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Triunfo en modo práctico

El CD Tenerife tira de solidez defensiva y pegada para imponerse a una Real Sociedad B superior de área a área | Gallego y Míchel marcan para un equipo que se mete en ascenso directo, a falta del partido de hoy del Eibar

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Partido: CD Tenerife - Real Sociedad B María Pisaca

Una victoria como la de ayer se pudo haber buscado de otra forma, discutiéndole la posesión del balón al rival, viviendo el vértigo de un partido y vuelta, propiciando un intercambio de golpes... Nunca se sabrá. El Tenerife optó por simplificar los procedimientos ante la Real Sociedad B, heredera de un fútbol de alta escuela con carencias en las áreas, normales en un filial novato en la categoría. Seguramente por eso, Luis Miguel Ramis prefirió caminar un día más sobre el terreno seguro de la firmeza defensiva, suponiendo que la pegada iba a hacer el resto, lo suficiente para conquistar un triunfo que sitúa al representativo en el segundo puesto de la clasificación, ya en la zona de ascenso directo, lugar en el que se mantendrá al menos hasta el final de la próxima jornada a no ser que el Eibar derrote hoy al Girona en Ipurúa. Al final, estilos aparte, lo que queda es el resultado. El Tenerife lleva cuatro victorias seguidas en casa y no solo está por detrás del líder Almería, sino que ya le saca siete puntos al séptimo, el Málaga.

Fue un partido un tanto extraño. Por momentos, parecía que los locales eran los que estaban jugando a domicilio o que el aspirante al ascenso era el Sanse. Pero todo formaba parte de un plan. Un plan que salió bien una vez más. Cuando López Toca pitó el final, la sensación de incertidumbre por la posible pérdida de un triunfo que tardó en cerrarse, se convirtió en celebración, una fiesta cada vez más frecuente en el Heliodoro: ritual de la piña de jugadores en el centro del campo, ovación de los casi 10 mil espectadores que asistieron al estadio, mirada a la clasificación... Otro paso adelante de un Tenerife que, a tres jornadas para el final de la primera vuelta, avanza a su manera, sin fisuras.

El origen también tuvo su toque tradicional a modo de novedades en la alineación. Ramis introdujo dos. Sacó a Aitor Sanz y a Manu Apeh, que fueron titulares ante el Alcorcón, y puso en el once a Larrea y Rubén Díez. Quien no estuvo ni dentro ni en el banquillo fue Shashoua, de baja por las molestias musculares que ha ido soportando en las últimas semanas.

Por su parte, el filial se presentó en el Rodríguez López con una defensa formada por tres centrales y dos carrileros, y con la firme intención de hacerse con el control del balón. El Tenerife se lo permitió. No tuvo inconvenientes en esperar en su campo montando un bloque bajo, quizás demasiado bajo. Fue un inicio limpio, con dos puntos de partida claros, sin apenas faltas y con poca agresividad en la presión. Cada uno, con su estilo.

La fórmula elegida por Ramis perdía fuerza en ataque. De entrada, el recurso preferido fue el de los balones largos en diagonal con los que el equipo local intentaba aprovechar los espacios que dejaban los laterales. En cambio, la Real Sociedad B se armaba de paciencia. Tocaba, se adueñaba del centro –quizá faltaban ayudas para Larrea y Alexandre–, lo intentaba por un lado y por el otro, siempre con intención y procurando ser profunda, aunque no siempre lo lograba ante una de las defensas más sólidas de la categoría. No era un dominio estéril. De hecho, Magunazelaia no tardó en poner a prueba a Soriano, quien tuvo que intervenir ayer más veces que en ningún otro encuentro. Lo hizo siempre con acierto, siendo el verdadero obstáculo insalvable para un Sanse que poco a poco se fue haciendo con el control, jugando con la defensa adelantada, con vocación ofensiva y con la pauta de construir desde atrás. Esta última característica de su fútbol fue una invitación para que el Tenerife se animara de vez en cuando a estirarse para presionar cerca del área contraria. Y en una de esas invasiones, el equipo insular tuvo el premio del gol. Liberado de la responsabilidad del bloque bajo, el Tenerife demostró que con una mayor presencia en el campo rival, iba a poder aprovechar la cara vulnerable del Sanse. Seguramente, entre un área y otra, el conjunto de Xabi Alonso fue el mejor de todos los que han pasado por el Heliodoro. Pero en la zona de influencia, acabó perdiendo el partido. La prueba estuvo en la acción del 1-0. Un balón colgado por Alexandre, mal defendido por los centrales e incluso por Ayesa, que se quedó a medias en su salida, terminó con una magistral maniobra de Enric Gallego. Con otra lección de delantero centro, controló dentro del área y superó al portero por alto. Juego visitante y acierto local, 1-0 en el minuto 16.

