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LA CONTRACRÓNICA

El alirón soñado que empezó en silencio

El Barça certifica el título ante un Madrid que compareció vencido y peleado

Marcus Rashford ejecuta la falta que supuso el 1-0 en el clásico del Camp Nou.

Marcus Rashford ejecuta la falta que supuso el 1-0 en el clásico del Camp Nou. / Jordi Cotrina

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Joan Domènech

Joan Domènech

Barcelona

La noche soñada. El pack completo. Victoria y alirón a costa del Madrid. Un paseo disfrutado con "olé, olé" desde la primera mitad, con largas posesiones que no perseguían humillar al rival (¿o sí?) sino conservar el 2-0 gestado en 18 minutos.

Lo nunca visto pudieron presenciar los 62.213 asistentes al Camp Nou y millones de espectadores a una de las citas futbolísticas insoslayables de cada año, particularmente extraordinaria en esta ocasión por la coronación del Barça ante las narices de su gran rival. La 29ª fue la primera.

Los culés disfrutaron con la dimensión de esta nueva ejecución a los blancos, tan común: una Copa, dos Supercopas y esta Liga en sus mismísimos morros. Sin sufrimiento alguno ante un Madrid que se presentó dividido, autodestruido, persiguiendo sombras y un balón que nunca fue suyo porque nunca lo quiso. El árbitro, misericordioso de nuevo, sólo alargó su agonía 11 segundos en el minuto 90.

Hansi Flick y el resto del banquillo de pie durante el minuto de silencio en memoria de su padre, fallecido esta madrugada.

Hansi Flick y el resto del banquillo de pie durante el minuto de silencio en memoria de su padre, fallecido esta madrugada. / Jordi Cotrina / EPC

El gafe que de vez en cuando sacude al Barça apareció para enturbiar la festiva jornada que se aprestaba a disfrutar el culé. Por la mañana fallecía el padre de Hansi Flick, y una noticia luctuosa nunca cae bien, especialmente si afecta a uno de los protagonistas. La memoria de Hans padre flotó por los cánticos al hijo y las dedicatorias que recibió en los goles, el mejor homenaje que se podía tributar. Jude Bellingham tuvo el gesto de acercarse al técnico a darle un abrazo de consuelo.

Lamine Yamal, antes del clásico.

Lamine Yamal, antes del clásico. / Jordi Cotrina / EPC

Mucho más le gustó a Flick el que le dio de Marcus Rashford nueve minutos después tras abrir el marcador al transformar una falta directa. La larga cháchara acerca de esa faceta, huérfano de ejecutor desde la marcha de Leo Messi la acalla Rashford, que aprovechó una ante el Copenhague y acertaba la que despejaba el camino hacia el alirón en el clásico.

Hansi Flick aplaude a la grada tras el minuto de silencio en memoria de su padre Hans, fallecido la pasada madrugada.

Hansi Flick aplaude a la grada tras el minuto de silencio en memoria de su padre Hans, fallecido la pasada madrugada. / Jordi Cotrina / EPC

Flick, que fue su máximo valedor con la (bendita) renuncia de Nico Williams, será quien decida si vale la pena pagar los 30 millones de la cláusula de compra al Manchester United. Una encuesta de urgencia en el Camp Nou habría sido concluyente. El golazo, casi a pie parado, clavando el balón en la escuadra que defendía Thibaut Courtois, los valía. Sin el tridente campeón del año pasado, Rashford y Ferran habían marcado en 20 minutos y Fermín, se derrengaba por unirse.

En el repetídísimo clásico que regresaba al Camp Nou más de mil días después del último (el 2-1 de la Liga y el 0-4 de la Copa de la campaña 22-23), se produjo la ilustre visita de Salvador Illa. El primer President de la Generalitat perico confeso. Fue pitado, tal vez por su conocida filiación, y rápidamente empezaron a sonar los acordes de El Segadors.

Ferran Torres celebra su gol, el 2-0 del Barça-Madrid.

Ferran Torres celebra su gol, el 2-0 del Barça-Madrid. / Jordi Cotrina / EPC

La otra novedad de este clásico histórico por la coronación del Barça a costa del Madrid, fue el cántico que se estrenó por los acontecimientos de la semana. "Que se peguen, que se peguen", cantaron las pocas voces de las gradas cuando el Madrid salió a calentar. Arbeloa mantiene separados a los peleados: Valverde se quedó en Madrid, convalenciente, mientras en el césped estaba Tchouaméni, su agresor; Rüdiger jugó, y Carreras se sentó en el banco de suplentes.

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