La árbitra tinerfeña Ariadna Chueca y su crecimiento sin freno: primero a nivel mundial y ahora en la Liga Endesa
Tras tocar a la puerta durante algunas campañas, Ariadna Chueca logró hacerse un hueco en la élite del arbitraje nacional. En uno de sus escasos paréntesis hace balance de un año muy especial para ella

Ariadna Chueca, en un partido de la Liga Endesa de esta pasada campaña / ACB Photo

Ariadna Chueca (1991) andaba ya subida, desde hace un tiempo, en la cresta de la ola del arbitraje internacional. Ese buen hacer dentro del basket FIBA y a la vez mucha paciencia para labrarse un hueco en el mundillo arbitral español -sus comienzos como colegiada fueron en Finlandia- acabaron teniendo premio, y hace un año esta tinerfeña se convirtió en la primera colegiada tinerfeña en pitar en la Liga Endesa. Para ella ha supuesto escalar otro nivel más en una carrera que nunca ha dejado de dibujar una línea ascendente.

Ariadna Chueca, el día de su debut en la Liga Endesa en el Girona-Murcia. / ACB Photo
Sin designación en la fecha inaugural, el estreno ACB de Chueca llegó en el Girona-Murcia de la segunda jornada del campeonato. Para la mayoría hubiera sido un debut condicionado por los nervios y la presión. Para ella, revivir una experiencia conocida, la de «arrancar otra vez en una nueva liga», escenario que en cierta medida le llevó a «no partir de cero», la convirtió en «una novata diferente» y le otorgó «una ventaja mental y psicológica». Sí admite Ariadna que, en el fondo, y durante esa puesta en escena, sintió cierta agitación, pero más que por ella, por «no fallar a la persona que había confiado» en su figura y «devolverle esa confianza»... aunque también para, «demostrarle a los que no creían que estaba capacitada para hacerlo».
Adaptarse al ecosistema de la ACB
Despojada de la tensión del estreno, los siguientes pasos de Chueca en la ACB se dieron con relativa fluidez. Y es que la tinerfeña se presentaba a los partidos con otro factor a favor. «Puede que a un 85 por ciento de los jugadores y entrenadores ya los conociera porque los había arbitrado en partidos FIBA, y ello hacía que el respeto fuera mucho mayor, a la vez que yo consideraba que la relación que tenía con ellos no era la de un árbitro nuevo que empezaba en la liga», argumenta Ariadna sobre un factor que, paradójicamente, estuvo a punto de convertirse en algo contraproducente.
Incluso algunas voces, desconocedoras del contexto, la tildaron de querer ser protagonista. «A mitad de temporada experimenté un cambio», señala la tinerfeña, obligada a «asumir que ese era el primer año». «Hubo un momento en el que entendí que todavía no tocaba, y eso me ayudó a comprender cuál era realmente el plan que me correspondía ese primer curso. Saber que estás empezando y eres la última de la lista», detalla al respeto.
Cambiar el chip
En medio de ese proceso gestual, expresivo y con un alto grado de intangibles, Chueca también tuvo que lidiar con un ecosistema con ciertas diferencias al que estaba acostumbrada a desenvolverse en el baloncesto FIBA. «Nos regimos por las normas FIBA, pero la ACB tiene sus propias reglas, y ese cambio de chip fue lo que más me costó» reconoce antes de entrar en detalle. Búsqueda del equilibrio en un factor como el de «las zonas de responsabilidades y saber qué árbitro toma qué decisión». «Yo me adapto a lo que me toque, pero ser el principal en FIBA te da libertad para tomar ciertas decisiones. Y en ACB lo hacía para tratar de ayudar al partido... hasta darme cuenta de que a veces no debía y que ya me tocará», relata sobre un aspecto que le «costó asumir».
Batalló igualmente Chueca con el denominado patient whistle, ese denominado silbido paciente del que se tira en FIBA para aguardar una décimas a la señalización de ciertas infracciones. «Me costó cambiar el chip en ACB, y lo gracioso es que luego empecé a pitar super rápido en los partidos de FIBA», reconoce Ariadna. Lo hace sobre ese proceso de diferenciación, incluso algo más tortuoso para ella al considerarse una colegiada a la que le gusta, «dentro de unos límites, adaptar cosas que funcionan en otras competiciones».
Pero por encima del resto, el mayor caballo de batalla para la colegiada tinerfeña radicó en el saque rápido, una de las características de la ACB, pero inexistente en competiciones internacionales. «Me mata», admite con una sonrisa sobre una herramienta que, a su entender, dificulta a los colegiados la posibilidad de controlar el tempo del partido. «Creo que esa pequeña pausa te sirve para respirar y ver bien todo lo que pasa alrededor tuyo; al margen de que dosificas la emoción de los jugadores, porque si un jugador viene de estar frustrado de la jugada inmediatamente anterior, esa frustración aumentará», argumenta al respecto.
Convivir con la tensión
Ya a nivel global Chueca considera que este primer año en Liga Endesa le ha servido para «aprender muchísimo», básicamente por haberse encontrado con un gran número de «partidos igualados» en los que hubo «bastante tensión» y también jugadas con cierta polémica. «Es normal que alguien se te queje y te proteste, porque yo, cuando jugaba, lo hacía locamente; pero las veces en las que se pasaron de la raya fueron muy puntuales. Además, tenemos la suerte de contar con las cámaras y la posterior tranquilidad de saber que lo has hecho bien. Eso hace que tu confianza crezca, porque a la vez sabes que ese entrenador y ese jugador terminan sabiendo que lo que has pitado estaba bien pitado», desarrolla sobre escenarios que la han ayudado a «crecer mucho más rápido».

