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Oportunidad desperdiciada (1-1)

El equipo blanquiazul no pasa del empate en el feudo del Amorebieta

Alexandre Corredera, durante el partido.

El Tenerife se quedó corto en Lezama. Fue superior al Amorebieta y mereció más que el empate. Y eso que se encontró con el resultado en contra antes del cuarto de hora, cuando dos errores encadenados de Aitor Sanz y Juan Soriano, en sendos despejes, fueron aprovechados por Guruzeta para marcar, a modo de regalo postnavideño, en una situación inusual en un conjunto seguro en defensa y acostumbrado a conceder poco o nada. Un penalti descubierto por el VAR le brindó a los blanquiazules la posibilidad de recuperar el control de la situación. Pero no hubo manera. Unas veces fueron los paradones del guardameta local, Marino y otras la falta de precisión, pero también las prisas. Así se fue escapando el tiempo con el desenlace de un punto que sabe a poco, dado el desarrollo del encuentro y la necesidad que se palpaba -al menos, de puertas afuera- de compensar la decepción de la derrota del derbi.  

Precisamente, el modelo de partido fue opuesto al anterior. Por posesión y propuesta, el Tenerife pareció local en Lezama. Si ante la Unión Deportiva le costó tener el balón y llevar el dominio, ayer tocó casi lo que quiso. Lo malo es que no siempre supo qué hacer. Ya está más que demostrado que el de Ramis es un equipo que saca lo mejor cuando tiene espacio para correr y sorprende con su velocidad y su pegada, simplificando los procedimientos, sacando zarpazos -como en Zaragoza-. Su adversario trató de apagar esa virtud de los insulares. Defendió en su campo con orden, dejando pocos huecos. Y cuando esa oposición no fue suficiente, apareció un inspirado Marino, quien, entre otras, protagonizó una de las paradas de la jornada, y quizás de toda la Liga. Ya con 1-1 en el marcador, en el minuto 55, despejó un remate de cabeza de Bermejo a bocajarro. No fue la única del arquero.

El Amorebieta vivía de eso. De intentar protegerse de la mejor manera, renunciando a tener el balón, y buscando con paciencia el fallo del rival para lanzar algún que otro contragolpe. Y si no, quedaba el recurso de la estrategia. 

Esa fórmula le dio resultado de una manera inesperada. No se recuerdan errores no forzados del Tenerife en esta temporada como el que le costó el único gol en Lezama. Lo que empezó siendo un saque de banda cercano al área propia, se convirtió en un regalo con valor gol. León puso la pelota en juego con las manos, Aitor Sanz despejó mal y Soriano lo hizo todavía peor. La pelota le cayó a Guruzeta, que solo tuvo que empujarla al fondo de la portería (14’). 

Mucho castigo para un Tenerife que había salido al campo con las ideas claras, con Sipcic y Mollejo como novedades en un once en el que no estuvieron ni Sergio ni Elady, y sabiendo qué tipo de partido iba a tener que disputar. Los blanquiazules no estuvieron con rodeos. Trataban de finalizar cualquier acción ofensiva, como demostró Mellot (2’) con un disparo desde fuera del área que salió rozando el palo derecho. Era fundamental no perder balones, no darle sentido al plan del Amore.

Antes del 1-0, el Tenerife sufrió muy poco. Por no decir nada. Un resbalón de Sipcic propició un contragolpe, pero poco más. Con el cronómetro avanzando, el partido había entrado en una fase de poca continuidad y precisión. Y esa falta de rumbo deparó el sorprendente giro del gol local, un tanto que sacudió a un Tenerife que pareció algo perdido, mientras que el Amorebieta empezaba a notar que el partido podía salir tal como esperaba, a pesar de que quedara aún mucho por delante. El juego estuvo durante un rato en el lugar que querían los locales. El Tenerife se precipitaba, perdía las disputas... Estaba cayendo en una trampa de la que, no obstante, supo salir a base de insistencia. De hecho, no tardó tanto en volver a coger las riendas del encuentro.

