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Baloncesto

Sergio Rodríguez, exjugador tinerfeño: "El baloncesto sigue siendo una pasión para mí"

El Chacho participa de forma activa en su propio campus a la vez que trata de "llevar de la manera más natural posible" todo lo sucedido en el Real Madrid la pasada campaña

Sergio Rodríguez, sonriente durante el Campus Chacho 2026.

Sergio Rodríguez, sonriente durante el Campus Chacho 2026. / Cira Martín

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Carlos García

Carlos García

Santa Cruz de Tenerife

Liberado de las apreturas que le suponían sus compromisos como jugador, y también sus obligaciones como director deportivo del Real Madrid, Sergio Rodríguez vuelve a casa para vivir, y cuidar, de primera mano el campus que lleva su nombre y que se desarrolla estos días en el Colegio La Salle de Santa Cruz. El Chacho hace un repaso a lo que han sido estos últimos años, analiza lo que se está viviendo en el basket español y sin tener claro su futuro, no duda: continuará ligado al baloncesto porque sigue siendo su pasión.

¿Cómo han sido estas últimas semanas para Sergio Rodríguez?

Las he llevado muy bien. Ha sido un año, intenso, de mucho trabajo, de mucha ocupación, de muchos viajes... Haber tenido estas últimas semanas para descansar y estar con la familia me ha ayudado a estar tranquilo. También enganchado con el Campus de Alicante y ahora con el de Tenerife. En los meses de julio y agosto, con cuatro niños, todo pasa muy rápido y no tienes mucho tiempo para pensar en más cosas.

¿La desconexión que ha necesitado este año ha sido mayor o más sanadora respecto a las temporada en las que jugaba?

Jugué 20 temporadas profesional y tuve mucha suerte de terminar ganando títulos, pero aún así fueron muchas más las campañas en las que acabé no ganando. He entendido siempre el proceso de hacer las cosas, de trabajar, y de saber que hay momentos en los que no consigues lo que tú querías, pero la constancia y el seguir insistiendo en lo que hacía, me permitía volver a ganar. Y ahora lo he intentado llevar de una forma lo más natural posible, después de haberlo dado todo y haber trabajado para conseguir los objetivos.

¿Personalmente tiene ya planes para su futuro más inmediato?

De momento no. Estos dos meses están siendo un poco de descompresión para todo. Y ya en septiembre estoy convencido de que se abrirán muchas oportunidades en el baloncesto europeo y en diferentes ámbitos. Seguro que seguiré relacionado con el baloncesto.

¿Y no tiene algún tipo de predilección a la hora de elegir un camino?

Ahora mismo es un momento de tranquilidad y de entender cómo ha ido todo. Sí es cierto que es diferente a cuando me retiré como jugador. En ese instante se abrió un mundo enorme en el que no sabía muy bien dónde podía encajar. Ahora sí me he dado cuenta de que el baloncesto sigue siendo una pasión para mí; y seguir vinculado con él, es fundamental.

¿Continuará en Madrid?

Sí, sí. Tenemos nuestra vida hecha allí y estoy muy contento allí. Llevo desde los 14 años fuera de Tenerife, y Madrid es la ciudad en la que más he vivido.

Hablaba de esas 20 temporadas como profesional, pero el haber estado ahora desde el otro lado del espejo, ¿le ha permitido entender mejor lo que sienten y padecen los jugadores?

Sí, pienso que sí. De ese tiempo que jugué, varias temporadas fueron en la NBA con un calendario muy exigente; y también temporadas en Europa, con un calendario menos cargado, pero que fue creciendo a medida que pasaban los años y que ahora te aprieta mucho, porque es estar desde el principio bien colocado en las ligas regulares, después los playoff... Hay muchísimos partidos y está habiendo muchas lesiones. La carga de competición es tremenda, con una cantidad de encuentros que te lleva al límite y por la que puedes entrenarte y prepararte poco. Lo de jugar está muy bien, pero también hay mucho desgaste.

Sergio, junto a Toni Flores, director del Campus, y sus participantes.

Sergio, junto a Toni Flores, director del Campus, y sus participantes. / Cira Martín

¿Y es sostenible este sistema? ¿Cuál sería el modelo ideal?

Son dos sistemas de competición diferentes los que he vivido como jugador. En la NBA estaba todo muy comprimido, pero tenías tiempo para descansar y para entrenar individualmente, que es una parte muy importante, no solo técnica, sino físicamente. Y esa faceta me ayudó mucho. Esos veranos me sirvieron para establecerme física y técnicamente; fue fundamental. Pero en estos últimos años eso ya fue imposible. En verano no había tiempo material para poder descansar y también entrenar. Y eso es algo que tenemos que revisar; porque el jugador, aparte tener su trabajo con el equipo, competir y estar al máximo nivel, también necesita poder desarrollarse individualmente.

Pero, ¿y quién revisa eso?