Ariadna Chueca, en un partido en Murcia. / ACB Photo
Cuestionada por algún encuentro de la Liga Endesa 25/26 del que haya salido con cierta zozobra, Ariadna admite que sin llegar al extremo de «ir a las mazmorras» sí «hubo algunos» discretos, sobre todo aquellos «en los que como equipo arbitral» sus tres integrantes no fueron «por el mismo camino». «A esos encuentros les doy mucha importancia, porque al final si los tres no lo hacemos bien, estamos en el nivel requerido o no somos invisibles, el partido da igual como salga; va a estar mal», argumenta.
Aprender de los errores
En el otro lado del espejo, Chueca se queda con el Barça-Joventut de la primera vuelta, en un momento «al que los dos equipos llegaron en la parte alta y en una cancha en la que todo el mundo quiere pitar». «Era un partido que ya me hacía ilusión pitarlo, y en el que estuve muy concentrada; al final creo que me salió bastante bien prácticamente de principio a fin», recuerda. A nivel individual, Ariadna no esconde su predilección por los otros «árbitros FIBA» y su «capacidad de adaptación en todos los sentidos respecto a cuando se pita en FIBA». En particular, uno de ellos, el andaluz Antonio Conde. «Verlo por ejemplo en BCL y luego ACB te permite aprender mucho», reconoce.

Chueca dialoga con Dani Miret en un partido arbitrado al Joverntut. / ACB Photo
Superado su año de novata, Chueca quiere seguir siendo fiel a su principal filosofía: el trabajo. Sobre todo el mental, «porque en la ACB tienes que ser fuerte de cabeza». «Hablo mucho conmigo misma y trato convencer a mi cabeza, tal y como lo puede hacer cualquier jugador», señala como una de sus recetas. Su otra fórmula: «Aprender mucho de los errores». «Hay un momento de luto que tienes que pasar, pero luego debes localizar el error y aprender de él para no volverlo a cometer. Esconder o negar tus fallos, no te ayuda a crecer», añade como coletilla. Y ya sea por méritos o esa autoevalución de errores, el crecimiento de Ariadna no parece tener freno.
Todo lo que no se ve antes y después de los partidos
Encuadrada en el denominado Grupo 3 de la ACB la cadencia habitual es la de pitar dos semanas y descansar una. Así, y con un arreón final de "tres jornadas seguidas" en el epílogo de la fase regular -algo que le hizo "mucha ilusión"- Ariadna Chueca terminó su primer año con presencia en más de 20 partidos. Paradójicamente este salto de categoría permitió a la tinerfeña "estar más en casa con la familia" y el lujo de "hacer algo un fin de semana". Privilegios fuera de su alcance cuando pitaba en ligas FEB, donde "siempre" estaba disponible para la Española. "Yo tenía full disponibilidad para FIBA, por lo que no era justo pedir descansos en FEB", aclara.
Ahora Ariadna ha vuelto a saber lo que es disfrutar de algún sábado y domingo -"Aunque todo es relativo, porque mucho tiempo lo pasas delante del ordenador", aclara-, pero con la convicción de que para un colegiado internacional es "imposible tener otro trabajo" más allá de sus labores como trencilla. Incompatibilidad que argumenta por todo lo que existe detrás de cada encuentro y que el aficionado no suele conocer. En su caso, un añadido por viajar desde Canarias: desplazarse siempre el día antes del encuentro.
Para Chueca la rutina de un partido de ACB que se disputa el jueves arranca el jueves, cuando debe "entregar un scouting muy detallado de uno de los equipos". "Ya el día del encuentro tenemos una reunión preparartido, y cuando el encuentro termina te lo ves y haces una evaluación que debes subir a la web. A ello se suma una reunión con el informador en la que examinas jugada por jugada, y finalmente debes validar cada jugada en una plataforma", relata sobre un proceso que se prolonga hasta el lunes.
"Pero es que si tengo partido internacional entre semana, ese lunes ya debo mandar el scouting de FIBA", apunta Chueca, con el añadido de que, oficiando habitualmente como colegiada principal, ese análisis es "de los dos equipos". Tras los partidos toca "una autoevaluación" y, ya el jueves posterior "llamada con el responsable de FIBA".
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