Suscríbete eldia.es

eldia.es

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Liga Endesa | El primer duelo canario de la temporada

El derbi de Guediawaye

Moussa Diagne y Khalifa Diop, ambos de la misma ciudad, vivirán mañana un duelo senegalés con muchos paralelismos

El derbi de Guediawaye. ED

El derbi Granca-Lenovo vivirá un duelo muy particular, el que medirá a Moussa Diagne y a Khalifa Diop. Ambos senegaleses, y ambos nacidos en la misma ciudad, Guediawaye. Pero sobre todo con muchos paralelismos en el camino que les ha conducido hasta la ACB.

Pronunciar correctamente el nombre de su ciudad de nacimiento, Guediawaye, supone un trabalenguas. De ese enclave costero senegalés, cercano a Dakar y con unos 300.000 habitantes, proceden dos de los protagonistas del derbi canario de mañana dentro de la Liga Endesa: Moussa Diagne y Khalifa Diop. Una coincidencia poco habitual, más aún cuando el lugar de origen no es una gran ciudad. Similitud que no es la única entre ambos. Y es que pese a que entre los dos pívots hay ocho años de diferencia, las circunstancias vividas y los senderos trazados hasta alcanzar la ACB son prácticamente dos gotas de agua.

Llegada tardía

Tanto Moussa como Khalifa tuvieron un idilio tardío con el basket. Como la mayoría de los jóvenes de su país, donde «el fútbol siempre ha estado por delante de cualquier otro deporte», según reconoce Moussa. El primero ejercía de portero, y el ahora claretiano como delantero al que siempre buscaban «por arriba para rematar de cabeza», pero cuya principal virtud eran «los disparos con mucha fuerza con el pie». Pero ese entretenimiento en los campos de tierra senegaleses sufrió un cambio de rumbo en la adolescencia de ambos.

Por insistencia

En el caso de Diagne fue «un vecino» el que lo tentó con probar en el baloncesto por medio de su tío –su padre murió a temprana edad– cuando tenía «casi 16 años». Con algo menos de edad, de diablillo con Diop ejerció «un primo» al que considera «casi un hermano». Y la reacción de los dos fue calcada: rechazo y un no rotundo de entrada. «No me gustaba», rememoran ambos. Solo la insistencia de estos intermediarios acabó llevando tanto a Moussa como a Khalifa a una cancha de basket... pero los dos lo hicieron con la condición de que si no les convencía esta aventura emprenderían el camino de vuelta al balompié.

Sin retorno

Pero esa vuelta ya no se produjo. «Estuve un año jugando y me enganchó», recuerda Moussa, que como contraprestación fue a «casa del vecino a pedirle unas zapatillas con las que seguir jugando a la temporada siguiente», toda vez que descartó definitivamente su anterior deporte. «Me decían que tenía físico y futuro, y eso me ayudó», comenta el jugador aurinegro. La decisión de Khalifa no se demoró tanto y fue casi instantánea. «Me gustó tanto el baloncesto que desde ese día que lo probé no he vuelto a tocar una pelota de fútbol», admite el claretiano. Incluso ahora, con perspectiva, Diop se arrepiente de «no haber empezado antes en el baloncesto» a la vez que valora «la suerte que han tenido los jóvenes de hoy en día» en su país por «haber podido iniciarse tan pronto».

Tener que elegir

Para Khalifa la dedicación al basket solo tuvo que compartirla con los estudios, una formación inculcada por su «padre». Algo más complicado resultó para Moussa. No por dejar atrás la que había sido hasta ese momento su otra pasión. Huérfano de su progenitor, el menor de los Diagne ya tuvo que «ayudar en la agricultura» para que «en casa salieran adelante». «Muchos dejamos de estudiar por la pobreza», recuerda, al igual que lo hace con la preocupación de su madre para que no se «metiera en jaleos». «Al final me mandó a casa de mi tío, a aprender a hacer zapatillas; y así empecé a buscarme la vida en una fábrica», relata el pívot, que aún «cada verano», de vuelta a Senegal, recuerda viejos tiempos y se afana en la fabricación «de algunos pares de zapatillas» e incluso en «collares para perros». «Creo que me hubiera ganado la vida así», analiza Moussa echando la vista atrás.