No lo sé. Llevamos muchos años así; prácticamente desde que regresé a España en el 2010. Todos vemos que esto va a más y que no hay posibilidad de un entendimiento para poder rebajar ese número de partidos o comprimirlo todo en menor tiempo. Tenemos 20 equipos en Euroliga y 18 en ACB, pero por ejemplo en otras ligas nacionales como Italia o Rusia yo noté que, siendo menos equipos, tenías algún tiempo para poder asimilar lo que estás haciendo durante el año.

¿Lo pasó peor como jugador o bien con la corbata en un palco o en una esquina de la cancha?

Peor no, diferente. Es más divertido jugar porque tienes el control de lo que pasa, pero también desde fuera ves cosas que son divertidas y excitantes. Hay más nervios fuera porque dentro tienes que estar más concentrado en lo que debes hacer, ya que el impacto es enorme. Pero desde fuera es muy excitante ver cómo se va desarrollando el juego, cómo va evolucionando el equipo. Esa parte la he vivido con mucha intensidad y pasión.

Sergio, en uno de los ejercicios de su Campus.

Sergio, en uno de los ejercicios de su Campus. / Cira Martín

¿Tan excitante como para llegar al desconsuelo de decirse a sí mismo que se había retirado muy pronto?

No, no. Lo de la retirada fue algo que tuve muy claro. Según pasaron los años fui diciendo que cuando dejara de divertirme o de pasármelo bien, terminaría. Y creo que en el momento en el que me retiré estaba vacío. Ya había vivido todas las experiencias que quise. De jugar en la NBA, en la Euroliga, la posibilidad de regresar al Real Madrid y ganar una Euroliga. Ya el último año, y aunque no ganamos la Euroliga, sí nos llevamos Supercopa, Copa y Liga. Fue como haberme vaciado, por lo que no tuve la sensación de que quisiera jugar más. La adrenalina siempre estuvo ahí, incluso tras retirarme, pero no sentía la necesidad de seguir jugando.

¿Lo que acaba de decir significa que cuando se retiró ya no se divertía, o pensaba que podía dejar de hacerlo si seguía como profesional?

Puede ser. Llegó un momento en el que había vivido tantas cosas y hasta conocía perfectamente lo que iba a pasar durante las temporadas, que necesitaba otro tipo de estímulos. Creo que en ese momento no me faltaba nada de lo que yo realmente pudiera necesitar. Y esos estímulos llegan en cómo afrontar tu retirada y todo lo complicado que es rehacer tu vida. En ese primer año estudié, viajé mucho e hice cosas diferentes. Luego, estar dentro de la estructura del Real Madrid ha sido algo fantástico. Ahora me toca mirar un poco al futuro y ver qué oportunidades puede haber. Seguro que será algo que me mantenga relacionado con el baloncesto.

Esta nueva vida también se la habrá agradecido la familia...

Sí. Tengo suerte de poseer una familia fantástica. Mi mujer me ha acompañado siempre y en los retos de ser mejor, probar sitios nuevos, vivir en ciudades diferentes, conocer culturas... Hemos vivido en Estados Unidos, en Rusia, en Italia. Seguimos de una forma natural por un camino que a mí me apasiona y a ella también le gusta. Lo hemos disfrutado y lo hemos vivido con mucha intensidad.

Nombrando lo de divertirse, el que parece que lo sigue haciendo es Marcelinho Huertas...

Divirtiéndose y jugando muy bien. Creo que él encontró el sitio adecuado y en el momento preciso para seguir siendo el mismo. Porque este nivel no es nuevo, sino que ya lo ofrecía cuando jugaba en sus anteriores equipos. Ahora se ha reinventado demostrando que es un jugador diferente y ofreciendo un nivel extraordinario. Ha encontrado un sitio en el que está muy cómodo.

Marcelinho Huertas defiende a Sergio Rodríguez en un Canarias-Real Madrid.

Marcelinho Huertas defiende a Sergio Rodríguez en un Canarias-Real Madrid. / E. Cobos (ACBPhoto)

Pero lo que él está haciendo no se encuentra al alcance de muchos...

Ni de muchos ni de pocos. Mantener esa motivación y esa ilusión de entrenar cada día para ser mejor... El hecho de transformar su físico para adaptarse mejor al momento en un baloncesto cada vez más físico, o tener que afrontar viajes desde Tenerife con lo que ello supone... Es una pasada verle jugar y comprobar cómo sigue divirtiéndose y disfrutando.

Y hablando antes de la familia, no parece un mal equipo el que está montando su cuñado [Pedro Llompart, director deportivo del Casademont Zaragoza]...

Sí, sí, sí. Él tuvo la experiencia de Nápoles, donde permaneció dos años y ganó la Copa, y ahora vive su segundo año en Zaragoza tras un final de temporada emocionante. Está haciendo un muy buen equipo y seguro que le va a ir muy bien.

¿Le ha pedido consejo para alguno de los fichajes?

Hemos hablado mucho estos años, y evidentemente, cuando estamos en familia, el tema principal es el baloncesto.

Sobre la NBA. Parece que se vuelve a españolizar...

