El popular 'nada que perder y mucho que ganar’ le viene como anillo al dedo desde este lunes (20:15) al Lenovo Tenerife que, ante el Barça, afronta por primera vez en su historia una semifinal de la Liga Endesa. Una ronda ganada a pulso por los de Txus Vidorreta, tanto por su excelsa fase regular, en la que acumularon 27 victorias en 36 jornadas, como por la solvencia mostrada para dejar en la cuneta al San Pablo Burgos en el cruce de cuartos.

Ahora llegan, para los aurinegros, palabras mayores. Una situación inimaginable para el club lagunero hasta hace solo unos años; una empresa casi imposible a tenor de la entidad del rival que tendrán enfrente los canaristas. Más aún cuando el equipo preparado por Sarunas Jasikevicius parece obligado a no pinchar tras haber fracasado hace apenas ocho días en su intento de volver a levantar el cetro continental. Premura, y también un mayor desgaste, ya que los isleños llegan a este playoff con dos días más de descanso que su oponente, que el sábado tuvo que exprimirse para eliminar al Joventut.

Precisamente ese estado de necesidad de su contrincante es una de las mayores armas que debe esgrimir en estas semis el Lenovo Tenerife. Y es que los isleños ya se han garantizado, como mínimo, ser cuartos de la ACB 20/21 (si el Madrid elimina al Valencia serían terceros), su mejor clasificación en toda su trayectoria. Haber dejado atrás la primera ronda ha generado en los tinerfeños una especie de liberación al ratificar, contra el Burgos, que su fase regular no fue mera casualidad.

Con el deber cumplido, el Canarias también desea agarrarse a un formato más reducido que nunca (incluso la final será al mejor de tres) por mor de la reordenación del calendario –en forma de aplazamientos– provocado por la pandemia. Un fallo dejará a cualquiera de los dos equipos al borde del abismo, y ahí, en el precipicio, el menos timorato va a ser el Lenovo. Ocasión, por tanto, única, para hacer saltar por los aires el poder establecido desde hace años por los grandes de la liga.

Pero más allá de estados de ánimos, necesidades y estructura del playoff en sí, el conjunto de Txus Vidorreta también parece obligado a pulir un defecto, quizá su mayor debe desde hace un tiempo: el poderío físico para poder competir de tú a tú contra los clubes todopoderosos. Y el Barça es precisamente uno de los conjuntos que este curso más ha descubierto las costuras de los isleños en este sentido. En ambos duelos de la fase regular el Canarias pudo competirle al cuadro azulgrana durante no pocos minutos. Sin embargo, cuando los azulgranas apretaron atrás, a los aurinegros se les hizo de noche mientras se le esfumaban sus opciones de victoria.

Hoy, como en lo que queda por delante de serie, el no caer en la telaraña tejida por los de Jasikevicius será fundamental para que este Lenovo mantenga vivo su sueño. Ahí, una buena circulación de balón y el acierto exterior mostrado durante muchos minutos de los dos últimos duelos contra el Burgos, serán factores claves para que el cuadro canarista tenga opciones de alargar su temporada más allá del viernes.

Gio y Pau, rentabilidad absoluta

Todo indica que durante varios minutos de esta eliminatoria volverán a emparejarse en el puesto de cinco Gio Shermadini y Pau Gasol. El primero, MVP de la fase regular; el segundo una leyenda que empieza a carburar de verdad pese a haber superado ya los 40 años y haberse pasado dos temporadas enteras sin jugar un solo partido oficial. La efectividad de Shermadini cerca del aro está fuera de toda duda; la versatilidad de el de Sant Boi, también. Ambos interiores parecen, eso sí, tener algo en común, su elevada producción sin necesidad de irse a una minutada. Así, el interior canarista acabó los 36 partidos valorando casi un crédito por minuto jugado, unos guarismos que no se veían desde Arvydas Sabonis (1996). El catalán, por su parte, firmó el viernes un registro único, al irse a 22 de valoración en apenas 11 minutos y 56 segundos en pista, lo que equivale a casi 1,844 créditos cada 60 segundos disputados. Supera de esta forma, y por menos de cinco milésimas, el registro del propio Shermadini, que este curso frente al Estudiantes se había ido a 1,839 de eficiencia gracias a sus 32 de valoración en solo 17 minutos y 24 segundos de juego.