Una expectación inusitada
Patty Mills hace subir la fiebre aurinegra
Recibimiento por todo lo alto para Patty Mills en su estreno como canarista en la Isla. Tras dos semanas de larga espera el australiano comprueba que ha hecho subir la fiebre aurinegra hasta cotas inimaginables.

Patty hace subir la fiebre aurinegra / MARÍA PISACA
Domingo a mediodía y cambio de hora –una menos para descansar–. Escenario propicio para apurar al máximo la entrada al Santiago Martín. Pero ayer no ocurrió así. Más de media hora antes de arrancar el duelo ante el Zaragoza la expectación, sobre todo en los pasillos del graderío, era mayúscula. Como si de una final se tratara. Pero ese inusitado interés no nacía de un duelo a vida o muerte, aunque sí tenía nombre y apellidos: Patrick Sammie Mills. Lo que simplemente significa por su trayectoria, el mero hecho de verlo con la camiseta del CB Canarias, y su exhibición una semana antes en su debut ante el Unicaja –24 puntos– eran motivos de sobra para no perderse cualquier movimiento, por mínimo que fuera, del base australiano.
Síntoma incuestionable de lo que ha generando la llegada de Patty al conjunto lagunero. Una efervescencia aumentada con las incontestables victorias recientes ante el Valencia y el Unicaja. Un deseo mayúsculo para terminar de cerciorarse de que realmente era cierto que un campeón de la NBA había fichado por la escuadra aurinegra. Quizá por esa ilusión generada la simple presentación del jugador ya derivó en un sonoro estruendo. Como si regresara a casa el hijo pródigo. Una ovación que Mills se llevó, de nuevo, cuando a poco más de un minuto para el final del primer acto, Txus Vidorreta le ordenó despojarse de su chándal. Incluso hubo una réplica con una canasta del australiano, tras una floritura, pero no válida por una falta previa.

Patty hace subir la fiebre aurinegra | MARÍA PISACA
El triple que convirtió el base en ese primer cuarto supo a poco. De hecho, por momentos pareció que la velada languidecía. Pero Mills volvió a la carga ya en pleno festín ofensivo del CB Canarias. Lo hizo con tres triples en el cuarto periodo, el último de ellos para cerrar los 99 puntos hasta los que ayer se fue el cuadro lagunero. Fin de fiesta a lo grande que luego siguió con el base acercándose a la grada para el disfrute de una afición que ha visto como la popular fiebre aurinegra se ha disparado con la llegada del jugador de Camberra.
La de ayer fue la primera de las privilegiadas ocasiones en las que el canarismo podrá disfrutar, in situ, de un jugador legendario –en un cartel aún más llamativo gracias a la pareja que forma con Marcelinho Huertas–. Pueden ser otras nueve o diez en los próximos tres meses. Que ese disfrute se prolongue más allá en el tiempo es casi un sueño. Mientras tanto, La Laguna Tenerife y todo su entorno deben exprimir al máximo el haberse convertido en la envidia de buena parte de la España baloncestística. El siguiente capítulo, el miércoles contra el Galatasaray. Y esta vez sí con tintes casi de final. Que la fiebre no baje.
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