El que da todo lo que tiene no está obligado a dar más. Eso es el Tenerife, un equipo que pone toda la carne en el asador. Pero, como ayer, demuestra que no le da para mucho más que competir dignamente en la categoría y evitar los problemas clasificatorios en las últimas jornadas. Para la sexta plaza, por lo visto hasta la fecha, no es suficiente. El punto, poco para lo visto en la primera mitad y mucho si se tiene en cuenta la inoperancia de la segunda, sabe a poco si se mira la clasificación o se valoraba la visita a Cartagonova como la última oportunidad de engancharse al tren de cabeza.

Con un once de circunstancias, sin lateral izquierdo y con la ausencia de sus dos mediocentros más titulares (Aitor Sanz por sanción y Ramón Folch por lesión), afrontaba Luis Miguel Ramis el reto de mantener la hiperactividad demostrada ante el Sporting de Gijón en la jornada anterior para igualar intensidades contra un rival que se jugaba la vida. Apostó el técnico por Germán Valera en el once, haciéndole coincidir por fin con Samuel Shashoua. Fútbol, mucho fútbol a la espalda de Fran Sol ante una de las defensas más vulnerables de la categoría.

Fue un guión distinto al que habitualmente proponen los blanquiazules, más abiertos al ida y vuelta, con la intención de buscar constantemente las salidas rápidas con Germán Valera y Sam Shashoua como puñales para la contra. Vada, más limitado en el físico, participaba sobre todo en las acciones hilvanadas. Así, las primeras llegadas fueron visitantes. La tuvo Shashoua, una pesadilla para el Efesé mientras le duró la gasolina, en el minuto 12, con un disparo a la media vuelta que no encontró portería. Más tarde sí hizo intervenir a Marc Martínez (32’).

Pero los ataques del conjunto insular fueron más sensación que realidad. Tenía espacios, pero le faltaba filo para hacer daño de verdad a un rival flojo. Pero no manco. Y por eso fueron despertando los de Luis Carrión, que tuvieron dos remates de cabeza para ensuciar la ropa a Dani Hernández al menos. Primero fue Rubén Castro (35’) y, más tarde, Elady Zorrilla (45’), ambos a centro de Antoñito desde la banda derecha.

El balón fue más del Tenerife (57%) en los primeros 45 minutos, un control al que no acostumbra. Y quizás por eso le faltaron automatismos para aprovechar los robos en salida del Cartagena que, gracias al arrojo de Sergio González y Javi Alonso, consiguió llevar a efecto. Puede que sea simplemente porque sus futbolistas ofensivos no dan para más, aunque ayer todos se dejaron ver. A Valera se le vio especialmente activo al inicio, luego a Sam Shashoua. Ambos forzaron una tarjeta amarilla a los centrales y uno de los pivotes. La puesta en escena fue, desde luego, más bonita que en visitas anteriores de los canarios. El rival ayudaba, todo hay que decirlo. Pero el resultado venía a ser el mismo.

Quizás a Ramis, con cara de preocupación cuando el encuentro enfilaba hacia el descanso, le quemaba la ineficacia en algunas de las llegadas de los suyos. O la sensación de cierto descontrol, algo impensable hasta ayer en los partidos de su equipo. La oportunidad que se le había presentado no se iba a repetir de la misma forma tras el descanso.

El Cartagena, muy necesitado, dio un paso adelante. Lo hizo con sus armas, más bien escasas. Pero suyos fueron los primeros disparos a portería, obra de Aburjania (51’) y Azeez (61’). Esta última fue hasta clara. Y transmitió una sensación, la de que al Tenerife se le estaban acabando las fuerzas. Lo detectó Carrión, que había hecho ya tres cambios y veía ahora más sólidos a los suyos. Perdido Valera, Ramis dio entrada a Nono por la banda derecha. Más trabajo, menos velocidad. Luego, en un nuevo giro a la contienda, realizó un triple cambio para buscar el gol de otra manera. Ya no buscaba generar, sino aprovechar lo que le permitían los riesgos asumidos por el Efesé de ahí al final.

Alberto sustituyó a Javi Alonso, que estaba con tarjeta. Zarfino y Apeh entraron por Shashoua y Fran Sol para renovar la línea de vanguardia. Al Tenerife ya no se le vio mucho más en campo contrario. Un par de salidas por el costado derecho, con Shaq Moore y Nono como protagonistas, pero sin encontrar un pase definitivo o un rematador. Tampoco es que atrás sufriera en exceso. Lo intentó Raúl Navas con un disparo lejano (73’), pero jamás apareció Rubén Castro. Encima, un exhausto Sergio González pidió el cambio. A Ramis no le quedó otra que retrasar a Zarfino y meter a Joselu.

Quedaba un error o las acciones a balón parado. En una de ellas, Sipcic cabeceó abajo una falta sacada por Vada desde el sector derecho y Marc Martínez tuvo que lucirse para despejar a córner (77’). Al serbio se le niega el gol desde hace varias jornadas. En el saque de esquina lanzado a continuación no encontró portería Carlos Ruiz, que se había zafado del marcaje de Azeez (78’). Hasta ahí llegaron las jugadas a rescatar en una anodina recta final.

Por si fuera poco, en el tiempo de alargue se produjo la aparatosa lesión de Gio Zarfino. Sucedió en una disputa aérea, en la que acabó pisando mal con su pie derecho. El tobillo se le dobló en el impacto con el césped y el uruguayo rompió a llorar. Pensó ya entonces que la lesión podía ser grave. Tal fue el impacto que generó la acción que, en los dos minutos que agregó el inefable De la Fuente Ramos, no pasó nada. Ni el Efesé aprovechó su superioridad numérica ni el Tenerife temió por el resultado.