Los benjamines

Aquel cambio de sentido supuso una progresión casi imparable en los dos para ponerlos en primera línea de un escaparate hacia mayores logros. Ambos en el papel de hermano menor de sendas familias con vasta descendencia. Moussa es el menor de ocho hermanos –aunque dos de ellas ya han fallecido–, y Khalifa es, igualmente, el más pequeño entre 11. «Siempre digo que tengo cuatro porque eran los que vivían en casa, pero en realidad mis padres tuvieron 11 hijos; supuestamente yo no fui buscado», explica entre risas Diop. Y quizá por ser los benjamines, a los dos les costó dar el salto hacia España.

La partida

«Cuando has crecido junto a tu familia y tus amigos, y viene alguien que en ese momento era un desconocido para intentar llevarte a un país diferente, teniendo que dejar todo atrás, eso da miedo. Además, nuestra madre tiene otra mentalidad, no ha viajado, y le costaba dejarme hacerlo, pero la convencimos y me dejó marchar», relata Moussa sobre lo sucedido en el verano de 2010. Ahora, aquel vecino que lo impulsó hacia el basket y propició darle a su vida un giro de 180 grados, es su «mejor amigo» y una de las personas a las que más admira.

Momentos duros

Una vez dado el salto, los primeros momentos en España resultaron «muy duros». «Me costó adaptarme», admite Diagne, que ahí contó con la ayuda de sus compañeros y técnicos de equipo el CB Torrejón júnior, que trataron de aclimatar al joven pívot llevándolo a lugares como «el Santiago Bernabéu, el Vicente Calderón, o al barrio de Lavapiés para comer comida senegalesa y sentir un poco» su país. Más cerca, «en un locutorio que había en Torrejón», la convivencia con varios compatriotas también le alivió la morriña.

La figura de Cubeles

El Alfas de Pi alicantino fue el destino inicial de Diop, allá por 2016. Fueron siete meses de los que los iniciales, «sin la familia, no resultaron nada cómodos», si bien Khalifa contó a su lado con «varios senegaleses» que lo ayudaron «con el idioma y las clases». Junto a esos nuevos compañeros, otra figura clave, la de Ramón Cubeles. El tinerfeño, en ese entonces en el club mediterráneo, fue su entrenador en cadete. «En ese momento me ayudó mucho, y desde que llegué no ha parado de darme consejos y decirme qué tengo que hacer para llegar más lejos. Siempre le he hecho caso y por ahora me ha ido bien. Sigo hablando con él todos los días», comenta sobre el técnico isleño, ahora de vuelta al CB Unelco.

Consolidados

Ahora, ya superados esos iniciales trago amargos, y varios años después, ambos están consolidados en la máxima competición española. Diop, incluso, con la ventana de la NBA abierta de par en par en un futuro nada lejano. Mañana ambos podrían emparejarse en el derbi canario. Probablemente también sea, al menos durante unos minutos, el derbi de Guediawaye.

Elogios mutuos antes de la guerra

La última ocasión en la que Diop y Diagne se midieron fue el 13 de abril de 2022 en un Gran Canaria-Morabanc Andorra. Ganaron los claretianos por un ajustado 84-78, pero el duelo personal entre senegaleses se lo llevó el ahora canarista con ocho puntos y seis rebotes (12 de valoración), mientras que el amarillo se quedó sin anotar ni rebotear (-3 de nota). Ahora ambos vuelven a verse las caras. Y lo hacen con una admiración recíproca. «Será un duelo bonito. Los dos querremos destacar, pero lo haremos con respeto y disciplina. He jugado contra él más de una vez, nos conocemos y seguro que nos lo pasaremos bien en el campo», señala Moussa, que ve a Khalifa como un jugador «muy trabajador y con un potencial físico brutal». «Está en el buen camino, y si no se sale de él y le respetan las lesiones, puede alcanzar grandes cotas», apunta el interior aurinegro. Mientras, el más joven de los senegaleses reconoce que su compatriota es un baloncestista del que aprende «escuchando sus consejos» y lo califica como un profesional «de mucha energía y que se mueve constantemente». «Está siempre pa’rriba y pa’bajo, y es muy activo en defensa. Es un jugador extraordinario», añade en un perfecto canario.

Compartir el artículo

stats