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Opinión | Mundial 2026

La pelota como patria

España ha llegado a la final siendo fiel a sí misma: con el balón en los pies y los compañeros cerca. Una cultura futbolera que ha seducido a un país más de clubes que de selección.

Pedri, posa con una varita mágica en la concentración de la selección en Chattanooga.

Pedri, posa con una varita mágica en la concentración de la selección en Chattanooga. / Lavandeira jr / EFE

Si quiere conocer a alguien juegue con esa persona al fútbol. O al menos siéntese a ver un partido con ella y descubrirá su mejor y su peor cara. Se acusa frecuentemente al fútbol de liberar los más bajos instintos, pero no se le reconoce su valor sociológico, ese que retrata y refuerza la idiosincrasia de un pueblo y de su gente cuando echa a rodar la pelota. Uno es del Madrid porque gana, del Barça por cómo gana y del Betis ‘manque’ pierda.

Ganar, pero no de cualquier manera

España es compleja. Mediterránea y atlántica a la vez, continental en invierno y litoral en verano, con retranca en el norte y guasa en el sur, envidiosa con el viento a favor y solidaria si sopla en contra. Un puzzle irresoluble que aparca su cainismo cuando arranca el partido porque la pelota tiene el extraño poder de unir, a favor o en contra, más incluso esto último. Ya sea a un patio de vecinos malavenidos, a pueblos enfrentados, a una ciudad hostil o a un país polarizado.

Lamine Yamal marca un gol a Francia que no subió al marcador por un fuera de juego previo.

Lamine Yamal marca un gol a Francia que no subió al marcador por un fuera de juego previo. / SHAWN THEW / EFE

Sin embargo, el fútbol en España une de una forma singular porque al españolito, que no sabe perder, tampoco le vale ganar de cualquier forma. Exige ganar jugando bien. Es algo que está grabado en su ADN. Disfrutar del camino, el carpediem. Decía Marcelo Bielsa que “jamás imaginaría un partido sin jugar en el campo rival”. Y el español sueña el fútbol jugando en campo rival y con el balón en los pies. Aquí se festeja más un caño que un gol. Una buena pared, una jugada de primeras, un corte con anticipación, la elegancia de un defensa que sale con la cabeza alta, ese 9 que viene a pedirla al medio para dar una salida a su mediocentro, un pase tenso de un central que supera dos líneas rivales… Pequeños placeres ajenos al marcador que tienen que ver más con el erotismo del fútbol que con la pornografía del gol. Algo que se explica por el arraigo de una sensibilidad que conecta con otras tradiciones culturales en las que el proceso y la forma de vivir la experiencia tienen valor propio.

Esto genera un sentimiento de identidad futbolística que arraiga en el patio del colegio, la plaza del pueblo o la explanada del barrio. “Da igual si juega Baena o Nico, los españoles saben lo que pide cada jugada desde que tenían 9 años. No es un estilo de juego es una cultura futbolística”, advertía Thierry Henry tras ver cómo España bailaba a Francia en la semifinal.

Cuidar la pelota... y al compañero

Tanto da si uno ha nacido en la áspera Extremadura, como Pedro Porro, o junto a una fábrica de armas en Éibar, como Oyarzabal. No importa si comenzó a acariciar la pelota en la playa de Bajamar en Tegueste, como Pedri, o en Los Palacios, donde el sol cae a plomo y cada tarde hay que baldear el suelo de la plazoleta para poder jugar al fútbol, como hacía Fabián. Del madrileño Rodri al catalán Cubarsí, del gallego Borja al vasco Unai, del diestro Nico al zurdo Lamine, todos aprendieron a jugar cuidando la pelota. A protegerla y ganarse su complicidad... y la del compañero. Lo recuerda una frase de Di Stéfano que sigue vigente en el túnel de vestuarios del Santiago Bernabéu: “Ningún jugador es tan bueno como todos juntos”.

España ha llegado a la final del Mundial siendo fiel a sí misma. Haciendo lo que sabe, en lo que se reconoce y lo que le gusta. Divertirse con la pelota en los pies. Ganar disfrutando, desafiar a jugadores más rápidos y más grandes, pero no mejores. Y eso se adivina en la sonrisa de Cucurella, los ánimos de Unai a sus centrales, los aplausos de De la Fuente a sus chicos, las carreras de los suplentes para celebrar los goles de Merino… España quiere ganar el Mundial siendo fiel a sí misma porque desde que eligió la pelota como patria le va mejor.

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Fuente: El Periódico

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