornada siendo líderes y con el billete a Primera a punto. El 2-0 no deja daños clasificatorios en el Tenerife. A pesar de haber encadenado dos derrotas -la anterior, ante el Málaga-, tiene la promoción asegurada y depende de sí mismo de tener el factor campo de su lado.

Independientemente de la conveniencia de garantizar la cuarta plaza con vistas a las eliminatorias que se celebrarán en junio, si se trataba de avanzar hacia el playoff amasando buenas sensaciones, todo salió mal ayer. No debería ser la referencia con rumbo a la promoción. Más vale. El Eibar se impuso de principio a fin con autoridad a un Tenerife desconocido. 

Ramis introdujo cinco cambios en la alineación. Regresó Soriano, después de que cumpliera una jornada de suspensión, y también entraron Shaq Moore -luciendo el brazalete de capitán-, Nikola Sipcic, Sergio González y Rubén Díaz. 

Con estas novedades, el Tenerife cumplió la primera condición de salir enchufado. Debía ponerse a la altura de un Eibar dispuesto a todo para aumentar sus opciones de lograr su segundo ascenso a la máxima categoría. Arranque dinámico, con ritmo alto, pero sin un dueño claro. Durante un buen rato, el equipo blanquiazul pisó con cierta ligereza el territorio contrario, siguiendo la pauta de abrir el campo con sus laterales y sorprender con los interiores mezclándose por dentro y con la movilidad de sus dos delanteros, Mario y Enric Gallego. De las botas de este último llegó el primer remate. En el minuto 5, fuera, tras una prolongación de cabeza de Mario. No fue una mala tarjeta de presentación, pero lo cierto es que el peso del juego fue cayendo poco a poco del lado de los locales. El Eibar se fue adueñando del centro del campo y puso a funcionar una maquinaria desbordante en ataque, con recursos de todo tipo y una voracidad al nivel del objetivo por el que estaba peleando. Cualquier aproximación ponía en alerta a la zaga blanquiazul, que no tardó en activar su capacidad para sufrir. Iba a ser un día de esos. El paso adelante de los armeros provocó que el Tenerife jugara cada vez más lejos del área contraria. A los blanquiazules tampoco les funcionaba la alternativa, tan productiva en otras ocasiones, de la recuperación y la transición rápida. Con el paso de los minutos, el balance visitante se fue reduciendo a algunas galopadas de Shaq Moore por el costado derecho. Poco más. 

En cambio, el Eibar empezaba a merodear el gol a base de centros, de un juego más directo cuando era necesario... Poco después de que Edu Expósito abriera la colección de remates -nadie le había tirado tanto a puerta-, el encuentro se terminó de romper con una genialidad de Stoichkov. El andaluz recibió fuera del área con tiempo para pensar, inventarse una jugada y arrancar. Aunque cuatro blanquiazules se fueron a por él -Alexandre, Shaq, Sipcic y Mollejo-, siguió su camino y se coló en el área para batir a Soriano con un eficaz golpeo. En medio de la celebración, los futbolistas del Tenerife pidieron falta por manos de Edu Expósito en el inicio de la jugada, pero el árbitro, tras las indicaciones procedentes de la sala VAR, dio por válido el gol (1-0, 18’).

El tanto consolidó a un Eibar cada vez más seguro en lo que hacía y difuminó a un Tenerife que fue perdiendo consistencia por momentos. El goteo de ocasiones no paró hasta el intermedio. En una de esas acciones respondió Juan Soriano con un paradón a tiro de Fran Sol (29’). A renglón seguido, Juan despejó una falta directa lanzada por Óscar Sielva, quien tuvo que pedir el cambio antes del descanso por una lesión muscular.

No es que se viera venir el 2-0, pero el Eibar se estaba mostrando superior. Con todo esto, el Tenerife pudo estirarse y contó con una ocasión para empatar. En una llegada aislada, un saque de banda ejecutado por Shaq y prolongado por Sipcic, Mario conectó un remate en la frontal del área pequeña, pero el balón salió muy alto.

Ramis aprovechó el intermedio para buscar soluciones. No le estaba gustando su equipo. Y realizó tres cambios de golpe. Metió a Mellot en la banda izquierda -por Pomares-, prescindió de Alexandre para apostar por Míchel y relevó a Mollejo por Álex Bermejo. Esta revolución no surtió efecto de entrada. De hecho, fue el Eibar el que estuvo a punto de ampliar su renta, primero tras una brillante acción de Corpas que aprovechó Sol para poner a prueba a Soriano, y luego con un error del portero en la puesta en circulación del balón que resolvió mal Edu Expósito. Síntoma, el de Soriano, de un Tenerife impreciso e incómodo, sin conseguir domar el partido con su fiabilidad y la pegada de siempre.

El Eibar seguía a lo suyo. A pesar de que su ventaja era corta, no aparecían indicios de que pudiera correr peligro su triunfo. Es más, los azulgranas seguían dando motivos para volver a anotar. Corpas enganchó una volea desde la frontal del área, tras un saque de esquina y un despeje de la defensa, y Soriano metió una mano milagrosa (59’). El sevillano apenas tuvo respiro. En el 61’, tapó un intento de Fran Sol, en el 69’ desvió a córner un cabezazo de Venancio... Pasaban cosas poco habituales. Hasta el infalible León se contagió y perdió un balón que iba camino del 2-0, pero Expósito no acertó a batir a Soriano. El resultado empezaba a parecer corto para el Eibar.

Era un Tenerife desconocido en defensa y con muy poca presencia ofensiva. Ramis había intentado aportar otro empuje cambiando a Mario por Nahuel, pero al argentino le costó entrar en juego. Tampoco es que esté en su mejor momento, después de la lesión de rodilla que sufrió el pasado verano.

La sentencia llegó en el 83’, a balón parado. Chema se anticipó a la defensa y superó a un Soriano que ya se había quedado sin opciones.

Partido para olvidar, o para aprender de cara a la promoción.

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