Tras el primer gol del Tenerife

El tanto no modificó el guion del partido. El Tenerife no se lanzó a por el segundo. Volvió al formato inicial: orden defensivo y la intención de dar otro zarpazo. La Real Sociedad B tampoco se descompuso. Trató de quitarse de la cabeza el golpe recibido y retomó su plan, como si no supiera jugar a otra cosa. En realidad, no tenía motivos para entrar en una carretera secundaria. Estaba siendo superior, aunque no le hubiera servido de mucho. Por todo esto, no sorprendió que, tras el paréntesis del gol de Gallego, Soriano volviera a erigirse en el protagonista del Tenerife. El sevillano respondió una vez tras otra en los intentos del Sanse hasta el intermedio. En el minuto 27 despejó a córner un tiro raso de Aldasoro a pase de Alkain desde la banda izquierda, a continuación paró un remate de cabeza del mismo atacante, esta vez tras un centro de Roberto López, a la media hora se repitió el mismo duelo, con el guardameta siendo decisivo para su equipo... La serie de ocasiones visitantes continuó con un disparo de falta directa de López que se estrelló en la cruceta (35’). Daba la impresión de que el Tenerife estaba jugando con fuego y que el empate podía llegar en cualquier momento. Pero el fútbol conduce cada partido por rincones inesperados. Lo que realmente estuvo cerca de ocurrir antes del descanso fue que el Tenerife marcara el segundo tanto. A Elady Zorrilla le faltó un poco de suerte para ampliar la renta. Tras una gran jugada de Rubén Díez por el costado derecho, el jienense envió al larguero el balón tras rematar sin oposición, a dos metros de la línea. Desesperado, golpeó con la mano el poste de la portería. Era más difícil fallar que acertar.

El primer tiempo solo dio para otra intervención de Soriano, a tiro de López desde el balcón del área, y un contragolpe blanquiazul desplegado por Enric Gallego que Alexandre culminó sin éxito. Dadas las circunstancias, el 1-0 no estaba nada mal para el Tenerife.

Quedaba por averiguar si el camino trazado por Ramis iba a transcurrir por otros lugares tras el descanso. Pero no. El Tenerife insistió, y el Sanse también lo hizo. Esta vez, con la diferencia de que el cronómetro corrió hacia el minuto 60 sin nada relevante en el césped. El filial continuaba a lo suyo; mandaba, aunque con un juego más horizontal, sin la profundidad de antes. Supuestamente, al Tenerife le interesaba ese escenario, pero también necesitaba elaborar, acercarse al área contraria. Estaba dependiendo demasiado de su seguridad defensiva. Puede que por eso Ramis optara por fortalecer el centro del campo. Metió en el campo a Aitor y quitó a Elady.

Lo cierto es que no hubo un efecto inmediato. Pero la Real Sociedad B se fue quedando sin fuerzas. El desgaste y la impotencia de insistir sin hacerle daño al Tenerife terminaron por modificar la tendencia del partido. A los locales solo les quedaba completar la obra dando el golpe definitivo. Estuvo a punto de darlo Gallego, tras un regalo de Álex Muñoz, pero su remate fue a parar al larguero (72’).

En el tramo final pusieron de su parte dos de los sustitutos, Manu Apeh y Míchel –también entró Sipcic por José León, que pidió el cambio por una lesión–. Precisamente, el nigeriano generó la jugada del 2-0 al progresar hasta el área con el balón y darle a Míchel una asistencia. El valenciano resolvió con sangre fría (87’) el mano a mano con el guardameta.

La victoria, tan práctica como valiosa, pudo ser incluso más amplia, pero el árbitro anuló –con la confirmación del VAR– un tanto de Mollejo por fuera de juego.

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