Sí, hay una nueva generación fantástica, que ha crecido viendo a la anterior ganar y dominar, y eso al final se lleva dentro cuando lo has visto desde pequeñito. Falta colocar las piezas del talento, del trabajo, y encontrar un entorno adecuado. Ojalá se pueda replicar lo que se ha hecho en fútbol, porque las condiciones son similares.

Evidentemente salvando las distancias, ¿Sergio de Larrea se podría parecer a usted por aquello del debate de quedarse un año más o no en la ACB?

Sí, podría ser. Yo jugué Euroliga y luego Eurocup, pero la experiencia que él ha tenido este año ha sido mayor que la mía. Es diferente, pero también disfruta jugando. Y eso se le nota. Está muy cómodo, tiene desparpajo, y a la vez controla lo que está pasando. Además físicamente es grande, fuerte y bueno. Tengo ganas de verle en la NBA.

En Dallas coincidirá con Santi Aldama...

Santi está ya totalmente establecido en la NBA y gracias a una carrera con un recorrido diferente al habitual aquí, el de haberse formado en la universidad. Es un jugador respetado y con mucho talento.

¿Y qué opinión le merece Aday Mara?

Su futuro pinta muy bien. Es un jugador diferente, con mucho desparpajo y que viene de hacer un año muy bueno en universidad. Con su talento y si cae en un sitio en el que se sienta bien y le ayuden, hará cosas importantes. Y luego uno de los objetivos de todos ellos es llegar de la mejor manera posible a la selección y ayudar a formar un grupo, que por talento, debe ser ganador.

Sergio Rodríguez en su Campus Chacho

Sergio Rodríguez en su Campus Chacho / Cira Martín

¿Ve lógica la dimensión que está adquiriendo la NCAA?

El baloncesto universitario ofrece cosas únicas. Estar en un lugar como Estados Unidos, en un entorno espectacular, tanto deportivo como educativo; y ahora con unas posibilidades económicas con las que no se puede competir. Porque en Europa es difícil ofrecer una alternativa de calidad a esa situación en Estados Unidos, porque aquí hay mucha presión, todo está muy establecido y tienes que ganar. Y allí lo tienes todo.

¿Se imagina todo ese boom hace 25 años y que le hubiera pillado a usted en medio?

No sé qué habría hecho si se me hubiese presentado esa oportunidad que están teniendo todos de ir a la universidad. Estamos hablando de una parte deportiva mucho mejor, con equipos prácticamente NBA y con un poderío económico bestial con todo lo que ello conlleva. También la parte educativa, porque igual no alcanzas la NBA, pero regresas con una carrera, un idioma y una experiencia muy chula. Y además, la parte económica, que termina de decantar la balanza.

Sobre la selección, el fútbol y el baloncesto van empatados a dos Mundiales. ¿Cuándo se inclinará la balanza a favor del basket?

Ojalá que pronto. La generación es muy buena y con mucho talento. Necesita jugar juntos y vivir experiencias que le ayudarán a ganar. La base está para conseguirlo.

Aunque ya no sea ni jugador ni director deportivo, ¿seguirá yendo a ver los partidos del Real Madrid en el Palacio?

Por supuesto, por supuesto. El Madrid es el club de mi vida. Como jugador, espectador y ven las diferentes situaciones que me ha tocado vivir. Con ganas de que todo le vaya muy bien y de que siempre gane.

«La misma ilusión de siempre» por vivir el Campus Chacho

Fiel a la tradición, Sergio Rodríguez siempre vuelve a casa en esta fechas veraniegas. Regreso a los orígenes y a la vez para vivir de primera mano la cita que lleva su nombre: el Campus Chacho. Un evento que ya se vende solo -después de más de diez ediciones- y por el que el de El Ortigal sigue manteniendo "la misma ilusión de siempre". Aquella que le genera "tener contacto con gente de la tierra". Cinco días en los que se "vive el baloncesto" en estado puro en el Colegio La Salle de Santa Cruz, "el sitio perfecto", tanto por "unas instalaciones que cubren todo lo necesario" como por la parte "emocional", ya que el del centro escolar chicharrero fue "el primer equipo" en el que jugó Sergio.

Son esos añadidos los condicionantes especiales que han descartado al Chacho buscar otra sede -más allá de la que también hace con su cuñado Pedro Llompart en Alicante-, por mucho que lo hayan tentado de ello. Se congratula Rodríguez de "contar este año con mucho jugador de minibasket" dentro de un total de 150 jóvenes, entre ellas dos de las hijas del propio exjugador tinerfeño.

Esa cercanía e implicación llevan a Sergio a cuidar un producto que siente suyo, pese al riesgo de que con el paso de los años sus participantes no cuenten con la perspectiva adecuada para saber quién fue el Chacho. "Sí, puede ser así según vaya pasando el tiempo", admite el jugador tinerfeño, que prefiere tirar de "naturalidad" y una experiencia "cercana", incluso, sin recurrir a invitados de glamour. Su fórmula, tratar de que "esta semana sea bonita" para los campistas. Esa misma forma de entender el baloncesto que siempre expresó en la cancha.

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