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Alberto Molina Futbolista que más partidos jugó con el CD Tenerife

«El Tenerife es mi ideología, mi religión y mi partido político»

Alberto Molina. Delia Padrón

¿Cómo se hace para jugar hasta 413 partidos con la misma camiseta?

Eso fue porque me respetaron las lesiones. Durante mis tiempos como futbolista no vinieron nunca; han venido ahora todas juntas, una detrás de otra (ríe).

¿Orgulloso de haber sido el hombre que más veces lució la blanquiazul?

Lo que me emociona es que la gente se acuerde de mí. Noto que me quieren con locura y de verdad me sorprende que esto ocurra tanto tiempo después de haber colgado las botas. Todo el mundo me aprecia y valora mi trayectoria en el Tenerife; de hecho, los elogios han venido ahora y no cuando jugaba, que entonces sí recibía más palos.

¿Qué significó el Tenerife para usted?

Lo más grande que me pudo pasar en la vida. Hubo momentos buenos y malos, unas temporadas mejores y otras peores, muchas situaciones de apuros; pero siempre luchamos y defendimos el escudo de la mejor manera posible. Para mí, jugar en el Tenerife fue como hacerlo en el cielo.

¿Cómo empieza su historia de futbolista?

Pues empecé en Las Palmas, en el barrio, como tantos otros futbolistas canarios. Jugábamos cerca de la playa de Las Canteras o de Las Alcaravaneras; y así fue que un día nos ficharon a cinco o seis para el mismo equipo. Así comencé, y aún lo recuerdo.

De aquellos tiempos tendrá un sinfín de anécdotas.

Hay una que te cuento siempre. Una vez tuvimos que limpiar el campo antes de jugar. Si queríamos disputar el partido, antes había que adecentar el campo. Y así fue que tuvimos que quitar las cagadas de cabras y no sé cuántas cosas más. Es lo más extraño que me ocurrió en todos mis años como futbolista.

¿Y a quién se debe que fichara por el Tenerife?

Don Domingo Pérez y don Antonio Lemus fueron las personas a las que debo mi fichaje. Ellos fueron los promotores de mi llegada a la Isla y quienes hicieron posible que yo me entusiasmara tanto por este deporte. Para mí el Tenerife lo significó todo. A mi edad, me brindó la oportunidad de salir de casa por primera vez; quedarme a vivir, dejar Las Palmas para iniciar una vida nueva, ir a competir a categoría nacional y empezar a jugar partidos en la Península.

¿Recuerda cuáles eran los salarios de entonces?

Yo ganaba de ficha no sé si dos mil quinientas pesetas, si acaso luego llegué una vez a unas 7.000. Pagaba de estancia en Tenerife unas 700 al mes, así que poco me quedaba para todo lo demás. No sé si ha prescrito, pero cuando llevábamos algún que otro tabaco a la Península era cuando ganábamos algo de dinero. Gracias a eso, que si no... Los salarios no eran nada del otro mundo.

¿Muchas diferencias entre el fútbol de antes y el de ahora?

Imagínate. Ya no es solo la repercusión que le dan todos los medios de comunicación. O los salarios, como te decía antes. Es que ahora los equipos tienen hasta un jefe de prensa que te organiza la vida. Las facilidades que se le dan al jugador de fútbol no las había antes, pero ni por asomo.

¿Cómo organizaban los viajes?

Si a mí me pagaran a peseta cada uno de los kilómetros que hice en la Península, te aseguro que sería maravillosamente millonario. En el viaje más raro que hice, y siempre te lo cuento, salimos al amanecer de Tenerife. Fuimos a El Aaiún, Sidi Ifni, a Madrid y por último al sitio donde jugamos, que llegamos de madrugada casi. Por eso cuando les leo a ustedes que los jugadores han hecho un viaje maratoniano, o tortuoso como dicen ustedes, me acuerdo de la madre que los parió [ríe].

¿Qué recuerdos conserva de sus años en la élite?

Hubo años buenos y años menos buenos. Pero yo estaba enamorado del Tenerife. Y me siento orgulloso de haber coincidido en mi etapa con tantos buenos jugadores nacidos en el Archipiélago, salidos de Canarias. Si tuviera que mencionar a algunos me acordaría de Justo Gilberto, Martín Marrero, Mauro, Lesmes o Morín. Es injusto no nombrarlos a todos, pero aquellos eran como mis hermanos. Teníamos una relación magnífica.

¿Y se acuerda del momento del adiós?

Me despedí a lo grande, con el histórico triunfo ante el Madrid en la Copa. Ganamos 2-0 aquí y perdimos 1-0 allá. También hubo otros partidos impresionantes, uno contra el Barcelona que nos ganaron a última hora. Todavía se conservan recortes de prensa de la Península, donde nos reconocieron por el juego imponente que hicimos. Pero también hubo partidos horrorosos. Una vez en el Norte perdimos contra un Tercera y nos vapulearon por completo.

Molina, ¿usted nunca tuvo otro equipo?

La pregunta ofende. Yo soy del Tenerife, el Tenerife y luego el Tenerife. Y luego si acaso del Mensajero, el Tenisca y los demás equipos canarios. Pero para mí el Tenerife es algo muy especial. Es mi religión, mi forma de vida, mi ideología y mi partido político. No hay nada que me enorgullezca más que haber sido y ser del Tenerife; que ahora además vamos a ser centenarios (ríe).

¿Quién ganará el derbi del domingo?

Me haría muy feliz que fuésemos nosotros, pero más feliz me haría el ascenso y volver a ver en vida a mi Tenerifito en Primera.

«Me hubiera gustado ser ojeador»

Molina fue un magnifico jugador pero cree que habría decepcionado si le hubiesen asignado la tarea de entrenador. «Nunca fue una opción que me agradase, si acaso sí me habría gustado ser ojeador o informador. Es decir, apuntar qué jugadores canarios valen y recomendarle al club: oye, fichen a este o a aquel otro. Pero para ser entrenador no tengo el carácter ni la personalidad. Sí fui muchas veces comentarista en la radio. Pero me enfadaba, como bien sabes, cuando veía al Tenerife jugando hacia detrás, siendo irregular y sobre todo cuando no apostaba lo suficiente por los jugadores canarios. Para mí, si algo tiene que estar garantizado en el equipo, es la cantera», verbaliza el hombre que más veces lució la blanquiazul. A modo de anécdota, cuenta que cuando se retiró por una lesión, recibió una de las mejores noticias de su vida: «Me emplearon en el Banco Bilbao».

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