El Amorebieta volvió a la casilla inicial y permitió que el Tenerife tocara asumiendo el riesgo de que su resistencia no fuera tan sólida. No le convenía jugarle al equipo de Ramis de igual a igual. Ese planteamiento se torció en una jugada que cambió de manera radical gracias a la intervención de Ávalos Barrera, el árbitro del VAR. El colegiado principal rectificó su decisión inicial de pitar saque de esquina, tras un remate de cabeza despejado por Larra, y señaló penalti tras revisar la acción en la pantalla. En directo, no se apreció con tanta claridad el contacto de la mano con el balón. La repetición demostró que sí había sido falta. La pena máxima fue convertida en gol por Gallego (24’), metiendo de lleno al Tenerife en el partido y enfriando el entusiasmo de un Amorebieta al que el partido se le podía hacer muy largo.

Después del empate

Sin signos de que el guion fuera a cambiar, parecía cuestión solo de perseverar. De camino al descanso, la posesión seguía siendo blanquiazul. Y también las ocasiones. Mollejo tuvo una clarísima (35’). Tirando de oficio, Aitor Sanz sacó rápido una falta en el centro del campo y le puso el balón al toledano, quien buscó la escuadra y se encontró con un excelente Marino. Un poco más tarde (42’), Bermejo irrumpió con una potente carrera por la banda izquierda, pero su esfuerzo quedó en nada.

Con 1-1 y superado el susto del gol en contra, el Tenerife afrontó la segunda mitad con la esperanza de terminar de decantar el resultado. La puesta en escena fue convincente, incluso mejor que la del comienzo del encuentro. Esta vez, con Mollejo siendo el encargado de probar suerte (47’), puede que con un disparo desviado cargado de prisas. Aitor le pidió cabeza.

Con menos frecuencia de llegadas de las esperadas, por el repliegue de un Amorebieta reduciendo sus opciones a algún ataque rápido o a un arreón final, al Tenerife le costó amasar nuevas ocasiones claras para marcar. Probablemente, su funcionamiento ofensivo era demasiado previsible. Le faltaba velocidad, desborde. Shashoua surgía de vez en cuando, Bermejo no encontraba espacios para correr, Mollejo lo intentaba sin acierto, Enric aguardaba en su función de rematador... Pero alguna oportunidad iba a llegar. Y la siguiente fue la más clara, la que ratificó la condición de héroe de Marino al evitar un gol cantado de Álex Bermejo, incrédulo al ver que su remate de cabeza no había entrado.

Entretanto, Soriano era un espectador más. Solo debió inquietarse a raíz de una pérdida de balón de Mollejo (59’) resuelta por el Amorebieta sin remate a puerta.

Marino, decisivo

En cambio, Marino volvió a exhibir sus reflejos en el 60’, esta vez para despejar un cabezazo de Enric tras una prolongación de Sipcic, que había cazado por alto un saque de banda de Pomares. No, no había manera. La mejor noticia era que restaba media hora y que el Tenerife crecía ante un rival sin fuerzas.

El ariete barcelonés puso de su parte en el 72’ tras transformar un centro de Alexandre en un remate a la media vuelta, en una maniobra de las suyas. El disparo acabó en un saque de esquina sin más.

El encuentro incluso le dio al Tenerife la posibilidad de generar un contraataque. Un pletórico Mellot recuperó la pelota en campo propio, esprintó y conectó con Gallego, cuyo lanzamiento fue rechazado por Marino. El rebote fue a parar a Mellot, pero el francés, agotado, envió el balón a la grada.

A esas alturas, el escenario casi invitaba a la resignación. Pero siempre podía quedar la última. Y el Tenerife la tuvo. Elady, que no había sido titular, logró contactar con la frente un centro de falta de Míchel, pero el balón se marchó a un lado de la portería de Marino.

Ahora sí, era cuestión de firmar el empate. Sobre todo porque el Amorebieta apuró lo poco que le quedaba para estirarse. Larra puso a prueba a Soriano con un lanzamiento directo de una falta lateral y Luengo envió a las nubes el balón rechazado por el sevillano. Para colmo, los locales llegaron a poner en juego dos saques de esquina seguidos antes del pitido final.

Un punto fuera de casa que deja la sensación de oportunidad desperdiciada por un Tenerife que, en cualquier caso, seguirá una jornada más en puestos de promoción.

Los blanquiazules no volverán a competir hasta el viernes 21 de enero. Será en casa ante el Oviedo.

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