NEWCASTLE - BARCELONA (1-1)
Un penalti de Lamine Yamal en el último segundo blanquea un mal partido del Barça en Newcastle
El equipo de Flick naufragó en Saint James Park y flirteó con la derrota en la ida de octavos de la Champions
Kevin Keegan, leyenda con estatua aquí en Newcastle y célebre por su gusto por las frases disparatadas, dijo un día: “Sé lo que hay a la vuelta de la esquina, lo que ocurre es que no sé dónde está la esquina”. Algo parecido le ocurrió a Hansi Flick. Sabía que para derrotar al equipo inglés había que presionar bien arriba, luego dominar el balón y no dejarse intimidar por el ambiente de Saint James Park. Bien, ni la presión ni el control lo encontró nunca su equipo y no se llevó una derrota, tras un gol de Harvey Barnes a los 86 minutos, porque un penalti en el último segundo a Dani Olmo transformado por Lamine Yamal blanqueó una actuación deficiente. Hará falta algo en el Camp Nou en la vuelta (1-1).
Decían los análisis ingleses previos que el Newcastle era un equipo extenuado por el calendario y diezmado por la propiedad saudí, menos propensa al derroche de lo esperado. No se notó. En su gran noche europea -“el partido más importante de la historia del club”, había dicho el técnico Eddie Howe-, excitó a su parroquia, que incluso desplegó una pancarta rebosante de optimismo. “Budapest me espera”, se leía en grande. Budapest, sede de la final de la Champions. Los discursos motivacionales funcionaron. Y la evocación al espíritu de Asprilla, verdugo del Barça de 1997 con tres goles y presente en la grada, de alguna manera también. Le sobró un segundo, un penalti torpe sobre Olmo, para llevarse la victoria.
El Barça se sintió ahogado gran parte del encuentro, como si no supiera nadar por Europa, escenario de tantas decepciones inesperadas. Llegó un punto que transitó por el encuentro pensando en sobrevivir, pensando en que ya habrá una vuelta en el Camp Nou, demasiado fresco el recuerdo del hoyo que se cavó en el Metropolitano en la Copa, la primera cita a doble partido de la temporada.
La baja de Eric Garcia
Después de tres días alojado en un retiro de cuento de hadas, era de esperar que el Barça apareciera fresco y tonificado. Apareció en realidad entumecido, bloqueado y con una baja de última hora, la de Eric Garcia. Le sobrevinieron unas molestias musculares y se quedó en el banquillo. A la línea defensiva le ha mirado un tuerto y a la posición del lateral derecho en particular. Le reemplazó Ronald Araujo, desentrenado para el fuego de las batallas de altura. Y esta de Newcastle, sobre todo ambientalmente, se presentó de alto voltaje.
Saint James Park es en sí al completo una grada de animación. La del Barça, una balada a su lado. Vociferan y gritan hasta los focos de la luz. Cada córner a favor del Newcastle era como un gol de filigrana. Lo más meloso fue el ‘Local hero’, el himno oficioso de Mark Knopfler que suena al principio del partido. A partir de ahí, tralla con pirotecnia.
Lógico que con este entorno tan exclamativo Flick temiera el arranque. Entre el ruido y la tendencia azulgrana a la siesta, el Barça se vio enseguida despeinado por una tramuntana. Flick, en la banda, tenía cara de quien acaba de recibir una multa de Hacienda. Le duró todo el encuentro. Siempre estuvo el cuadro azulgrana más cerca del desbarajuste que del equilibrio.
Toda la presión que reclamó en la previa, todo el esfuerzo solidario que esperaba, se vio intermitentemente. Y el centro del campo naufragó en su intento de amansar las fieras inglesas. De hecho, el balón se le antojó como un gato revoltoso e ingobernable. El primer tiro a puerta no se contabilizó hasta el minuto 35, una buena recuperación de Cancelo, un buen pase de Raphinha y un remate de Fermin fofo que Ramsdale paró bostezando. Un minuto después Osula, el delantero danés que excita ahora a los locales, no llegó a un pase cruzado por un palmo.
Sin capacidad de enlazar tres pases seguidos, al Barça le faltaron demasiadas cosas. Olmo y Rashford entraron a falta de 20 minutos por un Pedri cansado y un Lewandowski que un poco antes tuvo en la punta de la bota la ocasión para ganarse la renovación que le quiere dar el expresidente Laporta. El remate fue ortopédico y la sustitución, merecida.
Y el Barça siguió conviviendo con el miedo en el cuerpo y las luces de la inspiración apagadas. Le anularon un gol por fuera de juego a Ramsey, agitando las pulsaciones azulgranas. Se desbocaron con el tanto de Barnes a cuatro minutos de la conclusión. El Newcastle, a la postre, apretó al principio y también en el desenlace, desmintiendo su fatiga atribuida. Suerte del penalti cuando no se veía nada, ni la esquina de Keegan. Lamine Yamal no falló. El Camp Nou con ya más de 62.000 espectadores decidirá.
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